Raíces y alas de Augusto Boal, leído por una discípula

por Rey Alejandro Pascual Fernández

Recordar a los maestros en nuestro hacer es la mejor manera de serles fieles toda la vida. Y Augusto Boal, es un maestro para todos los teatristas en Latinoamérica. El volumen Teatro del oprimido. Raíces y alas: una teoría de la praxis (Descontrol, Barcelona, 2017), que la actriz brasileña Bárbara Santos pone en las manos de todos los que reconocen en el legado del creador latinoamericano una sabiduría de la que beber; no solo habla de teatro, sino de vidas y raíces que se tejen mientras se hace teatro.

Bárbara Santos trabajó durante con Augusto Boal, como coordinadora de Teatro del Oprimido en Rio de Janeiro, en la concepción y desarrollo de Teatro-Legislativo y de la Estética del Oprimido.

A lo largo de 380 páginas, su libro se organiza como la vida misma hace evolucionar una semilla. En el primer capítulo, titulado “De la semilla al árbol”, la autora presenta sus referentes artísticos, como una especie de álbum de imágenes desde el cual, al expresar los desafíos que fueron atravesando, revisita cada uno de los procesos de creación artística del período. Organizado en diez epígrafes, viaja desde esa semilla que son las referencias, pasa por el Teatro-periodístico, por el Teatro-imagen, por el Teatro-Foro, por la invisibilidad pero también por el reconocimiento hasta llegar al Teatro-legislativo.

Las raíces se revelan luego y afirman el agarre del lector, que ya en este momento está atrapado por la lectura. “Raíces” expone los principios fundadores, la opresión y sus causas, la solidaridad, el teatro-esencial, la búsqueda de una estética del oprimido, el encuentro y la vocación comunitaria. El segundo bloque está exclusivamente dedicado a la dramaturgia, al proceso de formación y a sus dinámicas. A partir del estudio de los elementos constitutivos del texto dramático –similar al entramado de raíces de un árbol–, en este texto, cada parte está intrínsecamente ligada a un centro y al resto: el contexto social, el conflicto, la estructura dramática, la naturaleza del foro, la actitud mayéutica, las concepciones del intercambio oral, y el teatro de diálogo como teatro de discurso.

Un tercer capítulo titulado “Savia”, se divide en tres conjuntos: la estética del oprimido, los canales creativos y la estructura de trabajo. En el primero se encuentra el cerebro de la acción, en el segundo las extremidades que componen ese cerebro: la imagen, la palabra, el sonido y la sinestesia estética, y en el tercero se encuentra la acción misma: el proceso estético, el producto artístico, el espacio escénico.

El cuarto capítulo, “Frutos”, contiene la otra experiencia luego de la experiencia. En él la autora narra los proyectos pedagógicos, su formulación y sus resultados, desde el cuestionamiento “¿Didáctico o pedagógico?”, para definir los grupos de Teatro del Oprimido hasta terminar con el análisis de la resultante a partir de los “cuentos y cantos de la praxis escénica y creativa”.

La autora, reside en Berlín desde el 2009, donde es la directora artística de Kuringa, un espacio para el Teatro del Oprimido en esa ciudad. Dedica también un capítulo al trabajo con esa experiencia. De este modo el capítulo 5 “Pájaro”, se divide entre el estudio de este colectivo y el análisis de la experiencia TOgether, para exponer al final los nuevos desafíos.

El último capítulo, “Alas”, alza el vuelo con la presentación de los riesgos y contradicciones de la praxis. A modo de epílogo, la autora dedica un apartado exclusivamente a Augusto Boal, en el que recopila notas, cartas, memorias, creación y recuerdos para hablar del maestro que reconocemos como semilla, raíz, tronco, savia, fruto, ave y ala, para volver a comenzar el ciclo.

Este no es solo un libro a recomendar, es un libro para guardar por siempre y para muchas veces, volver a él.

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