Un canto para sanar y armonizar

Ariruma Kowii
Ariruma Kowii

Por Esther Barroso Sosa

Ariruma Kowii tiene un libro que se titula Tsaitsik: Poemas para  construir el futuro.  Lo escribió en kichwa, como mucho de lo que ha publicado antes y después de ese título, desde que siendo casi niño empezó a plasmar sus ideas y sentimientos en su lengua materna. Sus investigaciones acerca de la literatura y la cultura de su pueblo y también su accionar en esa misma dirección le han ganado un prestigio.  Pero, a las claras, a él lo que más le interesa es que lenguas, culturas y literaturas indígenas no sólo sobrevivan, sino que construyan ese futuro.

Entre las obras que usted ha publicado, ha compilado un libro sobre la identidad lingüística de los pueblos indígenas andinos. ¿En qué radica esa identidad?

“Esa identidad lingüística radica en la necesidad de impulsar procesos de sanación histórica, cultural y filosófica en el sentido de que con la colonización española tuvimos procesos de colonización mental y eso provocó una baja autoestima de nuestras poblaciones, implicó la pérdida del orgullo lingüístico que fue par ellos una manera de asegurarse el control de nuestras poblaciones. El pensar en que es importante una identidad lingüística significa trabajar por recuperar ese orgullo porque solamente esa seguridad de lo que nosotros somos y de la importancia de esas lenguas es lo que nos puede permitir garantizar la defensa de nuestros territorios, los recursos naturales y la continuidad de nuestra cultura.

“En la experiencia de Ecuador en las ultimas 3 décadas hemos logrado que los gobiernos incluyan en la Constitución algunas normas. En los años 80 surgen derechos que se emiten desde el convenio 169 de la OIT, luego los derechos humanos  de los pueblos indígenas de la ONU, pero son normas que quedan escritas y los gobiernos no han tenido una voluntad política para hacerlas cumplir. En ese sentido es más importante el nivel de conciencia que deben tener nuestras poblaciones para poder reivindicar la vigencia de nuestras lenguas en nuestra cotidianidad y también poco a poco en las instituciones públicas y en la sociedad.”

Usted escribe y enseña el kichwa.  ¿Cuál es el propósito y cuál la satisfacción o desafío que siente al escribir en esa lengua?

“El escribir es una satisfacción tanto en lengua materna como en la segunda lengua que en mi caso es el castellano. Enseñarla es una necesidad y parte de los compromisos que han nacido en uno en la medida en que he tomado conciencia de la situación de opresión de nuestras poblaciones, al haber revisado nuestra historia y comprendido la realidad en la que viven nuestros pueblos.  Constituye un compromiso de buscar distintos caminos para lograr esta toma de conciencia. El sistema colonial y el republicano hicieron un trabajo estratégico muy elaborado para constituir una ideología que logró anclarse en la conciencia de la población mestiza, en la no indígena y también en nuestras poblaciones. Ese trabajo consistió en fomentar el autorracismo, no solo el racismo como tal, en el sentido de haber sembrado en la conciencia de nuestras poblaciones sentimientos de inferioridad, de auto desprecio, de la negación de sí mismos que es una de las cosas complejas que vivimos en este continente. Y por lo tanto es necesario pensar cómo extirpar esa ideología que está muy arraigada.

“Por eso cuando hemos proyectado en la Universidad Andina Simón Bolívar, en la cual estoy laborando, los cursos de la enseñanza del kichwa lo hemos hecho tanto para poblaciones indígenas como no indígenas. Realizamos los cursos en el marco de una Maestría en estudios de la cultura y también en un curso abierto para todo el público en la capital. Es una oportunidad para trabajar con los estudiantes y hacer estas reflexiones sobre cómo han infectado a nuestras conciencias y como deberíamos curar esta enfermedad del autorracismo.”

Son muchas las lenguas indígenas en América Latina y el Caribe. ¿Por qué es necesario mantenerlas vivas a contrapelo de ideas racistas o pragmáticas que abogan por su desaparición?

“Hay un elemento fundamental en el sentido de que esa filosofía que está encapsulada en esas lenguas nos enseña a vivir en armonía con la madre tierra, que nos enseña a trabajar nuestro yo interno en el sentido de que es fundamental lograr construir niveles de armonía y equilibrio para desarrollar distintas actividades y para todo ello hay unas prácticas que tenemos en todas las comunidades. Por ejemplo, en el pueblo witotoen Colombia tienen un ritual que se llama El endulzamiento de la palabra, es un ritual que a las personas que viven momentos de estrés o desarmonía les permite ir recuperando su paz. Tenemos también el ritual del Temascal que normalmente es una casa en círculo, tiene un ingreso y una salida.  Cuando la persona se somete a este ritual se supone que en ese momento está descompuesta, desequilibrada y entra a este campo que viene a ser como el vientre de la madre tierra en donde está el chamán que hace su ceremonia, cantos y plegarias.  Con la vaporización que se genera en ese espacio, se hace un ejercicio de reencontrarse a sí mismo. Cuando termina el ritual, sale por la puerta posterior y se supone que sale más humanizado.

“Nosotros  en los Andes tenemos prácticas de meditación que son distintas a las del mundo oriental. La nuestra es una meditación en movimiento. El proceso de armonización se genera en una mecánica de transitar hacia los lugares sagrados. Nosotros tenemos las wak’as, que son los sitios energéticos que sirven para la sanación. 

“Las lenguas indígenas encierran un universo de una forma de pensamiento en donde aprendemos a vivir en armonía, que implica aprender a vivir bien. Y como todo esto se desarrolla en un marco de un sistema comunitario, entonces es distinto a lo que es el sistema capitalista que fomenta la competencia y la rivalidad permanente.  Ese sistema se ha especializado en enfermar a las personas, porque el hecho de estar pensando siempre que tengo que ganarle al otro, o que para vivir mejor tengo que oprimir al otro, o para lograr un puesto tengo que hacer una maraña por ahí, pues todo eso va enfermando a la población.  Además de que es una sociedad en la que dejamos de vivir porque los tiempos son tan acelerados que no tenemos tiempo para nosotros mismos, esclavizados al trabajo.  En este sistema las personas siempre estamos pensando en tener más y más y es importante entones tener varios trabajos para acumular algo de riqueza, pues lamentablemente los trabajos no son bien remunerados, entonces tienen que desgastarse en eso.

“En la dinámica de este mundo de los pueblos indígenas está el tema del bienestar, de la felicidad, es una riqueza más espiritual que material. En lo material es importante que desarrollemos las formas de autogestión porque nuestras poblaciones son muy autogestionarias y ese es un elemento importante al que en estos últimos tiempos le estamos poniendo especial énfasis para fortalecerlos.  Eso permitía en épocas antiguas, en la época del Tahuantinsuyo alivianar las responsabilidades del estado.  Esos códigos que los podemos encontrar en las distintas lenguas son fundamentales, sobre todo en estas épocas en que todas las propuestas del neoliberalismo y la globalización nos van deshumanizando. El mundo indígena es un mundo de humanización y solidaridad, de apoyo mutuo.

¿Cómo la literatura escrita en lenguas indígenas acompaña a esas visiones, filosofías y prácticas de las que me acaba de hablar? 

“La vigencia de las literaturas que implica mantener vivas nuestras lenguas es importante porque en la medida en que aprendamos a deducir los códigos de pensamiento que están en la lengua, eso nos ha permitido hasta la actualidad que en estos más de 500 años sigamos presentes.  Y ahora el reto que tenemos es que tengamos la suficiente destreza para desenvolvernos en los sistemas globalizados y asumir el resto de que la globalización no tiene la posibilidad de  destruir los códigos comunitarios que existen en nuestras comunidades así que tenemos que cuidarlos, enriquecerlo, hacer que respondan a la realidad comunitaria y poder seguir siendo nosotros mismos.”

En la inauguración del Premio Literario Casa de las Américas el pasado 20 de enero, usted, como uno de los jurados invitados, nos convocó a todos, de manera muy espontánea, a compartir un canto. ¿Por qué lo hizo? ¿Ha tenido luego noción de la recepción de ese sencillo ritual en aquél público no habituado a ese tipo de ceremonia? ¿Cree que funcionó?

“Una de las estrategias de transmisión de conocimiento de nuestros pueblos son los rituales y en esta experiencia que hemos compartido en la inauguración del Premio  Casa de las Américas algunas personas se me acercaron a expresar su agradecimiento y a expresar lo que sintieron. Algunos me han dicho que se vieron sumergidos en una paz.”

¿Qué decía el canto, cómo se puede traducir?

“Son expresiones que si intentamos traducirlas se acerca a lo que sería un sentimiento de júbilo. El canto tiene distintos niveles melódicos y como no hay texto, entonces esos niveles de la melodía hacen que sea como un texto.”

¿Pero había una palabra, haway?

“Es un ejercicio de interiorización y la traducción se va desmembrando en nuestro interior, según como lo percibe cada persona.  Y si esa traducción le hace sentir bien a esa persona, es eso, no hay una traducción especifica.”

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