Conversar de diseño con una Havaner@: Michele Miyares Hollands

por Nahela Hechavarría

Hablar de diseño, más en su día, siempre motiva, no solo por la infinidad de campos del ser y hacer humanos que penetra, si no por su ambigua naturaleza (funcional y cultural) que es su mayor ganancia y aporte. Así, conversar con Michele Miyares Hollands, diseñadora e ilustradora habanera con un amplio currículo en el campo editorial y cartelístico desde que se graduara del Instituto Superior de Diseño (ISDi) en 2002,  nos acerca al proceso, a cómo nace (y crece) una diseñadora en un entorno necesitado de cualificación urgente como el cubano. Varios premios han reconocido su buen hacer (Premio coral al cartel de la 29 edición del Festival Internacional de Cine Latinoamericano, 2007; o el Primer Premio, concurso de carteles «Homenaje a Charles Chaplin», Aniversario 55 de La Cinemateca de Cuba, 2015), y múltiples las exposiciones dentro y fuera de la Isla en las que ha participado. Pero vayamos al principio, al origen de esta pasión gráfica…

Nahela Hechavarría: ¿Michele, hablemos de tus años de formación en el diseño? ¿Cómo llegaste a la idea de estudiarlo y qué pensaste del ISDi como espacio de formación al llegar?

Michele Miyares Hollands: Bueno, mi viaje para llegar al ISDi fue un poco largo, no diría tortuoso, pero sí largo. Para empezar, estudié en un pre(universitario) de ciencias exactas porque iba a estudiar medicina, y estando ahí no tenía idea de que existía el diseño, pero al llegar a doce grado me entero de gente que iba a hacer la prueba del ISDi y me embullé porque siempre había hecho mis dibujitos, pero sin saber lo que era el diseño. Y mi primera impresión cuando llegué al Instituto como tal, a la escuela, ver los pasillos y la gente, los trabajos, y me dije: “Ay yo quiero estudiar aquí. Este es mi lugar”. Pero me di cuenta que había pensado en ello un poco tarde, porque fui a hacer las pruebas sin ninguna preparación y resultó que en esa primera oportunidad no aprobé. Pero me quedó la impresión del lugar, de la gente, el movimiento que vi. Y ahí mismo decido que yo no iba a ser médico ya…. Una crisis familiar…(risas). En medio de la crisis me entero que en el mismo edificio del ISDi estaba el Técnico, cuyas pruebas eran en agosto… decidí apostar todo a ello. Y entonces ya con un poco más de tiempo, me preparé y logré entrar. Cursé los tres años del Técnico de Diseño, y algunos pueden pensar que fue un tiempo perdido, pues podría haber esperado un año y volver a presentarme a las pruebas de ingreso, pero yo quería estar allí… porque de alguna manera ya estaría en el ISDi ‒el técnico y el superior compartían además algunas actividades aunque estaban en horarios diferentes.

El Técnico tenía la modalidad de combinar estudio-trabajo, como las clases eran en la tarde, en la mañana asistías a hacer prácticas laborales en un centro relacionado con el Diseño. Yo tuve la suerte de ubicarme en uno muy cerca de casa (a solo cinco cuadras), que en aquel entonces se llamaba “Decoro”, y con los años paso a ser “D’Arq”, ahora mismo no sé si existe……Y en ese trabajo práctico en los centros uno aprendía softwares y know hows que luego cuando subí al Superior me sirvieron mucho. También al terminar el técnico ya uno tenía la posibilidad de salir a trabajar, pero yo decidí seguir en la carrera, y recuerdo ese primer día de clases en el Superior, preguntándome qué hacía ahora allí si podía estar ya trabajando. Pero yo no lo vi como un tiempo perdido sino que lo supe utilizar a mi favor.

NHP: ¿Había muchas mujeres en las aulas de diseño gráfico o industrial tanto como en vestuario? ¿Crees que el campo del diseño sigue siendo mayormente masculino?

MMH: Cuando entro en el curso superior, aunque yo venía directo del técnico por escalafón… las pruebas de aptitud eran de rigor, tenías que prepararte, solo había sesenta plazas para las tres carreras (gráfico, vestuario e industrial) y luego ya se definía tu especialidad en el segundo año. Vestuario siempre tenía pocos estudiantes 4 o 5 por año, y el resto se repartía entre las otras dos especialidades. En mi año, de esos sesenta, la minoría era femenina por supuesto: de 21 que estudiamos gráfico solo 4 éramos muchachas.

NHP: Lo pregunto porque viendo las estadísticas que aparecen en el sitio web de la ONDI y que un poco registra la cantidad de asociados diseñadores en todo el país actualmente, aún la representación de las mujeres es de cerca de un tercio del total, y por supuesto se define como un terreno mayormente masculino… ¿crees que esto está cambiando o sigue faltando motivación desde el sector femenino?

MMH: Bueno, ahora realmente yo estoy desvinculada del ISDi, en cuanto a las nuevas promociones y los niveles estadísticos referentes a la presencia de mujeres y hombres,  pero sí después que me gradué cuando me quedé como profesora vi que la matrícula por año aumentó y entraron mayor cantidad de mujeres. También hubo un cambio, ya que al desaparecer las pruebas de aptitud solo quedaron las de ingreso y las muchachas siempre más aplicadas salían mejor porque traían, muchas veces, mejor acumulado.No creo que sea un problema de que las mujeres tengamos alguna limitación para ingresar en el diseño, pero también pasa que como la carrera se ve cerca de lo técnico (como las ingenierías), como que no lo tienen tarjeteado… yo misma hasta doce grado no fue que me embullé. Pero durante el tiempo en que estudié allí y hasta ahora, es una carrera que sí se ha abierto a las mujeres pero aún sigue siendo más dominante la parte masculina.

NHP: De tu experiencia en el campo del diseño editorial de revistas (La Gaceta de Cuba) y libros (para sellos editoriales como el ICAIC, Centro Onelio Jorge Cardoso), cómo haces… ¿trabajas desde el texto para llegar a tu propuesta gráfica y lograr ese maridaje perfecto que debe guardar todo texto y su diseño? ¿Qué te atrae y qué te desanima en el contexto actual?¿Es el trabajo en equipo (editorial) realmente enriquecedor?

MMH: Yo siempre trato de leer, de ubicarme en tiempo y espacio. Ya sea si es un libro de autor o una compilación o una revista, siempre hay un momento en el que se habla de la idea del proyecto, de cómo es, del concepto. Y me gustan los equipos multidisciplinarios, me gusta escuchar la opinión o el criterio de la gente con la que estoy trabajando, me gusta saber qué piensan. Y claro acercarme a los textos directamente, entenderlos, ver qué saco de ellos, o cómo llego a una idea. Y ya luego, pues es muy difícil después de tantos años no tener tus tips o maneras de hacer, con las que además te sientes cómoda, pues son tuyas… pero me gusta retarme, sobre todo cuando el libro me permite eso. Aquí es difícil el diseño editorial. Para mí, el diseño editorial junto con el cartel es de mis grandes pasiones −que las descubrí también casi intuitivamente−, me gusta la tipografía, el hacer editorial. Sobre todo, me inspira cuando veo diseños de libros extranjeros, y maneras en las que precisamente por la competencia digital actual el diseño editorial se ha renovado tanto, renovado a un punto en que comparado con la idea de lo que se podía o no hacer cuando estudié ‒recuerdo el libro 101 reglas del diseño editorial, en aquel entonces era como la Biblia y hoy posiblemente obsoleto en muchas de sus reglas‒, y es abismal la diferencia…  Pero siempre nosotros llegamos un poco más tarde a todo, y a veces no es ni siquiera el cliente o el equipo con el que trabajas, si no cualquiera vinculado a la editorial o a la imprenta que te dice que poner un folio más grande o una imagen virada al revés, por ejemplo, no es correcto, que así el libro no se va a poder imprimir, que va a quedar mal… y ese diálogo puede entorpecerse la gran mayoría de las veces porque ese personal ha quedado obsoleto en sus maneras de hacer y entender el medio. Así como lamentablemente también ha quedado atrasada la tecnología de la imprenta y la escasez de recursos y materiales con que contamos van en detrimento de tu propuesta de diseño y tienes que modificar o hacer ajustes… por eso te decía que siempre intento lograr una atmósfera en la que yo me sienta cómoda, como cuando he trabajado con el Centro Onelio, o con el Consejo editorial de La Gaceta o en el sello ICAIC. Me gusta sentir que tengo libertad y que las personas con la que estoy hablando sean abiertas a nuevas ideas, para entre todos lograr ya sea algo diferente, o sobre lo mismo pero bien hecho. Ahora, aunque a veces hay impedimentos, no me quejo, creo que al final he podido hacer casi siempre lo que he querido. Porque aun cuando más dificultades me ponen trato de darle la vuelta y se logra… (risas)

NHP: De tu pasión por el cartel (serigráfico o no) cuáles han sido los mayores retos que has enfrentado? ¿Es un espacio para expresar tu contexto más inmediato de forma lateral o más directamente, por ejemplo, en proyectos como HereG o Selfie… o esta muestra más reciente dedicada a los barrios de La Habana? ¿Cómo funciona el pie forzado que puede presentar un curador o cliente? Pienso también en los múltiples carteles que has hecho para películas en el ICAIC… ¿Crees que si el cliente participa del mismo contexto cultural tuyo o tiene claro al público al que se dirige puede entender más claramente el mensaje visual que has creado?

MMH: Depende, todo diseñador desearía contar con un cliente que sea culturalmente correcto, que supiera exactamente lo que quiere, lo que es muy importante, pero no siempre lo obtienes. O puede suceder, por el contrario, que ese cliente tenga una formación, un background cultural, y te diga incluso cómo lo quiere, pero entonces, en esa negociación que se establece, tú como creativo te das cuenta que puedes sugerirle otra mirada, aun cuando la de él no sea incorrecta, pero la tuya podría ser más atractiva visualmente. En ocasiones, por ejemplo, con un director de cine puede el diálogo complicarse, pues como creativo que también él es y que tiene una visión muy clara de su película, puede proponerte ideas de cómo quisiera fuese el cartel de su película, con soluciones que a veces pueden o no adaptarse al medio serigráfico. A veces al hablar con el director, puede uno enseguida hacerse una idea, tener ya la idea del cartel… y quizás ni has visto la película, pero llegas a conectar con su visión del filme. Eso pasa sí, pero otras veces no, y necesitas pensarlo más… puede esto llegar a ser un conflicto en el que terminas haciendo lo que el cliente quiere porque se siente demasiado seguro con su idea o vas negociando con él de manera inteligente y lo vas guiando a tu concepto… a veces se gana o se pierde. Lo ideal es encontrar un punto medio en el que el cliente quede tan complacido como uno. Es un campo de mucha subjetividad y a veces puede no salir como uno desea.

Ahora, en este tipo de proyectos más libres en cuanto al encargo, aunque con solo fijar un tema como en HereG (2012) o Selfie (2019) ya estás definiendo un poco el camino, uno tiene mayor libertad de explorar y aceptan tu obra como más “de autor”. Por eso son dos maneras de enfrentar la creación. Esta última te permite siempre arriesgarte a probar algo que no has hecho hasta el momento…

NHP: Como un ensayo…

MMH: Sí, como un ensayo. En el otro caso, respondes más a una estructura. Si este es un cartel para una película, puedes jugar a ser más o menos entendible, pero siempre vas a tratar de mantener la estructura que está llamando a un público a ver el filme. Sin embargo, en esos proyectos más abiertos para un contexto más artístico, puedes buscar un rango de lectura más experimental. El mensaje puede ser menos directo, escondido, solo para unos pocos. No te preocupa tanto la claridad de la idea, la rapidez de lectura. Incluso puedes no querer decir nada, solo hacer algo “bonito” porque sí…

NHP: La muestra de carteles Paralelas junto a Giselle Monzón en el CDAV fue una bipersonal que recuerdo incluía sobre todo trabajos en el campo cultural de cerca de una década, ¿has trabajado en la imagen promocional o branding de otros sectores de producción nacional o internacional? Porque creo que exposiciones como CUBA!(2016), contaron con tu diseño de imagen en EEUU, quisiera saber el alcance de tus propuestas en otros campos.

MMH: Pues puedo haber incursionado en algún que otro diseño para la salud, o la creación de una identidad para empresa, pero sobre todo, luego de mi labor docente, mi trabajo ha estado relacionado fundamentalmente con el campo de la cultura.

NHP: Y entonces, ¿crees que estas muestras (o cortes temporales) que exhiben la obra de un diseñador en las galerías pueden servir para visibilizar un cuerpo de trabajo así, de conjunto, para su valoración o pueden llegar a endiosar a los autores, más ahora que el cartel ha devenido casi obra coleccionable por las irrisorias tiradas?

MMH: De buenas intenciones está lleno el camino al infierno…, puede tener la buena intención de contribuir a hacer un muestrario de la obra acumulada por determinado diseñador o diseñadora durante un periodo de tiempo, una manera de evaluar su trabajo, y al mismo tiempo, quizás sin siquiera proponérselo, contribuye a endiosar esa figura…

NHP: O a colocarla en el lugar que se merece…

MMH: Exacto, si el trabajo vale la pena, y la muestra contribuye a hacer conocida su obra y a que a esa persona sea (re)conocida, es una manera también de premiar un esfuerzo, y que se haga desde aquí dentro, más.

NHP: Te pregunto esto, porque en un país como el nuestro que carece de un Museo del Diseño, o donde escasean galerías y sitios web dedicados al diseño cubano, se va perdiendo esa memoria de lo que se ha hecho… y entonces son las galerías o centros de arte (Casa de las Américas, Museo Nacional, Factoría Habana, CDAV y Fábrica de Arte Cubano…) quienes tratan de atenuar esa situación con exposiciones cada cierto tiempo, pero nunca podrán abarcarlo todo.

MMH: Se va perdiendo, aunque hayan salido puntualmente libros o investigaciones que van historiando una etapa, por ejemplo, falta el lugar (físico o virtual) al que acceder para ver esa historia. Y es que el diseño ha sido complicado colocarlo, pues hay infinidad de posiciones acerca de hasta donde es arte, hasta donde es ciencia o tecnología… y al ser hoy una profesión multidisciplinar, pues para existir ha de trabajar con otros profesionales, hay que verla igualmente cómo inherente a la historia de la humanidad…todo lo que nos rodea es diseño. Y mucha gente menosprecia su lugar, al verlo como algo muy cotidiano, no aprecian su aporte a la sociedad. Por otro lado, y en otras circunstancias, es valorado como elitista, de lujo, de sociedades desarrolladas… cuando en un contexto como el cubano, el diseño sería una herramienta para sobreponerse a las dificultades económicas, algo que el ISDi se propuso en su fundación y dice seguir intentando pero…

Por eso yo creo que estas galerías y las exposiciones son necesarias, porque es la única manera de poder cada cierto tiempo consumir visualmente qué se está haciendo. Yo puedo saber qué hacen los diseñadores cercanos a mí, pero no más allá. Hay nuevos egresados talentosos que están insertándose en el circuito del cartel, por ejemplo, y están haciendo cosas buenas, pero vas perdiendo la referencia porque te mueves en diferentes sectores, y no te enteras. A veces veo un spot nuevo en la televisión que sé no es de Raupa (Raúl Valdés) y te preguntas quién lo hizo. Pero entonces las exposiciones vienen a salvar un poco esto, a través de cortes temporales ya sea en acercamientos al diseño industrial o gráfico, puedes valorar la calidad a la que se ha podido llegar, y lo que es posible hacer con lo que hay, las condiciones que tenemos.

NHP: Y pensando en el uso de las plataformas digitales como instagram, domestika, pinterest que han servido de espacio para la promoción de infinidad de creativos en el mundo, para movilizar la cultura visual, ¿cómo piensas que desde Cuba se puede aprovechar la web y las redes sociales para dar a conocer el trabajo personal o de un grupo creativo? ¿Es aún un terreno no explotado incluso por los diseñadores gráficos que a pesar de su formación comunicacional no apuestan por tener su propio website o es algo que va cambiando? Porque es muy difícil posicionarse en el marasmo de diseñadores que hay en el mundo y con representatividad en la web. Creo que tiene que partir de uno, como creativo, dar a conocer su trabajo. ¿Cómo van a llegar a Latinoamérica, al Caribe, a La Habana, a buscarte específicamente a ti?

MMH: Estas hablando con una dinosauria… (risas). Yo tengo mi sitio web, un poco atrasado, pero ahí está… Quizás no soy la persona más indicada para hablar de esto, porque soy muy dejada, casi un desastre en darle seguimiento. Porque ahora uno trabaja más en MAC y con determinados softwares, pero soy de la generación que todavía hizo muchos trabajos manuales y no digitales en su formación. La era digital realmente llegó al ISDi con el proyecto de los 30 softwares educativos para la escuela primaria, trabajo de tesis de mi año (2001 aproximadamente) y gracias al cual más allá de los sinsabores de las experiencias pioneras nos dio a todos una preparación para el medio digital que no habíamos alcanzado en los 4 años anteriores. Por otro lado, el tema del acceso a Internet más o menos generalizado no es hasta muy reciente, hace diez o quince años no teníamos ese chip incorporado de la necesidad de estar en la web, de verla como una plataforma importante. Y también eso lleva un esfuerzo, poner más de tu tiempo, una intención definida y una comprensión de lo importante que es para darte a conocer. Cada vez lo comprendo más, aunque sea un poco vaga a veces para mantener mi sitio web y mi instagram con dos fotos (risas). Pero creo que sí ya en los últimos tiempos las nuevas generaciones de diseñadores, dado el acceso y con el uso de determinada tecnología, sí lo tienen muy incorporado. A mí, reconozco, me cuesta trabajo, aun cuando comprendo que se ha vuelto vital, pero soy como el fumador que no quiere dejar de fumar, es siempre un esfuerzo extra crear ese spotlight sobre tu obra y como a nivel personal siempre me ha costado hablar de mi misma… Tengo que aprender a venderme (risas). Pero si a uno le gusta saber cómo es recibido su trabajo, para eso las plataformas digitales y redes sociales son muy inmediatas. Acerca también a mucha gente de otros lugares al tipo de trabajo que se hace en la Isla. Hay bienales que te envían correos para avisarte que van a suceder, y uno se va insertando poco a poco. A lo mejor estamos haciendo algo similar a otros lados, pero como el interés por Cuba y lo que está pasando acá aún sigue atrayendo a curadores e investigadores, este es un momento propicio. ¿Qué va a pasar en diez años cuando estemos como todo el mundo en las plataformas internacionales? Pues nada, seguir imponiéndose con el talento creativo de cada cual.

NHP: Ahora bien, cómo fluye el trabajo de un equipo creativo compuesto por cinco diseñadores (y amigos) como es el caso del Estudio Nocturnal.(DiseñoArte), al que perteneces hace tres o cuatro años?

MMH: A Nocturnal pertenezco no podría decirte de toda la vida, pero sí casi desde que me gradué si partimos que Nocturnal es un grupo de amigos que pasan mucho tiempo juntos, toman cerveza, y diseñan carteles (risas).

NHP: Es que conozco las campañas realizadas por ustedes para el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano (ediciones 40 y 41)… ¿pero son las muestras como La letra del año (Galería Villena, 2018) una de las líneas que seguirán desarrollando al nacer de un interés propio del Estudio y no de una demanda externa?

MMH: Sí, este tipo de proyectos nos gustaría mantenerlo eternamente, aunque ya las circunstancias irán diciendo si podemos seguir haciéndolo o no. Recuerda también que nuestro grupo es un poco raro, porque somos un Estudio, pero cada quien mantiene la libertad de sus propios trabajos y nos unimos para determinados proyectos. Y los Estudios de diseño funcionan en el mundo como uno, es decir, la marca del estudio. Pero con nosotros fluye bien, porque empezamos como amigos y llegamos hasta aquí. Hemos dado los primeros pasos pero tenemos aspiraciones de llegar mucho más lejos. De hecho, incluso, queremos algún día tener un espacio en el que podamos estar todos con nuestras máquinas trabajando de conjunto. Pero todo tiene su tiempo. Es un proceso. Creo que lo más importante es siempre tener un motivo para estar juntos y haciendo lo que nos gusta, que es diseñar, crear. Es la posibilidad de también poder experimentar. En estos proyectos de exposiciones  que hemos hecho, somos nuestros mismos clientes. Decidimos de inicio a fin lo que va a quedar, el resultado visual. 

NHP: Y como fin, ahora que estamos aún celebracimos los 500 de La Habana, ¿qué te incitó a crear tus Havaners? 

MMH: Pues Havaners es parte de uno de esos proyectos de exposición, en este caso cuando el Estudio Nocturnal se presentó en Fábrica de Arte Cubano durante la última edición de la Bienal de La Habana (en mayo pasado). Como un proyecto de diseño/arte muy abierto, partía de bocetos que cada uno tenía en sus libretas de apuntes para diversos trabajos (que podían haberse utilizado o no en carteles). Estos bocetos de cada uno nos los distribuimos entre todos y a partir de ahí había que hacer una propuesta personal. Como siempre que los temas son tan abiertos me entra miedo, aunque creo que necesito tener ese miedo para que algo me salga bien. Y un día hablando con Elisa (González) de las cosas que podía pensar para este proyecto ella me dijo que si me gustaba lo editorial que pensara algo relacionado con esto. Así, después de mucho pensar me llegó la idea… porque uno disfruta diseñar para alguien, convertir la idea o proyecto de otros en algo visual, pero a uno siempre le queda ese deseo de querer hacer algo enteramente propio desde el concepto a la solución visual. Porque uno siente que puede o cree poder… y por eso en Havaners uní dos estéticas: el cartel y el diseño editorial. Entonces, la primera idea partía de que cada boceto respondería a una portada de una publicación diferente. Como me apasiona revisar revistas de arte y de diseño internacionales y hay algunas cuantas que son muy definidas en su línea de diseño, lo pensé así. Cada boceto se convertiría en portada de una revista específica. Pero en mi búsqueda reparo en esa genialidad de magacín del New Yorker ‒qué artista no ha soñado ilustrar una de sus cubiertas?(risas)‒, y entonces en esa suerte de conexiones que la mente va haciendo llegué a nombrar mi propuesta Havaners (basándome también en la tipografía del magacín norteamericano). Havaners es eso, una parodia al New Yorker desde la Habana. Quiero que esto se vuelva un proyecto en sí mismo, llegar incluso a la propuesta de revista, una revista dedicada a situaciones de La Habana, a su gente ‒tenemos material de sobra (risas)‒, pero en el momento en que estaba concibiendo la serie de cuatro “portadas” con este nombre, pues tocó reorientar un poco el diseño dada la apropiación de los bocetos que era la base para la exposición de Nocturnal. Mi interés ahora es realizar al menos unas veinte piezas a modo de cubiertas, que tengan una vinculación más directa con La Habana siguiendo esta primera idea, e incluir la propuesta de publicación. Una publicación con un editor, escritores, otros ilustradores, etc, que si nunca será semanal (como el New Yorker), al menos intentar dos al año. Los diseñadores a veces sueñan más rápido que lo que pueden hacer. A mí me hubiera gustado que antes de acabarse los 500 años hubiera podido hacer una premier, y hubiera sido un bonito homenaje a esta ciudad, pero lamentablemente se tiene que vivir  con el tiempo y el contexto de uno, y no pudo ser. Pero bueno, La Habana siempre será La Habana… Creo que ese es el proyecto, en lo personal, que tengo como reto futuro, y no sé si para el año que viene o dentro de cinco o…

NHP: ¿Para el 505 tal vez?

MMH: Tal vez…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.