Música Eterna: desde y para las Américas

Rocio Mezerene, estudiante de Musicología

La primera jornada del XI Coloquio Internacional de Musicología, dentro del marco del XVII Premio de Musicología Casa de las Américas, fue, cuando menos, intensa. Desde la mañana se estuvieron realizando varias conferencias que mantuvieron ocupados a todos los participantes del evento. Como aseguró la musicóloga y directora general María Elena Vinueza “La música ha de acompañar a las jornadas de reflexión, las jornadas de análisis”; así, casi al finalizar la tarde la sala Che Guevara abrió sus puertas con la Orquesta de Cámara Música Eterna, protagonista del concierto inaugural.

El concierto, titulado Música de las Américas, contó con un programa muy bien concebido, donde se vieron representados algunos de los más grandes compositores del continente: Heitor Villalobos, cuya Bachiana no. 5 abrió el espectáculo en una versión para orquesta de cámara, pasando por Alberto Ginastera, George Gershwin, Violeta Parra, Astor Piazzola y José Pablo Moncayo. De Cuba fueron interpretadas Te amaré, de Silvio Rodríguez; De qué callada manera, de Pablo Milanés; y, para relajarse un poco tal como mencionó el maestro Guido, La engañadora, de Enrique Jorrín. Para terminar, interpretaron dos obras del propio director: Que rico é, basada en un mambo de Pérez Prado compuesta originalmente para coro y Variaciones cumbancheras, inspirada en un tema de Rafael Hernández.

La segunda pieza presentada, Impresiones de la Puna de Alberto Ginastera, contó con la presencia de Niurka González. La flautista dio muestras una vez más de su gran virtuosismo, musicalidad y su excelente buen gusto para la interpretación. Fue destacable, además, la perfecta simbiosis lograda entre la solista y la orquesta, dando como resultado una obra de arte exquisita.

Los músicos que conforman la orquesta son en su mayoría jóvenes estudiantes o egresados de la Universidad de las Artes. Todos poseen un virtuosismo admirable, que se hace patente en los pasajes más complejos. En su interpretación muestran la misma delicadeza tanto en las piezas lentas, como en las más rápidas y demandantes. Sus movimientos al tocar denotan la gracia y la seguridad de quien disfruta lo que hace.

Esta juventud se ve complementada por la experimentada dirección del maestro Guido López Gavilán, quien lleva la orquesta con la maestría necesaria para que cada estilo musical quede perfectamente interpretado. Este aspecto es destacable sobre todo en este programa tan variado, en el no faltó ni el aullido mexicano del Huapango de Moncayo.

Música Eterna brindó una hora y media de pleno disfrute. Creó un espacio donde se detuvo el tiempo y dónde, como decía Harold Gramatges: “la música, tuvo la magia”.

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