La cocina de Elisa: mujer y teatro desde Argentina

por Rey Pascual García

Cocinando con Elida, Teatro del Pueblo

En estos días de aislamiento, mientras revisaba las páginas de Conjunto, nuestra publicación especializada de teatro latinoamericano, me reencontré con un texto teatral, que aporta muchas luces para entender la creación dramatúrgica femenina en la contemporaneidad argentina. Se trata de la pieza Cocinando con Elisa, que abre el camino de la escritura teatral para la poeta, ensayista y escritora para niños Lucía Laragione.[1] La autora ha recibido premios en todo el continente e integra el consejo de la prestigiosa Sociedad Argentores. En los números 143, 145 y 147 de la revista, pueden encontrarse análisis sobre la obra y en más de una decena, innumerables referencias a este texto y a la labor creativa de su autora.

Compartir la relectura de esta pieza, a veintiséis años de su estreno y publicación, no solo llena de goce, sino que invita a la reflexión sobre la institución familiar. No pocas de sus claves e imágenes habrán quedado en la mente del lector, al llegar al último parlamento. La trama, bastante lineal, pero certera, se desarrolla en una única temporalidad indefinida, solo marcada por su ubicación en una cocina.

La inesperada llegada de Elisa, la joven ayudante, pone en riesgo la tranquilidad y el trabajo de Nicole, quien desde hace años tiene a su cargo el mando de la cocina de la gran estancia. Mientras la inexperiencia de la novata se hace cada vez más notable y su ingenuidad y juventud invaden la tradicional cocina, la rabia se apodera de la vieja, quien maltrata a su ayudante y torna su aprendizaje en una tortura. Con el correr de los días y las recetas, se irá construyendo una relación tormentosa, en la que se exploran los vínculos de poder, los celos, la envidia y las emociones más ocultas de estos personajes, y nos permitirán echar un vistazo en el recóndito mundo de las miserias humanas.

Más conocida por sus escritos destinados al público infantil y juvenil, la autora obtiene con Cocinando con Elisa el Premio María Teresa León, instituido en España solo para la producción dramática femenina. Escrita en 1993, la pieza ve su estreno en 1995 en la sala La Cuarta Pared, en Madrid, bajo la dirección de Juan Antonio Hormigón. Dos años más y Laragione vería su estreno en Buenos Aires, en la sala de Teatro del Pueblo, con actuaciones de Norma Pons y Ana Llovino y dirección de Villanueva Cosse. Ha publicado además los volúmenes: Amores que matan (1997), Tratado universal de monstruos (1999), El loco de Praga (2007), S.O.S. Gorilas y El mar en la piedra (2011)y Diario de un amor a destiempo (2014). Aparece en múltiples compilaciones de dramaturgia argentina y de dramaturgia femenina latinoamericana. Se encuentra vinculada además a La escritura de la/s diferencia/s: Bienal Internacional de Dramaturgia Femenina.

Lucía Laragione

Esta pieza se caracteriza por presentar “una visión cuestionadora y didáctica sobre la vida social argentina” y por entablar “una relación intertextual irónica” con el pasado. Es importante mencionar la semejanza con la novela emblemática El matadero (1840), de Esteban Echeverría, que se evidencia en el parecido entre los espacios de ambos textos: cocina y matadero, sin olvidar la insistente referencialidad a la sangre, los animales muertos y sus sacrificios.

El texto se enmarca dentro de la estética del realismo, está lleno de nexos con los cruentos años de dictadura militar en Argentina (1976-1983), lo que marca la caracterización de los personajes, con biografías que aunque quieran, no pueden ocultar; el empleo del enfrentamiento persona-persona, que se acentúa gradualmente hasta el terrible final, y, el valor dramático que toman los acontecimientos que se suceden fuera de la cocina, como la muerte de Elisa o la de Monsieur.

Uno de los rasgos sobresalientes radica en el extrañamiento que se genera en el lector/espectador frente a las prácticas violentas de Nicole con los animales que usa para cocinar. Lo impetuoso de la labor, atribuida culturalmente a la mujer, le añade un enfrentamiento a la figuración tradicional de lo femenino. De esa manera, la autora instala una imagen del hombre familiarizado con la muerte, la sangre, la violencia de destripar, mutilar, quemar y desollar animales muertos. Las recetas a la francesa se transfiguran en un ejercicio de la muerte. La muerte por todas partes durante la dictadura es simbolizada desde una práctica tan cotidiana como la cocina.

El texto de Laragione se mueve desde la ambigüedad y la contradicción con un adelgazamiento casi absoluto del componente didáctico. El que nunca quede claro el porqué de la muerte de Elisa, y esencialmente la relación entre su asesinato y el robo de su hijo recién nacido, vuelve al argumento más perturbador y efectivo. A pesar de que en la obra no se dan referencias respecto a la temporalidad en que se desarrolla, son evidentes las alusiones a la dominación, el terror, lo sangriento, el asesinato y el robo de infantes, todas, marcas imborrables de la dictadura.

Desde lo icónico de la cocina (único espacio de representación explicitado en el texto) cada  agresión de Nicole a Elisa alude a los miles de ejemplos de dominio y tortura, practicados por el militarismo. A su vez, el servilismo de Nicole a Madame y Monsieur (dueños de la casa) añade un nivel más de significación, convirtiendo la cadena de mando Señores-Nicole-Elisa, en una función centralizadora del poder militar. Los dueños de la casa son, además, los únicos que siempre tendrán permitido los placeres y perversiones: las diversiones sexuales, el acoso a las criadas por parte de Monsieur, los viajes, los hijos.

La recurrencia en las imágenes de la pieza son visibles muestras de una dramaturgia cargada de crueldad sutilizada, como lo es una de las primeras didascalias: “De una liebre colgada de la viga cae sangre sobre el rostro de Elisa”. Dicha anotación es repetida, como última acción de la obra, “…Nicole empuja el cochecito hasta colgarlo debajo de una liebre que cuelga, desangrándose”. Se convierte en el símbolo del retorno eterno, de esa vuelta al principio, de un futuro que augura para el bebé, quizá, una vida de cocina y manos manchadas de sangre, que no es sino un paralelismo a la mancha circular de la dictadura y a un pasaje bíblico: Del polvo venimos y al polvo retornaremos.

Solo Nicole y Elisa intervienen en el texto. Los dueños y Funnes (otro criado de la casa, que se encarga de los animales) amén de que participan en la historia, no se mostrarán nunca físicamente: la verdadera clase dominante nunca se verá expuesta. De ahí que Nicole, no solo sea en realidad Nicolasa, una negra cocinera criolla, sino que asuma además un origen francés y una posición autoritaria y dictatorial, copiada de su vínculo más o menos directo con los códigos de comportamiento de los dueños de la casa. Funnes, por su parte, es solo el personaje a quien se le encarga el trabajo sucio (robarle el niño a Elisa cuando esta muere).

Aunque los hechos con los que limita, desde la metáfora, la obra, han quedado en el pasado y el recuerdo, el texto también invita, desde una mirada moderna, a reflexionar en cuanto a la posición impuesta de la mujer al mando de la cocina. La pieza es femenina en todas sus vertientes. Los conflictos de la maternidad, el cómo la vejez muestra una previsión de ser dejada a un lado, y los constantes acosos son problemáticas que afectan hoy día de gran manera a las mujeres.

Ambas mujeres son como los tordos o las vacas que ellas mismas cocinan. Y es esa misma metáfora, la que habla del control de la dictadura sobre la nación argentina. Toda la nación se convierte en ganado que es llevado por los señores, los dueños de la casa. Hoy día, todo ha cambiado, ya no hay dictadura, pero sigue habiendo lucha diaria y complejas desigualdades. Por eso esta obra brinda un punto desde el que construir una memoria del pasado y, a su vez, prever nuevos tipos de futuro.

Cocinando con Elisa no solo marcó la trayectoria teatral de su autora sino que se convirtió en uno de los textos de la dramaturgia femenina argentina más leídos y representados.


[1] Cocinando con Elisa apareció en la antología Nuevo teatro argentino: dramaturgia(s), con selección y comentarios de Jorge Dubatti y Vivian Martínez Tabares, Fondo Editorial Casa de las Américas, Col. La Honda, La Habana, 2006.

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