Miguel Rocha, de Premio a Jurado

Por Lianet Hernández

El ensayista, educador intelectual, fotógrafo y autor de literatura de viajes colombiano, Miguel Rocha (Bogota, 1976) es uno de los encargados de premiar este año en la categoría de Estudio sobre las Culturas Originarias de América. Pero su relación con la Casa y el Premio ya se habían venido consolidando como parte de su trabajo investigativo y con el Premio que recibiera en 2016 por su libro Mingas de la Palabra. Textualidades oralitegráficas y visiones de cabeza en las oralituras y literaturas indígenas contemporáneas. Antes, en 2012 ya había recibido un reconocimiento por su trabajo de colaboración con los pueblos indígenas, por parte del Parlamento Indígena de América con sede en el Congreso de Perú. En su país, también le fue entregado el Premio Nacional de Investigación en Literatura.

 Usted será jurado este año en la misma categoría en la cual fue premiado en 2016. ¿Será esta condición una suerte de responsabilidad extra? ¿Cómo piensa asumir la responsabilidad de escoger el premio en esta categoría?

Eduardo Galeano expresó con certeza hace unos años que Casa de las Américas es Nuestra Casa. Cuando recibes el premio entras en ella y a través de sus puertas te conectas con Cuba, y simultáneamente con los lectores de Nuestra América. Ser jurado en el mismo premio que recibí es volver a Casa con una doble responsabilidad, pero también con duplicada gratitud y con multiplicado espíritu de colaborar en estos trabajos colectivos, o mingas de la palabra. En tal sentido lo que se multiplica y renueva son los lazos, los sentimientos de fraternidad y el deseo de aportar en la construcción de caminos y horizontes en común para nuestros pueblos; esa es la principal responsabilidad: seas escritor o lector, hablante u oyente, letrado u oral.

Los estudios indígenas ya no son ni serán un ismo o una especialidad. Hoy en día existen numerosos escritores y escritoras en lenguas indígenas (incluyendo el castellano y el portugués) que se expresan con autonomía a la vez que en conexión con sus nacionalidades y en un diálogo abierto con el mundo. Los indigenismos fueron necesarios en el siglo pasado en tanto luchas estéticas y sociales; con todo, hoy en día es importante vernos como una sola humanidad. Eso significa promover tanto nuestras semejanzas como nuestras diferencias pues no se trata de homogenizarnos como quisieran las ideologías de mercado y los nacionalismos. En tal orden de ideas se puede hablar de literaturas indígenas sólo en la medida en que sus nociones y prácticas se expandan y se comprendan desde diferentes sentidos. En Mingas de la palabra, el libro premiado en la pasada versión de esta categoría, la propuesta textual estuvo centrada en las perspectivas indígenas (visiones de cabeza) así como en las confluencias entre los lenguajes orales, literarios y gráficos (oralitegrafías). Si la literatura y el pensamiento crítico fueran algo dado, o que pudiéramos prever, perderíamos gran parte de su capacidad de transformar, conmover y asombrar. Es entonces cuando se imponen las fórmulas de venta y los lugares comunes, útiles al mercado, pero vacíos para el espíritu.

Asumo el reto de la lectura crítica así como el de la creación intercultural en tanto medios en donde la sensibilidad y el pensamiento convergen para abrir caminos, tender puentes, proponer relecturas e interpelarnos ante cualquier prejuicio o mirada estereotipada que podamos tener como individuos o sociedades. Todo esto viene ocurriendo en el polifacético campo de las escrituras indígenas actuales; y también es importante que ocurra en el campo de la crítica que es a su manera otra forma de generar pensamiento creativo. El premio permitirá reconocer los mejores y mejor argumentados retos en ese, y por supuesto, en otros sentidos.

¿Cómo valora el estado actual de las literaturas indígenas en América Latina, después de los muchos conflictos que se han sucedido en los últimos años?

Actualmente las oralituras y literaturas indígenas de América o del Abiayala (Tierra madura y sangrante), como prefieren denominar al continente muchos pueblos e intelectuales, atraviesan una suerte de transición tras la emergencia y posicionamiento de las primeras generaciones de autores que se autoreconocieron como escritores indígenas particularmente desde los ochentas y noventas; y en tal sentido cabe destacar, entre muchos otros, a Humberto Ak´abal (maya k´iche´), Elicura Chihuailaf (mapuche), Fredy Chikangana (yanakuna), Daniel Munduruku (munduruku), Vicenta Siosi (wayuu) y Briceida Cuevas (maya yucateco). Esas generaciones de pioneros tuvieron (y aún tienen) que confrontarse con la indiferencia, la exotización o la idealización. Además, muchos críticos creyeron que no eran viables literaturas en esas lenguas supuestamente minoritarias que llamaban dialectos. Y quienes escribían en portugués, inglés y castellano (la gran mayoría) eran tildados de aculturados, modernos o simplemente indios a medias. Incumplían en tal sentido el estereotipo del indio oral, ágrafo y salvaje. Todos esos prejuicios apenas están comenzando a desaparecer, como lo demuestra el reciente libro poético de la escritora zoque Mikeas Sánchez: Como ser un buen salvaje.

Es evidente que el impulso e impacto de estas literaturas alternativas, según Martin Liendhard, o heterogéneas, según Cornejo Polar, ha logrado girar la conversación, y en el público la atención, hacia la importancia de la oralidad y las artes verbales, independientemente de su origen campesino, urbano, afro, indígena, urbano, etc. Yo mismo como escritor, en parte por su influjo, publiqué recientemente en México un libro en donde regreso al diálogo poético-filosófico: Arca e Ira, con/versaciones en tiempos de deshumanización. Ahora bien, otro giro que se ha comenzado a dar es el de los estudios y resurgimientos de las escrituras visuales comunitarias (tejidos, pinturas corporales, pictografías, ideografías). Este es un movimiento importante pues responde con textualidades a siglos de subalternización mediante los prejuicios letrados que estudiaron Ángel Rama y Carlos Pacheco. Un giro igualmente importante es el que implica considerar las propuestas literarias y producciones teóricas ligadas con las demandas y asuntos propios de las comunidades (desplazamiento, vida en la ciudad, lenguas en contacto, soberanías territoriales. etc). En el campo crítico ha sido importante el diálogo constante entre indígenas y no indígenas, pues se trata de un campo abierto, poli-linguiístico y muy heterogéneo. Con todo, hay numerosos retos que aún deben ser resueltos en presente y a futuro. Como la formación de escritores, lectores y críticos en lenguas nativas. El estudio conjunto de las relaciones de poder y los impactos de la auto-crítica en las comunidades mediante el arte y la literatura. También una mayor apertura e innovación en los temas tratados; los recursos estilísticos como los llama el crítico maya Cocom Pech; las relaciones entre escritura y colonialidad; la experimentación oral visual; la posibilidad de conectar con mayor profundidad con ciertos géneros verbales, narrativos y poéticos, característicos de numerosas lenguas y comunidades de hablantes en el continente.

¿Cuáles podrían ser los géneros y temas fundamentales?

En un nivel se encuentra el ejercicio de crear (por parte de los autores) y de categorizar (por parte de algunos críticos) lo que llaman literaturas en los géneros más célebres: poesía, novela, ensayo y cuento. En otro nivel se encuentran los esfuerzos por escribir y/o narrar oralmente desde géneros verbales tradicionales como el haylli o himno quechua (Arguedas, Chikangana), el canto y la palabra de consejo amazónica (Candre, Muruy Andoke), el ül o canto mapuche (Lienlaf y Paredes Pinda), etc. Los temas son muy variados e inabarcables pero se pueden percibir tendencias como el diálogo intergeneracional (abuelos/nietos, padres/hijos), memorias de la colonización, migración urbana, relaciones espiritualizadas con la naturaleza, prácticas comunitarias, choque de sistemas jurídicos, uso de plantas medicinales, y claro: el regreso a casa. Entre muchos otros temas.

¿Qué espera encontrar en las obras concursantes este año en el Premio Casa de las Américas, qué buscará en ellas para decidir un premiado?

 Prefiero mantener una actitud de mente y sensibilidad abierta ante las obras que se presenten. Una de las características de ser jurado en Casa es la del trabajo colectivo, o minga, en vez de la lectura solitaria y la rápida deliberación de otros concursos. La experiencia compartida y conversada será clave en el ejercicio de discernimiento que implica ser jurado.

En tiempos en donde la teoría es un mercado y las diferentes dimensiones de la realidad, incluyendo las de los pueblos indígenas, se han hiper-discursivizado, es importante que las investigaciones posean una relación práctica y dialogante con sus espacios vitales de indagación. También es importante la conciencia ética en las obras e investigaciones realizadas en contextos comunitarios. En el campo de los estudios indígenas e interculturales es necesario resaltar las conexiones reales y posibles entre la teoría y la imaginación con las comunidades, narrativas, escrituras locales, autores y territorios con los cuales se dialoga. Esos diálogos además de ser respetuosos, y críticos, implican una creatividad que sólo posibilita el verdadero intercambio entre manos, cabezas y corazones. Los ríos profundos de nuestra América, de nuestra Abiayala, tierra que sangra, tierra en plena madurez.

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