Viet Nam en la Casa

Jaime Gómez Triana, Marta Rojas, Ana Niria Albo Díaz, Lorena Sánchez, Vivian Martínez Tabares y Laidi Fernández de Juan

Como parte de las actividades de La Casa en la Feria, en la actual edición del FIL 2020, sesionó un panel dedicado a la presencia de Viet Nam en la institución a través de las publicaciones, y de los testimonios de Haydee Santamaría, presidenta y fundadora de la Casa, y del poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, quien fuera su presidente desde 1986 hasta el pasado año. Como señaló Jaime Gómez Triana, moderador de la mesa, este abordaje trajo a la luz archivos poco manoseados de una relación intensa y profunda.

La periodista y narradora cubana Marta Rojas, colaboradora cercana de la Casa y amiga de Haydee, relató su experiencia durante el viaje que realizara, durante tres meses, al sur de ese país en 1965. Vivencias que también reflejaría en varios textos publicados en la revista Casa de las Américas, tema que luego sería abordado por Lorena Sánchez, editora del órgano oficial de la Casa, en momentos posteriores durante la mesa.

Para Rojas, quien en aquellos tempranos sesenta aún era periodista de Revolución, y fue estando en Viet Nam cuando ese rotativo se fusionó con Hoy para crear Granma, el viaje resultó extremadamente importante al descubrir un país y una cultura que debería conocerse mejor debido a su riqueza extraordinaria. Conocedora antes de esa región gracias al artículo de José Martí, “Un paseo por la tierra de los anamitas”, aparecido en La Edad de Oro, Marta Rojas le comentó a Haydee Santamaría, a su regreso, sobre la visita, su encuentro con Ho Chi Min, un hombre de una cultura prominente que conocía cinco idiomas. Haydee, tres años más tarde, en 1968, visitaría ese país y se reuniría con el líder vietnamita siendo directora de OLAS, vínculo que hizo posible aquel viaje, según explicó Rojas.

Marta compartió anécdotas, memorias dolorosas de una nación partida en dos que sufrió bombardeos más potentes que los de la Segunda Guerra Mundial y que resistió por veinte años una guerra que aún hoy tiene repercusiones en el país. De aquel viaje, describió su entrada por la frontera de Cambodia y su traslado hasta el sur a través de túneles y de cruces de ríos; e hizo notar, con especial énfasis, que Cuba fue el primer país que reconoció al gobierno provisional del sur, así como la fundación de un comité de solidaridad con el país asiático, encabezado por Melba Hernández.

Por otra parte, Ana Niria Albo, especialista del Programa de Estudios sobre Latinos en los Estados Unidos y quien prepara, junto con Jaime Gómez Triana, un volumen dedicado al pensamiento de Haydee Santamaría, se refirió al viaje que hiciera Haydee en septiembre de 1968 a esa nación.

Albo Díaz tomó como referencia el conversatorio sobre Viet Nam de Haydee a su regreso, apuntes de la libreta de Graciela (Chela) Rodríguez quien la acompañó, declaraciones que hiciera La Guerrillera en el documental Vamos a caminar por Casa, de Víctor Casaus, entre otras fuentes y que han servido, a la vez, para su investigación.

En su intervención destacó el encuentro entre Haydee y Ho Chi Min, la enorme admiración que sintió al compararlo con Fidel, “fue como si estuviera hablando con Fidel”, dijo Haydee. Describió con fuerza el encuentro entre Haydee y un niño vietnamita de la misma edad de su hijo. Al hablarle, Haydee le mencionaba la palabra Cuba, y el niño no reaccionaba, sin embargo, cuando dijo Fidel y el Che, el niño enseguida reconoció quiénes eran. A Haydee le llamó la atención el descubrimiento de la cultura vietnamita como algo singular dentro del conjunto de los demás países asiáticos; de manera particular, durante su reunión con el Ministro de Cultura, todas las acciones que seguían realizándose en medio de la guerra: las funciones de teatro, las exposiciones de arte, etc.

Pero Ana Niria nos hace ver que también le atrajo sobremanera cómo se desarrollaba la guerra de guerrillas (algo que dominaba perfectamente) junto con mantener en vida un país que seguía produciendo en condiciones tan difíciles. Para Haydee, concluyó Ana Niria, Viet Nam fue un país en el que ella se sintió como en Cuba, una tierra en la que el sol calienta tanto como en la isla.

Según confesó en su alocución, Lorena Sánchez no imaginó que la revista Casa de las Américas contuviera tantos textos alusivos a Viet Nam. Sin embargo, investigando para este panel, descubrió que hay un largo período, de casi diez años, en los cuales hay una marca importante que recoge testimonios, entrevistas y la literatura de ese país asiático.

Las secciones Al pie de la Letra, Letras, entre otras, recogen varios textos que reflejan los años de la guerra, en especial, aquellos que nacieron de los viajes realizados por Haydee, Roberto Fernández Retamar, en 1970, y la propia Marta Rojas antes.

Gracias al carácter universal de la revista, como bien apuntó Sánchez, en sus páginas encontró muchas referencias. Entre ellas, varias noticias de Viet Nam y el reflejo de varias publicaciones que se pronunciaron contra la guerra, entre ellas, las cubanas Unión, que un número de 1967 fue dedicado a la literatura vietnamita, Cuadernos o Pensamiento Crítico. Igualmente, se recogió la carta de intelectuales latinoamericanos, la gran mayoría amigos de Cuba, aparecida en el uruguayo Marcha. Fueron publicados también poemas de Ho Chi Min tomados de su Diario de prisión, entre otros.

En los números 78 y 92, se editaron textos de Marta Rojas, uno de ellos una entrevista al periodista Raúl Valdés Vivó quien acompañó a la periodista cubana durante su viaje en 1965.

En la sección Notas se publicaron ensayos sobre la poesía vietnamita que luego sería el prólogo a una antología publicada en París. Destacó Lorena un ensayo de Roberto Fernández Retamar en el cual el poeta se refiere a los puntos en contacto entre Ho Chi Min y José Martí.

El teatro vietnamita también ha sido recogido en las páginas de la revista Conjunto, especialmente en los sesenta. Vivian Martínez Tabares, directora de Teatro y de la publicación teatral de la Casa afirmó que desde el número 5 ya aparecen textos relacionados con Viet Nam, de la mano, entre otros, del reconocido dramaturgo alemán Peter Weiss.  Un dato curioso, o al menos poco conocido, fue la donación de Vicente Revuelta del Gallo de La Habana, que obtuviera su montaje de La noche de los asesinos, de José Triana y que se entregó por primera vez en 1966, al teatrista vietnamita Bich Lam quien visitara el Festival de Teatro Latinoamericano ese año.

Textos dramáticos, ensayos analíticos de la escena vietnamita, declaraciones contra la guerra firmadas por importantes dramaturgos y directores latinoamericanos, entre otros temas, fueron publicados durante esos años en la revista fundada por Manuel Galich. Martínez Tabares, al finalizar, leyó la carta que Bich Lam escribiera a Revuelta y a Teatro Estudio, publicada en la revista Conjunto en 1967, en la cual agradece haber conocido a los teatristas cubanos, así como la donación del Gallo de La Habana que fue entregado, provisionalmente, al Museo de Bellas Artes de Viet Nam. Le trasmite la tristeza al conocer la muerte del Che Guevara y lo pone al corriente de su trabajo más reciente. Una relación que propició la Casa a pesar de residir en las antípodas del mundo.

El cierre del panel fue la presentación del poemario Cuaderno paralelo, de Roberto Fernández Retamar, por su hija, la escritora Laidi Fernández de Juan. El libro agrupa veinticinco poemas que el también ensayista escribiera durante su viaje en 1970 a ese país junto con el equipo de filmación de Viet Nam: tercer mundo, tercera guerra mundial, de Julio García Espinosa.

Laidi agradeció a Olga Marta Pérez, editora del volumen, y la presencia de las hijas de Agustín Pi, y de Eliseo Diego, herederas de una amistad imperecedera, así como a Lola Calviño, compañera de Julio García Espinosa, quien fuera uno de los amigos más entrañables de Roberto.

“Yo tenía 8 años y le pedí que no fuera porque todo el mundo moría en Viet Nam”, recuerda Laidi de la partida de su padre. De lo que ella considera una especie de diario poético, leyó varios poemas, uno de ellos dedicado a Julio García Espinosa, y muchos otros que revelaban, en medio de la catástrofe de la guerra, el vuelo poético de Retamar.

“Su función en el grupo fue la de narrar, era la voz, como otro era el sonido, y otro la luz”, dijo Laidi. El poeta evocó también el amor a su madre ya fallecida, así como el de su esposa, la crítica y profesora cubana Adelaida de Juan. En el volumen, según Laidi, su padre nunca descuida su pasión proverbial por las palabras, por la literatura.

La presentación fue emotiva, entre otras razones, porque la escritora declaró que era la primera vez que presentaba un poemario de su padre.

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