La Capilla Real de Milot

por Eddy Lubin y Didier Dominique

En Milot, norte de Haití y a unos 20 kilómteros de Cap-Haïtien, el conjunto de Sans-Souci fue edificado a principios del siglo XIX por el rey Henri Christophe. Respondía a la necesidad de concentrar alrededor de la residencia real lo esencial de las funciones administrativas de la monarquía, así como de las nuevas clases dominantes de su régimen. Con este conjunto, Henri Christophe iniciaba  la dinámica de una nueva ciudad, entonces interior, dada la posibilidad de un retorno ofensivo de los colonos, las aglomeraciones costeras representando una fuente de peligro para la nueva nación que acababa de conquistar su libertad a sangre y fuego.

Rodeado de montañas de exuberante vegetación, el palacio y sus dependencias están agrupados en un maravilloso anfiteatro de una superficie de 8 hectáreas. En su misma entrada, al este de la escalera de honor, está la Capilla Real. Dedicada a la Inmaculada Concepción, su  cúpula, de arrancada, imprime al sitio una identidad particular. De hecho, relacionándose con todo el medio-ambiente de su alrededor, lo impregna a la vez: hito de por sí. En realidad se podría decir que hasta le disputa la primacía espacial al palacio: en un respetuoso y escondido silencio, éste último parece depender de su buena voluntad.

Desde todos los ángulos, de día fuego como de luna cómplice, está siempre arborando su presencia, tranquila y segura. Sabiendo a cabalidad que, junto con las montañas abrazándola y el cielo tan cerca, el mate sonido de su cúpula recibe tanto como proyecta. Para nosotros que trabajamos en la restauración de este conjunto, más que un edificio, la Capilla Real es una relación sensual. La población lo sabe, quién rodea diariamente su presencia urbana de hojas misteriosas, bendición…

Pero es en su interior que se siente mejor su acogedora gratitud. Basta decir que, debajo de esta tan generosa cúpula, los cantos de jóvenes inspirados y de ancianos maravillados llegan seguramente al cielo. Visitándola y participando plenamente de su religiosidad tan expresiva ¿quién fue que se dejó tanto seducir en la misa de aquel primero de enero del 2020, con tranquila certitud, se dijo quedamente para sus adentros que sabía ya que, para ella, iba a ser el más lindo día del año?  ¿Anticipando así el crimen?   Que se deje gritar al silencio…

Según cierta hipótesis, esta capilla hace referencia a la arquitectura marina. De hecho, según reflexiones pertinentes, tiene un arco de círculo compuesto de pequeños ladrillos de madera que forma la base de su primera cúpula. De allí la imagen de un casco invertido de nave.

Casi completamente destruída por el terremoto de 1842, la capilla fue rehabilitada entre 1930 y 1933 por los ingenieros de los “Trabajos Públicos” del país que introdujeron un armazón de enrejado de madera permitiendo la puesta en sitio de la cúpula. Su pórtico está hecho de motivos de orden toscano, y  a cada lado del edificio, ciertos elementos parecen referirse a la masonería. Se trata del grado “Templier de Kadosh” que se encuentra también en el escudo del rey Christophe. Igualmente, el “Phoenix”, del cual siempre Christophe hacía su representación personal, también hace referencia a este grado masónico. No es casualidad entonces que, en el interior de la capilla, se encuentra la cruz de los Templarios.  Misterio revelado… Que durante siglos quedó obscurecido por la historia normativa.

El trece de abril de este año 2020, desaparecía en fuego un símbolo de la fe popular.

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