El teatro salva: títeres en la pantalla chica

Por Rey Pascual García

“Mamá ¿qué pasará cuando apaguen la luz?”, recuerdo haber preguntado hace muchos años, antes de una función teatral. La respuesta entonces, fue ver salir a los títeres de sus escondites para dominar la escena durante una hora. Recordar aquella pregunta infantil nos hace extrañar, a mi madre y a mí, el calor de las butacas, la luz y la música llenando el escenario, los coloridos personajes salir entre los telones, en fin, nos hace extrañar ese teatro. Y es que en estos días de necesario aislamiento social, los libros no alcanzan, las películas no llenan lo suficiente y las labores del hogar siempre dejan un resquicio para decir: “¡qué ganas de ver una función!”. Pero el teatro no se da por vencido y, como buen guerrero, afila su espada y alista su escudo, para sobrevivir y enfrentar la COVID19.

No pocas compañías de la América Latina han asumido el reto de reinventar una vez más la escena, para llegar al público. Desde unipersonales representados en las calles de México o en barrios de Venezuela para decenas de espectadores en los balcones de no pocos edificios, hasta la liberación de videos completos de importantes espectáculos a través de plataformas como YouTube o Zoom, como ha hecho Timbre4 desde Buenos Aires, o la transmisión en vivo, por streaming, de puestas en escena hechas desde la casa en casi todos nuestros países. Mi pregunta se transforma ahora en ¿qué pasará cuando se encienda la luz de la pantalla?

El teatro de figuras se mantiene a la vanguardia de este “re-inventar el juego teatral”. Desde Honduras, con muñecos, los actores de Ayuda en Acción, muestran en YouTube con una serie de videos, las medidas de prevención ante la alerta sanitaria. En México, el joven titiritero Mario Iván Martínez, unificó a las compañías Cabaret Misterio, La Titería y Hombre Bala Presenta, para convocar a la experiencia online Contando con mis amigos, que reúne a una treintena de artistas y cuyas producciones llegan a miles de espectadores cada semana. Si bien no es nueva la inserción del teatro en espacios digitales, incluso a la inversa, cuando las redes son parte importante de la técnica de las obras, quiero llevar la mirada a dos experiencias teatrales cubanas que han ocupado espacios de internet.

La primera, Un minuto con Pelusín del Monte, llegó a los niños de las manos de Teatro de las Estaciones, en Matanzas, y de su director Rubén Darío Salazar. En la propuesta, ideada originalmente como una “miniserie” de once capítulos, el pequeño guajirito Pelusín del Monte y Pérez del Corcho, hace un recorrido por la historia del teatro de títeres y sus hacedores en Cuba. Con el homenaje a Dora Alonso, por ser una figura clave de la literatura infantil de nuestra región y la creadora de este personaje, comenzó este programa que ya está presentando su segundo ciclo.

Cada día, durante un minuto, nuestro títere nacional cobra vida y nos sumerge en sus aventuras. Pelusín muestra su casa, su familia más querida y su “pandilla”, los fieles animales que lo acompañan. Así llega a los niños la historia de nuestro teatro: desde los hermanos Camejo y Pepe Carril hasta el equipo actual de las Estaciones. Y también nos inserta en el arte mundial cuando con maestría nos lleva a conocer los títeres nacionales de otras latitudes. Es característico en sus puestas cómo la música ambienta los espacios. Esta vez, la cocina, en donde lo mismo se aprende la receta del Boniatillo que se ensaya la clave cubana.

La serie continúa actualmente con una segunda temporada, con el subtítulo “Que no cierre el telón”, que se transmite los días habituales de función en la sede del grupo. A Peluso le encantan las historias y la nueva entrega lo complace con creces. Pequeños cuentos en verso son narrados por una joven actriz, ante la mirada del guajirito que de un lado para otro la ayuda a buscar elementos y personajes para llevar a feliz término cada relato. Este ciclo, además, puja por brindar a los niños lo mejor de la música infantil y nuestros géneros autóctonos. La saga ya estrenó su cuarto capítulo y aún falta mucho por descubrir y degustar junto a Pelusín y sus amigos.

Las numerosas respuestas, comentarios, reproducciones e imágenes de niños que siguen la serie demuestran cuan eficaz está siendo el trabajo de Rubén, María Laura Germán y Elizabeth San Juan, junto al diseñador Zenén Calero, en una serie que no solo invita a soñar, sino que también incita a crear, desde la casa, nuestros propios títeres.

La segunda de las propuestas llegó desde Granma, en el oriente cubano, de la mano de un grupo de teatro callejero que se re-inventa para hacer teatro desde la casa, sin perder la esencia y el dinamismo de la calle.

Desde el espacio Andante de Casa en Casa, el titiritero Juan González Fiffe al frente del Teatro Callejero Andante, preparó y estrenó, a través de Facebook, pequeñas obras para el disfrute pleno de toda la familia. El reto comenzó hace poco más de un mes con un montaje de El caballito enano. La puesta tomó como premisa el poema homónimo de Dora Alonso, y se convirtió en una sólida propuesta para el disfrute y aprendizaje de los más pequeños. Pirulí es un caballo muy pequeño al que nunca le ha importado su tamaño. Esa seguridad se esfuma cuando un hombre lo repudia por “no servir para nada”. Ante el dolor de sentirse inútil, emprende la larga búsqueda de un lugar donde ser completamente feliz. Esta historia enseña la importancia del crecimiento individual y la lucha constante por conseguir los sueños.

Su más reciente estreno Breve historia de amor, invita al espectador a sonreír sin pausas, frente al ocurrente enamoramiento de una ranita. La pieza, adaptación del texto Cuentos Patatos, de Niurkis Pérez, presenta las tácticas de una ranita enamorada para conquistar al toro con el que sueña, y luego de alejar a varios pretendientes de su misma especie. Es una situación sencilla y dinámica con buen ritmo durante los casi cinco minutos que dura la puesta. Lo que más agrada de esta propuesta escénica es la inventiva de los muñecos y espacios en que se representa. Utilizando frutas y verduras que se pueden encontrar en cualquier hogar del país, los actores narran esta historia desde sus cocinas. Hechos con pepinos y lechugas, aparecen la ranita y los sapos que la pretenden como esposa, mientras que dos berenjenas conforman las cabezas del Toro anhelado y su compañera Vaca. Como es costumbre en los trabajos de este grupo, la música es elemento caracterizador de los personajes, y crea un ambiente hogareño y cubano. Se escuchan rancheras que oían nuestros abuelos; con guitarra, maracas, clave y tres arman un rico son y la ópera es imitada por la protagonista para sorpresa de todos, que como el Toro, no creen “–que un animal tan chiquito pueda cantar tan alto–”

Los dos trabajos privilegian el ritmo, pues como fieles seguidores del teatro callejero, sus actores apuestan por una dramaturgia limpia y coloquial. Es un lenguaje natural que no distingue edades en los espectadores, entretiene y enseña a los infantes, y lleva a la carcajada a los adultos con precisos tics y cubanismos. Los discursos, como es habitual en el colectivo, son intervenidos por un narrador participante que hace las veces de personaje y guía del relato.

Ambas puestas constituyeron un desafío para los integrantes del colectivo teatral, que asumieron por separado, el diseño, la construcción y el montaje de cada escena, que luego serían unificadas por su director. Con El caballito enano y Breve historia de amor, Fiffe y Andante, se proponen llegar al corazón de la familia cubana, y por qué no, del mundo, para hacer más placenteros los días de encierro y alejar, por unos minutos la monotonía y las preocupaciones.

Ante propuestas como las de estos dos conjuntos teatrales cubanos, que más allá de  compartir su trabajo diario, dan luz a pequeñas producciones para la familia, hay que aplaudir. Más que mostrar videos completos de las puestas, estos colectivos regalan situaciones teatrales de varios minutos que exploran y avivan la creatividad. Con la etiqueta #QuédateEnCasa, estas pequeñas obras se suman al llamado que hacen creadores de todo el orbe. A ellas se suman los retos que día a día lanzan titiriteros y actores de la Isla. Destacan los talleres del retablo virtual del joven Yosmel López, del Guiñol Guantánamo, con los que enseña a niños y padres a confeccionar y manipular títeres de guante y marionetas; la experiencia Payasos a domicilio, llevada a cabo en Las Tunas por los integrantes de Teatro Tuyo, bajo la dirección de Ernesto Parra; o el estreno online de Entre quesos y ratones, de la agrupación habanera Teatro La Proa. Todas llamadas a seguir creando para hacer más ameno el tiempo en el hogar.

¿Qué ocurrirá cuando se encienda la pantalla?

Aunque nada sustituye el calor humano, la cercanía entre actor y público, la risa en la butaca contigua, desde lo digital la magia del teatro de figuras se convertirá en presencia viva en las manos de sus animadores. Los muñecos no aparecerán por entre las patas, sino por los bordes de la pantalla. No hay oscuridad sino la luz ambiente de nuestras casas para trasladarnos a otras muchas casas. El teatro resiste y seguirá resistiendo. Y nos enseña a disfrutar de lo lúdico mientras se aprende, cada día, algo nuevo. ¡Porque #elTeatroSalva!

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