“Ser jurado del Premio de Musicología cierra un ciclo en mi carrera”

Por Amaya Rubio Ortega, estudiante de Periodismo

Claudia Fallarero pasea entre los asientos de la Sala Che Guevara, disfruta cada melodía y deja siempre en la brisa su perfume de realidad. Tiene los pies bien puestos en la tierra, por eso su opinión, a veces dura y otras suave, sale de sus labios sin temor si se habla de la tradición musical.

En 2007 se graduó en música con perfil de Musicología en la Universidad de las Artes (ISA) y, diez años más tardes, obtuvo el doctorado en esa especialidad por la Universidad de Valladolid, España. Desde el 2012 es investigadora en el Gabinete de Patrimonio Esteban Salas, de la Oficina del Historiador de La Habana. Y ahora forma parte del jurado del XVII Premio de Musicología Casa de las Américas.

¿Cuánto ha aportado la Casa de las Américas en su formación?

Siendo estudiante del Conservatorio Amadeo Roldán, había comprendido que me interesaba bastante la investigación. En el año 1999 anunciaron que se realizaría el Coloquio de Musicología Casa de las Américas. Entonces vine, y verdaderamente, lo que observé fue una reunión de gente que hablaba en un lenguaje incomprensible para mí.

Recuerdo que había un paquete de personas preocupadas por el asunto de reflexionar entorno a la música y que musicólogos más jóvenes vinieron, como sucede a veces, con unos alcances y unos contenidos un poco desenfocados con respecto al tema del Congreso, y les tocó recibir una paliza pública delante de todos.

En la distancia yo juzgo que debí haberme desapuntado del asunto de la investigación, pero suelo ser gente que me impresionan esas cosas y de meterme en la piel del joven que lo hubiera hecho bien. Así que terminé cursando Musicología en el ISA, en contra de la voluntad de mi mamá, que no entendía por qué después de muchos años de tocar el piano, ahora quería hacer una cosa distinta.

Comprendí que no podía dejar de venir a esos eventos, en los que estuve como oyente por muchos años, porque no tenía competencias como para insertar una ponencia. Eso sucedió después, ya cuando estaba graduada de Musicología.

Y ahora eres jurado del Premio de Musicología…

He sido observadora del Congreso desde que lo conocí. Ser jurado del Premio de Musicología cierra un ciclo en mi carrera, que comenzó sentada en lo último de la sala. En ese sentido, bueno, hasta he soltado sangre por la nariz, porque entendiendo toda esa responsabilidad y habiendo visto desde afuera por tanto tiempo el Congreso, sentía el doble de la demanda psicológica.

Definitivamente, cuando María Elena Vinueza me comentó que había sido elegida para ser jurado, en principio ni siquiera entendí por qué razón había tomado esa determinación, pues cuando uno es joven no se siente listo para cumplir con tal responsabilidad.

Hace poco tuve la oportunidad de defender el doctorado y no mucha gente de mi generación, verdaderamente, lo logra. Ello ha impreso un crecimiento obligatorio en mi estado formativo y el producto de eso es el poder estar hoy de jurado.

¿Y cómo es su relación con el resto de los miembros del jurado?

Alguien me decía “menos mal, luce como que se llevan bien”. Verdaderamente, eso ha sido muy bueno. Todos pertenecemos a campos muy diferentes del saber dentro de la Musicología. Alejandro León y yo un poco coincidentes, Berenice Corti y Oscar Hernández un poco también más coincidentes entre sí. En el caso de Jesús Gómez Cairo nos da una perspectiva muy importante que es la de gestor político-cultural.

¿Cuánto hay de Casa de las Américas en su trabajo actual?

Inmediatamente comencé a estudiar Musicología, María Elena Vinueza orientó, como ejercicio de clase, que criticáramos algunos textos. Yo hice una propuesta sobre cómo podría mejorar la gestión bibliográfica de algunos temas dentro del Boletín Música.

Recuerdo que ella me dijo si tienes tan buenas ideas, involúcrate directamente con la Dirección de Música. Venía a trabajar sin ser plantilla. He sido siempre muy inquieta de manera que el tiempo estudiantil me resultaba desaprovechado en esos lapsos que tiene uno, sobre todo, en los años intermedios de la carrera.

Participaba de todos los ámbitos: armar un Congreso de Musicología, preparar un concierto, o un Boletín Música. Recuerdo que cuando ya estábamos sobre la fecha de lanzar la publicación, tenía jornadas de lectura sobre planas, correcciones sobre planas y podía ser un sábado, un domingo o en una madrugada.

El trabajo que hago en el Gabinete de Patrimonio Esteban Salas tiene mucho de esa experiencia adquirida en Casa de las Américas. Por ejemplo, al pensar un concierto como una puesta, desde el lenguaje de la música, pero también dramatúrgicamente bella, siempre recuerdo el halo que María Elena imprime, porque “también somos parte de la puesta”. Y ese tipo de experiencia también lo aprendí aquí, dentro de este espacio.

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