Diario de una artista en cuarentena

por Patricia Ariza

Tratando de ordenar los días.

DIA 1

Basta ver y  leer acerca de los miles de muertos, de los sobrevivientes,  de la pesadilla del Corona Virus,  de la gente que se ahoga a las puertas de los hospitales por carecer de un aparato respirador. Y del asesinato constante y sistemático de los líderes y las lideresas en este país que no para. Imposible no deprimirse. 

DÍA 2

Cuando miro las fotos de la gente que se muestra feliz. O de los presidentes que sonríen para las cámaras, mostrando cuan buenos son repartiendo comida, inevitablemente se me sale un sentimiento de rabia, difícil de controlar.

DÍA 3

Sé que debo ser optimista y pensar que hay salida, lo sé, que van a inventar la vacuna pronto y que el confinamiento precario en algún momento dará resultados. Que volveremos a abrir las salas de teatro y que el público llegará por montones. Yo misma me hago ese discurso para poder dormir unas horas tranquila.

DÍA 1

Estamos viviendo todo esto sin el maestro Santiago. Su corazón le falló, y la cremación fue un acto silencioso, alejado de la ciudad, con muy poca gente porque la cuarentena lo impedía. Hubieran asistido miles, lo sé. Todos los actores y actrices hubieran llegado y, quizás hubiéramos cantado juntos. Había tanto silencio allí, que cuando sonó la canción de Caruso, O  Sole Mío,  fue como un soplo de vida. Las lágrimas de los 10 entrañables asistentes,  caían a cántaros como la lluvia, pero en silencio. Sólo de vez  en cuando salía  un sollozo para ahogar las ganas de gritar. Esa canción la cantaba Santiago de manera magistral en la obra Los Diez Días que Estremecieron al Mundo.

DÍA 4   

Antes de dormir me llamó uno de los empleados del teatro para que le prestara un dinero para pagar la luz. Lo saludo y le doy el dinero, pero después corro veloz  a lavarme las manos. Porqué  carajo tengo  que  lavarme las manos? Sé que debe ser así, que están dadas todas explicaciones en la propaganda,  en los discursos, en la prensa. Yo lo sé  y lo entiendo, pero es muy difícil. Toda la vida aprendiendo a ser amable, humanista, a querer a la gente que lo merece, a abrazarla. Y de pronto tener que vivir separándonos  y sintiendo los cuerpos de los amigos y compañeros pueden ser una amenaza. No me resigno.

DÍA 15

Llega  Carlos, mi compañero del mercado y viene de nuevo el ritual, lavar las verduras con agua caliente, echarle  alcohol a la gabardina especial de las salidas a la calle, dejar los zapatos en la puerta y lavarse las manos por séptima vez en el día. Se le olvidaron los yogures. Yo voy, le digo. Y me dice, no, usted no puede salir. Tiene razón. Vengo de una convalecencia, soy mayor y estoy de duelo. Seguramente mis defensas están bajas. Y, también  yo puedo ser una amenaza.   

DÍA 12

Alguién en la puerta pide limosna. Tenemos miedo porque son dos hombres, Quizás si abrimos, la puerta, ingresen a las casa. Y a lo mejor son tan sólo dos jóvenes necesitados. Les digo que no tengo llaves, que soy mayor y que estoy sola. No puedo dejar de pensar en los miles, en los cientos de miles de personas que no tienen casa ni comida. Y esta noche, hace mucho frió. 

DÍA 9

Hoy, además, como si fuera poco, amanecimos con una amenaza de guerra. El presidente de Estados Unidos con el apoyo del de aquí, quiere una guerra contra Venezuela para que eso tape su ineficacia y su maldad. Es un hombre tonto y  cruel. Tiene niños, hijos de inmigrantes latinos presos en cárceles, construye muros para que nadie entre. Pero el corona virus entró y está matando la gente. Nueva York está cercada por la muerte. Y allí hay gente buena, artistas extraordinarios y mujeres asombrosas. Yo sé que ninguno de ellos ni de ellas está de acuerdo con ese monstruo. 

DÍA 10

Todos los días me levanto a escribir. He descubierto viejas obras empezadas y las estoy recuperando. Me reúno  por Zoom con los compañeros de la Candelaria. Estamos pensando cómo diablos ofrecer nuestra solidaridad, cómo decir que seguimos vivos en medio de esta muerte temporal del teatro. Y cómo seguir siendo grupo cuando lo que más nos une es el sagrado ejercicio de ensayar todos los días. De ensayar a veces  sin haber dormido bien, de ensayar con las preocupaciones del día a día. No es fácil ser grupo y, menos,  un grupo como el nuestro,  que es una opción de vida.Hay días que quisiéramos no seguir, días en los que nos peleamos a muerte porque en esto se nos va la vida. Pero al día siguiente  estamos ahí de nuevo todos y todas, esperando ensayar, esperando ser otros y otras. Y cuando empezamos, todo lo demás, se vuelve  lo de menos.  Sobrepasamos todos los obstáculos para ensayar la posibilidad de crear otros mundos posibles.

DÍA 15

Hoy, daría mi vida por un ensayo. Estoy ensayando sola en la casa. Es un unipersonal sin palabras. Pero no es lo mismo. Me falta el grupo. Me falta para que me digan que está bien lo que hago, o que está mal, pero que me lo digan.

DÍA 16

Hoy acordamos en La Candelaria  ponernos en modo reflexión. Necesitamos pensar. Por fortuna estamos creando los unipersonales. Es una gran cosa para estos momentos. Nunca lo habíamos hecho. Hemos aceptado ese desafió y lo estamos intentando. No sé qué diría el maestro de  esto. Pero lo que sé, con certeza es que decía que había que emprender lo que no sabíamos. Que en el arte es más importante lo que se busca, que lo que se sabe. Concluimos que necesitamos pensar desde el teatro en los tiempos tan extraños y tan duros que nos está tocando vivir.

DÍA 17

 Hoy martes,  hicimos un altar en casa. Pusimos una foto de Santiago con unas velas encendidas y unos dioses Yorubas de cemento y conchas de mar. Un Babalao en Cuba, le echó los caracoles a Santiago  y le dijo que era hijo de Elegúa, el dios que abre y cierra los caminos. No soy creyente, pero cuando tengo creer, creo. Y creo en la memoria viva y en la conexión profunda entre todos y todas, en la conexión con los gatos,  las aves y los árboles. Los caracoles del Babalao cubano dijeron la  verdad,  Santiago nos abrió muchos caminos.

DÍA 18

Día jueves Semana Santa. Hoy hay un gran  silencio sobre la ciudad, las iglesias están cerradas. Quizás si fuera una semana “normal”, estaríamos en pleno Festival Alternativo, Estaríamos en el FESTA. Y, mi casa estaría llena de gente, y las salas repletas. En  las noches se daría  la conversación interminable sobre teatro. Y después, con seguridad unos cuantos vinos para celebrarla vida. Es que la gente de teatro cuando descansa sabe ensayar a  ser feliz.Hoy también es el día de las víctimas. Y no puedo menos que recordara mis muertos. Los compañeros y compañeras de la U.P. “Éramos seis mil una mañana y en la tarde nos redujeron a cenizas”. Pero también recuerdo a Gaitán,  el ídolo de mi padre.

DÍA 20

Hoy he vuelto a sonreír. Estoy cocinando una nueva fórmula de espinacas que quizás funcione.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.