Un escritor de búsqueda formal

por Lianet Hernández

Un correo electrónico de Jorge Fornet, Director del Premio Casa de las Américas, anunciaba a Mauricio Orellana Suárez la invitación de la Casa a participar como jurado en la edición 61 de su certamen literario. Las referencias previas del concurso eran muchas, cuenta el narrador y editor salvadoreño, “la Casa de Las Américas ha sido y es una piedra angular del pensamiento libre, de los pensadores, de la literatura y de los literatos latinoamericanos, y su premio es icónico, muy reconocido y respetado”. En entrevista online con La Ventana, antes de que llegara a La Habana para la inauguración del evento, Orellana también nos hablaba de sus compatriotas que lo han ganado: Roque Dalton, Manlio Argueta, Jorgelina Cerritos, todos autores muy queridos y admirados en su país, mucho más por intelectuales como él, dedicados a la producción independiente y que han llegado a hacerse conocidos a fuerza de empuje y muy a pesar de las lógicas mercantiles. Los sin pisto es la editorial independiente que dirige Orellana, la cual se especializa en narrativa salvadoreña y centroamericana, fundamentalmente. Su obra Heterocity (2011) obtuvo el Premio Centroamericano de Novela Mario Manteforte Toledo, además ha sido premiado en otros géneros como el ensayo y el cuento.

La Casa le ha convocado como jurado en la categoría de Cuento, un apartado que siempre suele recibir muchas obras en este concurso. Actualmente, ¿cómo mide el pulso de este género en el continente? ¿Qué principales aspectos lo están caracterizando o mediando en sus cultores y obras más representativas?

Creo que lo que se alcanza a ver en este género tan proteico, son diversas búsquedas y tratamientos propios, tanto en lo formal como en lo temático. Digo: “lo que se alcanza a ver”, y eso la verdad es que en nuestros países no es mucho. Porque no siempre lo que más se destaca es lo que hay, por eso me resisto a aceptar, por ejemplo, lo que el mercado pueda intentar hacernos pasar como lo más representativo. En esta cuestión, cuando usted habla de “medir el pulso”, quizá está involuntariamente tocando un punto que es medular para comprender una realidad, y es, precisamente, que en nuestros países no estamos ordinariamente en la posición de poder tomar ese pulso, por el aislamiento en el que nos encontramos y en el que se nos pone, o por la falta de una crítica especializada local, por ejemplo. No se debe olvidar que homogenizar, uniformizar y categorizar es la tónica dominante a la que estamos expuestos, y que de ahí solemos tomar nuestros referentes si somos muy descuidados. En verdad esto lo que logra es más bien invisibilizar o abiertamente ignorar la riqueza que sucede en las periferias y márgenes incluso de nuestros propios territorios o el de nuestros vecinos, que es donde de verdad se halla el pulso de lo que realmente se crea sin adecuaciones o concesiones. En lo personal no me suelo interesar ni inquietar tanto por lo que suena de momento, tendencias, caracterizaciones, lo que este monstruo mercantil nos ofrece como “lo que no debemos perdernos” o “lo que debemos consumir o llegar a ser”, cuando sé de lo íntimo, único y personal que es el proceso de la creación literaria honesta, que solo obedece a tiempos y características muy íntimas; y sí, en la medida de mis posibilidades, mis gustos y mis limitaciones, en contribuir a construir y andar rutas alternas, esas que permiten tener acceso a esa periferia olvidada, y, entonces sí, tomar el pulso. Vengo de una región de periferia editorial casi olvidada por el gran mercado mundial del libro (excepto como consumidores), y por lo mismo no siento ninguna voracidad por consumir lo artificialmente mediado a través de estas rutas y lógicas hegemónicas. Precisamente por eso me resulta tan fascinante y refrescante poder tener un acceso privilegiado a descubrir qué está surgiendo en el mapa literario latinoamericano usualmente no visible. Y me refiero, por supuesto, a este premio. De la lectura atenta de las propuestas de este premio sí podré decir que he podido tomar el pulso de lo que sucede actualmente en el género. Antes, no es cierto que he podido.

En su producción literaria usted ha combinado varios géneros como el cuento, el ensayo o la novela, ¿en cuál de estos se siente más cómodo, o con mayor confianza? ¿Cuáles son los temas fundamentales que maneja en sus obras y qué principales cualidades cree que lo definen como escritor?

Efectivamente, y aunque me he movido en esos territorios, siempre me he sentido más cómodo y con mayor confianza en la novela, creo que es mi género natural para expresarme literariamente, porque está más de acuerdo con mi carácter y con mis capacidades e incapacidades. El cuento lo respeto mucho, es un género que obliga a la casi impecabilidad en su ejecución. Una frase, una palabra, puede echarlo todo a perder. Para lectura es otra la situación, ambas opciones me seducen por igual. En cuanto a temas, pues he transitado en muchos: desde la muerte hasta la culpa; me ha interesado tratar por ejemplo el espacio de relación oscura que la realidad que llamamos objetiva que nos hemos construido y que permanentemente estamos alimentando, mantiene con lo ficticio y artificial, es un amorío interesante, y odioso a la vez; también he tratado la violencia urbana, pero no esa violencia que se restriega en la cara si no una mucho más sutil, que no se deja percibir tan fácilmente; los grupos marginados, sus derechos, la búsqueda de identidad sexual, la transgresión de lo íntimo y privado, la sociedad del espectáculo… Pero si algo considero que me define como escritor, es la constante búsqueda formal, más que los temas, es esa necesidad por encontrar nuevas maneras de decir y de plantearme estructuras que me reten a algo más. No soy de los que se quedan rehaciendo un mismo libro en cada intento de escribir, me llevo al límite, y me dejo, aunque falle, ponerme en posiciones incómodas; en ese sentido creo que soy un permanente principiante de algo más por descubrir.

Su experiencia en el medio literario también se afianza en el campo de las editoriales independientes con Los Sin Pisto, ¿Cómo ha sido el trabajo de la editorial, en qué se han basado sus logros fundamentales y cuáles son sus autores principales?

El trabajo editorial surgió como una urgencia y una necesidad por resolver una problemática local de falta de espacios para publicar obra no comercial, de fondo y forma muy cuidados. Decimos nosotros: “si busca chuches necesarios, no es acá”. La editorial, en sí, es un manifiesto de inconformidad por cómo funcionan y están las cosas editorialmente hablando en la región centroamericana, esa región olvidada hasta por nosotros mismos. El nombre de la editorial lo dice todo, se llama “Los Sin Pisto”, siendo el “pisto”, para nosotros, el dinero. Personalmente fundé e inicié la editorial sin dinero, con lo que tenía en casa que era papel, una impresora normalita y una compu viejecita. Y es nuestro principio funcionar no para y por el dinero o intereses comerciales, sino para la construcción de vínculos y de esos tejidos y espacios sociales para interrelacionarnos que no tenemos, para conocernos y leernos y para dar a conocer la obra que creemos que deba ser conocida por su calidad literaria y no necesariamente por sus atractivos comerciales. Aparte de las obras propias, nuestro catálogo, exclusivo para narrativa local y regional, lo componen tanto autores conocidos como emergentes. Entre ellos podemos nombrar a Jacinta Escudos de El Salvador, Rodrigo Fuentes y César Yumán de Guatemala (este último coeditado con otra editorial independiente, la editorial X de Guatemala), Felipe García, Carlos González Portillo, así como una selección de cuentos de diez voces nuevas destacadas de la narrativa salvadoreña.

De acuerdo con la experiencia en Los Sin Pisto y en su propia producción literaria, cómo valoraría el estado actual de la narrativa salvadoreña y en general la situación de la literatura en su país.

Me atrevo a decir que la literatura no solo salvadoreña sino centroamericana es una literatura sana por diversa, propositiva (estilística, temática y formalmente), creativa, inteligente y desafiante si de ella dejamos de esperar las etiquetas convencionales preconcebidas, la banalidad de lo comercial, y si se lee desde la riqueza de la diversidad de aristas y voces que la conforman. Me refiero a que la periferia tiene mucho que contar en nuestras tierras, desde sus necesidades más profundas y arraigadas. Lo que hay que destacar de la situación de la literatura de mi país, es lo sola que la han dejado los Estados, los presupuestos culturales, las instituciones, los grupos editoriales, los sistemas educativos utilitarios, los medios masivos de comunicación y la ingratitud de muchos políticos y dirigentes.

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