Contiendas frente a la escena latinoamericana y caribeña

Vivian Martínez Tabares, José Oriol González, Estela Leñero y Lowell Fiet

En la tarde de este miércoles se celebró la mesa dedicada al teatro, género que este año ha concursado en la edición 61 del Premio Casa

Vivian Martínez Tabares, directora de Teatro y de la revista Conjunto de la Casa de las Américas, dio la bienvenida al público y los jurados que integran la mesa -Oriol González (Cuba), Estela Leñero (México) y Lowell Fiet (Puerto Rico) – recordando que el teatro latinoamericano y caribeño siempre ha sido un escenario de contiendas importantes relacionadas con la identidad, al género, la raza y ahora más frecuente, las problemáticas de las mujeres, lo intertextual y lo autorreferencial, que aunque no es nuevo, retorna con más fuerza.

La antropóloga, dramaturga y crítica mexicana Estela Leñero se enfocó a la perspectiva de género dentro del tema general que convocó la mesa Dramaturgias textuales y escénicas frente al contexto social. “El siglo XXI es el siglo de las mujeres, sobre todo a partir del #Metoo, replicado en diferentes lugares, en México y en particular en el teatro. Se denunciaron los micromachismos de los directores, maestros y colegas en el teatro”.

“No es posible ignorar el atraso ancestral de opresión contra las mujeres. Nos vemos en la obligación de visibilizarlas, dar voz resulta fundamental. Esta perspectiva contemporánea de hablar de las mujeres para ir más alá de la victimización y poner en tela de juicio los procesos relacionados con el pensamiento patriarcal ante cualquier intento de liberación, de ocupar los espacios públicos”, comentó Leñero.

Mencionó también la experiencia del grupo chileno Las Tesis que tuvo una gran connotación en varias partes del mundo, incluso en Cuba se replicó el performance Un violador en tu camino.  En México ocupó espacios de gran peligrosidad poniendo en evidencia un sistema que no solo denunciaba los asesinatos contra mujeres sino las estrategias de invisibilidad.

Puso varios ejemplos dentro del teatro mexicano que buscan otros caminos como la curación o la toma de conciencia sobre estos temas en México. “El teatro es detonador de emociones”, y por eso en esa identificación las mujeres han tenido un papel tan importante.

Se refirió también al papel de las mujeres en el teatro desde las diferentes disciplinas. El movimiento del #MetooTeatro -en México- fue un detonador muy importante. Este movimiento denunció muchas escuelas de Teatro legitimadas en las cuales muchos profesores habían naturalizados diferentes formas de violencia. “Nos encontramos con casos con que un mismo profesor fue denunciado por varias mujeres. El caso del Coronazo consistía en cómo un profesor de teatro podía llevar a una chica en su coche y al final siempre le pedía algo a cambio, intimidándolas por su poder”.

Tuvo una reacción muy fuerte de cuestionamiento por parte de los perpetradores, según relató Leñero. En muchos casos se produce un proceso de revictimización, de ahí que se mantenga la confidencialidad y no el anonimato. El otro cuestionamiento estaba referido a la imposibilidad de no poder comprobar el hecho. Solamente el 3% de las denuncias son falsas, según estudios de la ONU. De manera que era un gran rango para que fueron acusaciones certeras.

La dificultad ahora mismo, según Leñero, es que estas denuncias no han tenido un seguimiento por parte de las instituciones públicas implicadas. Son casos no resueltos que siguen vigentes.

Este movimiento fue la semilla de la fundación de la Liga Mexicana de Mujeres de Teatro, organizada para visibilizar y reflexionar sobre estas situaciones en el teatro en todos sus ámbitos.

El mascarero puertorriqueño Lowell Fiet comenzó agradeciendo a Cuba, a sus colegas del jurado, a la Casa. “Gracias por asegurar que Puerto Rico está incluido aquí en el Premio”. Se refirió a la crisis puertorriqueña que afecta la sociedad y el teatro de esa isla; y, por supuesto, a las secuelas del impacto del huracán María. “El gobierno dejó morir a 5000 personas después del huracán por no llevarles comida y atenderlas”.

Habló de su experiencia en Vieques que estuvo más de cuatro meses sin luz y otros lugares mucho más tiempo. Comentó también el resquebrajamiento institucional que no tiene fondos para respaldar el teatro de arte y comprometido. “Los grupos callejeros, los jóvenes llegaron a los lugares afectados antes que el propio gobierno”.

Se refirió también al gesto del grupo de Rosa Luisa Márquez quien viajó al Festival de Teatro de Cádiz con el espectáculo Las hijas de la Bernarda, que pudo verse en 2018 en Mayo Teatral, para denunciar la situación puertorriqueña.

Comentó su experiencia como crítico durante más de veinte años, viajando por el Caribe, escribiendo las vivencias relacionadas con las máscaras, el carnaval, ofreciendo talleres de máscaras.

Habló del artista Daniel Lind Ramos, también profesor universitario, en la isla de Vieques y su trabajo comunitario. Es uno de los cuatro o cinco artistas puertorriqueños conocido fuera de la isla, quien siempre ha trabajado en formato grande, con ensamblajes naturales.

Conectada con la experiencia comunitaria puertorriqueña, es también la práctica de Teatro de los Elementos que dirige José Oriol González desde la serranía de Cumanayagua, en Cienfuegos, quien agradeció la vivencia de compartir con el resto de sus colegas.

Se refirió a las dramaturgias textuales y al teatro revolucionario que creó una política cultural de protección. “Al triunfo de la Revolución cuando desaparecieron los grupos comerciales, se desarrolló un movimiento de aficionado muy importante que acompañó también el proceso de alfabetización que entregó de manera gratuita la novela El Quijote. Fue una entrada de luz y conocimiento en la mente de los cubanos”.

Bajo ese contexto, Oriol recordó los primeros pasos del teatro comunitario en los años sesenta, como las Brigadas Covarrubias, que llevaban clásicos a lugares intrincados, a los campesinos que nunca habían visto teatro; o el propio Ballet Nacional que llegó a los cañaverales y bateyes.

Con este preámbulo situó Oriol la experiencia de una práctica mucho más cercana a su trayectoria que fue la fundación en 1968 del grupo Teatro Escambray, en la cordillera del centro de la isla.

“El Teatro Escambray comenzó a generar una dramaturgia que tenía que ver con los conflictos de la zona. Esa obra se ponía en los pueblos y se discutía sobre ellas. Hubo una obra El juicio donde se opinaba sobre hechos reales que afectaba la comunidad. Interactuaba de manera realista con los actores, se reaccionaba de manera diferente cada vez.”

Se refirió también a otros proyectos dentro de la línea del Teatro Nuevo -Cubana de Acero, Los Pinos Nuevos, Teatro La Yaya-, una etapa que consideró muy rica en cuanto al aprendizaje, aunque ahora se niegue un poco aquella manera algo ingenua de hacer teatro. “Pero se estaba discutiendo la vida de personas que no eran partícipes directos de la cultura. Inspirado en el Escambray fundé años después Teatro de los Elementos”.

También compartió su experiencia como minero en Moa, en Holguín, en el oriente cubano, cuando, aun sin graduarse de la academia, fundó allí el grupo Tierra Roja con el repertorio del Escambray y luego la participación de Albio Paz como dramaturgo, fundador de Teatro Escambray. Obras que estaban inspiradas en las problemáticas de esa comunidad.

Luego se refirió a Teatro del Este, radicado en Moa también que tenía un espíritu de discusión, con importantes artistas, que recorría varios pueblos de la región, y hablaba de una relación intertextual donde también habían bebido del pensamiento de Eugenio Barba y de Grotowski, a través de piezas muy sencillas.

Teatro de los Elementos llegó a los noventas como resultado de los talleres de la EITALC y su contacto con Osvaldo Dragún en la Casa de las Américas. Siendo profesor de las Escuela Nacional de Arte introdujo la asignatura de los zancos, a pesar de la resistencia de muchos profesores y recordó la experiencia particular de una obra en el barrio de Romerillo, cerca de la Escuela de Teatro y considerado un barrio marginal. También habló de la Isla de la Juventud adonde fueron varios integrantes, entre alumnos y profesores y que marcó definitivamente el camino hacia Teatro de los Elementos.

En cada experiencia relatada hay una conexión profunda con el ciudadano y el papel que el teatro, como instancia de denuncia y espacio transformador, ha significado para la comunidad y las comunidades que conforman un público más comprometido y retador.

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