Adiós a Roberto

Este es el primer número de la revista Casa de las Américas que Roberto Fernández Retamar no alcanzará a ver. Resulta difícil imaginar que nunca volveremos a contar con su capacidad de convocatoria y de diálogo, que ya no dispondremos de su sabiduría y su cultura infinitas, ni de su vocación a toda prueba, su pasión encendida y su aguzado sentido crítico. No contaremos siquiera con sus microscópicas y enrevesadas anotaciones al margen, esas que acompañaron miles y miles de páginas de colaboraciones, leídas minuciosamente por él a lo largo de casi cincuenta y cinco años.

Es mucho lo que nos falta ahora que Retamar no está. Pero es mucho más lo que le deja a la Casa de las Américas toda y a esta revista en particular, después de dirigirla durante más de 250 números. Cuando Haydee Santamaría lo invitó a encabezarla en 1965, nuestra publicación ya había ido ganando un espacio notable entre sus homólogas del Continente, contaba con colaboradores de primera línea y con algunos números sobresalientes. Pero desde aquel número 30 en que Retamar comenzó a dirigirla –y gracias en primer lugar a él–, la revista se fue consolidando como punto de referencia y uno de los medios más leídos e influyentes entre la intelectualidad de izquierda del Continente. Sin dejar de ser, ante todo, el proyecto de una institución, Casa de las Américas tuvo también el indeleble sello de su director.

Este número es el homenaje más inmediato y explícito que podemos ofrecerle, preámbulo de una trayectoria futura que será parte del legado de su máximo inspirador y responsable. Además de la Declaración que la Casa de las Américas hizo pública inmediatamente después de sumuerte, de los mensajes de los presidentes Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Nicolás Maduro y Evo Morales; además de ello, repetimos, ocupa la mayor parte de esta entrega una selección de textos de Retamar aparecidos en esta misma revista, antes incluso de que él comenzara a dirigirla.

Siguiendo el modelo de la colección Materiales de la revista Casa de las Américas, creada por él y de la que nuestro Fondo Editorial ha publicado varios títulos, hemos seleccionado parte de las colaboraciones más sobresalientes de Retamar en las páginas de esta publicación, muestra de su amplio espectro intelectual. Por inevitables razones de espacio debimos prescindir de muchas otras no menos valiosas. Algunas han aparecido en los números más recientes de la revista o lo harán en próximas publicaciones de la Casa, y resultan, por tanto, más accesibles. Es preciso aclarar que si bien se brinda información sobre la fuente de cada uno de los textos incluidos, no reproducimos aquí las versiones originales. Su autor era obsesivo revisando y retocando sus propios textos, y hemos respetado ese perfeccionismo, de manera que el lector encontrará en estas páginas las versiones definitivas, cuando sea el caso.

Los demás textos –los debidos a otros colaboradores– fueron escritos a raíz de la desaparición de Retamar. Son mensajes, evocaciones, acercamientos diversos a su figura y su obra. La abundante aparición de unos y otros también nos ha obligado a prescindir de muchos que habrían merecido ser incluidos en estas páginas. Por su parte, la sección “Recientes y próximas” reproduce las palabras pronunciadas, en nombre de sus respectivas instituciones, por varios de quienes fueran sus amigos o estudiosos, en el homenaje que se le brindó a Retamar en la sala Che Guevara de la Casa el pasado 27 de septiembre.

A raíz de la muerte de Cortázar, nuestra revista le dedicó un número doble (145-146, de 1984). Los disímiles textos reunidos allí (cartas de las que aquel era autor o destinatario, ensayos, evocaciones y poemas de decenas de colaboradores) fueron agrupados bajo el nombre de “Para, de, con Julio Cortázar”. Hemos querido retomar ese título (debido, obviamente, al propioRetamar) para encabezar la sección central de este número. Las fotografías y obras que lo ilustran pertenecen tanto al Archivo de la Casa de las Américas como a la colección particular del homenajeado, custodiada hoy por su hija Laidi Fernández de Juan, a quien agradecemos la generosidad de facilitárnoslas.

Dentro de pocos meses Casa de las Américas cumplirá sesenta años de vida y alcanzará la insólita cifra de trescientos números. Seguir sosteniendo este empeño, hacerlo digno de su pasado y de quien fuera su alma por más de medio siglo, es el mejor adiós a Roberto.

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