«Haroldo Conti sabía que estaba amenazado y era probable que lo mataran, pero siguió peleando acá porque este era su lugar»

Por Mario Hernández

Entrevista a Silvio Schachter del Consejo Editor de la revista ‘Herramienta’

M.H.: Silvio tuvo el privilegio de tener como profesor a Haroldo Conti. Desaparecido el 5 de mayo de 1976, se cumplieron 44 años. ¿Qué recuerdos tenés de Haroldo?

 S.S.: Yo lo conocí cuando cursaba el segundo año del colegio secundario, en el Nacional Nº 5, Bartolomé Mitre, en el Abasto, cuando todavía era un mercado y no un shopping, y le daba toda una impronta al barrio.

 Para mí el encuentro con Haroldo en esa instancia, como profesor, fue una epifanía, una iluminación. Imaginate que era un colegio de varones, con una cantidad de docentes aferrados a códigos estrictos de disciplina y textos anquilosados. Recordarás que en esa época los libros duraban 10 o 15 años porque no cambiaban nunca la historia. Muy apegados a la nota, al programa, poco innovadores y de golpe encontrarse con un personaje como Haroldo fue muy impactante.

 Éramos muy jóvenes, teníamos 14/15 años. De entrada cambió los códigos para todos nosotros, dijo ‘acá no hay textos, no hay notas, los que cumplan con ciertas pautas tienen la nota puesta. Lo único que pido es que presten voluntaria atención y participación’.

 El trabajo consistía básicamente en recortar artículos de los diarios y revistas que nos parecieran interesantes de la situación sociocultural y política del mundo, y él aleatoriamente llamaba a alguno de los alumnos y le empezaba a preguntar cosas sobre lo que había recortado. Eso era un disparador de debate impresionante.

 M.H.: ¿En qué año?

 S.S.: En el 1966. Mi madre tenía una gran militancia, mi tía, la hermana mayor de mi madre estaba en Santiago de Cuba como médica apoyando la revolución, había un clima en mi casa muy favorable y que me influyó para ser muy receptivo de lo que Haroldo planteaba en ese momento. Nos hablaba de los trabajadores, de la gente más humilde, de la guerra de Vietnam, la Revolución Cubana. Eso en un colegio con formas envejecidas de educación era revolucionario, esperábamos la clase con él.

 Un colegio secundario que como el resto, salvo excepciones como el Nacional Buenos Aires, todavía vivía en el Siglo XIX. En ese año se dio la particularidad que Haroldo recibe el premio en Veracruz por su novela Alrededor de la jaula. Ese viaje coincide con las vacaciones de invierno del colegio, se despide de nosotros hasta después de las vacaciones y en ese receso se da el golpe de Estado de Onganía que un mes después pasó por la famosa y siniestra «Noche de los bastones largos» y que hizo mucho hincapié en todo el tema cultural y educativo, con la censura, con un perfil clerical, corporativo y fascista, generaba una política de mucho control y vigilancia a lo cultural.

 Nosotros estábamos a la expectativa de qué iba a hacer Haroldo. Vuelve a clases sorprendentemente igual que antes, siguió manejando esos temas a pesar de que en el colegio ya se sentía mucho el rigor disciplinario, un nuevo enfoque de muchos profesores, la rectora del colegio que era más abierta había sido reemplazada por un interventor de corte clerical, etc.

 Rescato esa actitud de Haroldo de seguir sosteniendo su postura ética frente a lo que tenía que ser la enseñanza y la educación, saber de la influencia que eso tenía en nosotros. Una influencia que para mí y para muchos de mis compañeros duró a lo largo de todo el secundario y mucho más. Un dato interesante es que no hizo ninguna mención del premio que había recibido, solo dijo que tenía que viajar a México. Eso da también una pauta de dónde ponía el acento, su humildad.

 Así que ese fue mi primer contacto, después seguí leyendo sus libros, poemas, cuentos, en alguna oportunidad lo crucé en alguna actividad y después quiso la vida, que cuando lo secuestran en la calle Fitz Roy al 1205, esquina Castillo, yo estaba viviendo en Fitz Roy y Paraguay a unas 8 cuadras. Una coincidencia fortuita.

M.H.: Llama la atención que en aquella reunión convocada por el dictador Videla, a la que asisten Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato el único que se preocupara por la situación de Haroldo Conti fuera el padre Castellani que estaba en sus antípodas ideológicas.

 S.S.: Es conocido que él nació en Chacabuco, allí adquirió parte de su pasión por la literatura porque su padre, que era un vendedor ambulante, cuando encaraba a algún cliente acostumbraba contar cuentos. Él lo acompañaba y empezó a tener esa pasión.

 La segunda es que cuando viene a un colegio religioso en Ramos Mejía, como era un internado, no tenían televisión ni cine, entonces para entretenerse los fines de semana hacían funciones de títeres para los chicos y él era el encargado de hacer los libretos.

Esas son dos experiencias que lo formaron y ahí es a donde conoció al padre Castellani, que a pesar de estar en las antípodas, hubo una relación personal de afecto, por eso Castellani plantea el tema. No lo plantearon Sábato ni Borges. Sí Ratti que también estuvo en esa reunión, y era el Presidente de la SADE, reclamó por su caso y después siguió reclamando por los casos de «Paco» Urondo, Rodolfo Walsh, etc.

 Son conocidas las circunstancias en las que lo secuestran, él volvía del cine, había ido a ver «El padrino II», era un amante del cine, de hecho había sido crítico cinematográfico en un momento de su vida, había participado de la fundación del Cine Club Buenos Aires, en un guión de una película, era muy afecto al cine. Vuelven a su casa y a la media noche lo estaba esperando una patota que lo golpeó, le destruye la casa, le saquean los sueldos que había cobrado en esos días, destruyeron todos los originales de su obra.

 M.H.: Pero no estamos hablando solamente de un escritor, hablamos de un militante comprometido.

 S.S.: Sí. Él tuvo un viaje clave para su militancia que fue cuando lo invitaron a Cuba de La Casa de las Américas a ser jurado en 1971. Después en 1975 le premian su libro Mascaró. El cazador americano y a partir de esa relación con Cuba mantiene una relación de enorme afecto con la revolución cubana. Y él mismo dice que fue en ese viaje de 1971 cuando su perspectiva de América Latina cambió y decide no solo militar con la pluma sino incorporarse a una fuerza política, el PRT, al cual él aporta más desde la lógica y su actividad intelectual. No formó parte de ninguna organización armada concreta, pero sí siguiendo mucho el concepto de la lucha guerrillera.

 Había recibido amenazas de la Triple A por su propia militancia, que ignoró. Hay una carta que le escribe a García Márquez pocos meses antes de que lo secuestren. Había conocido a García Márquez porque fue parte de un jurado que premia uno de sus textos y a partir de ahí mantiene un vínculo epistolar bastante constante y le cuenta que sabía que estaba amenazado y que era probable que lo mataran, pero que este era su lugar y que iba a seguir peleando acá. A pesar de que García Márquez le plantea que se vaya, conociendo los peligros que corría.

 M.H.: Una relación muy especial con el Tigre y también Rodolfo Walsh. De alguna manera me ubica mucho porque mi compañera tiene una casa en el Tigre a la que vamos desde hace muchos años. Vi en estos días «Homo Viator», la película sobre Haroldo Conti donde está muy presente el Tigre.

S.S.: Él era piloto civil y en uno de sus viajes recorre el Tigre con el avión que piloteaba y queda fascinado. Decide a partir de ese momento conocer más sobre la situación del Tigre y compra su casa en el Arroyo Gambado, muy cerca de la estación terminal, es un desvío del Sarmiento.

Yo también tengo casa en el Tigre, sobre el Arroyo Espera, un desvío del Carapachay. Estoy perdiéndome el otoño ahí, hay una paleta de colores fantástica en esta época. Se llena de ocres, marrones. Yo llegué al Tigre mucho tiempo después, cuando él ya estaba secuestrado y desaparecido y viviendo ahí entendí mucho mejor su pasión por las islas, entendí mucho mejor su novela Sudeste que ocurre más en la zona de San Fernando, en Las Anguilas, en su cruce con el San Antonio, una zona que él mismo decía que estaba igual que hace 300 años. Lamentablemente hoy ya no es así porque el negocio inmobiliario está arrasando con esa zona, ya los vecinos de la zona han hecho acciones para enfrentar la poda indiscriminada, etc.

 Pero sí, él era un hombre apasionado por el río y en esa novela lo expresa muy bien, si bien el Boga es el personaje principal, para mí el personaje principal es el río y la isla.

 Esa es su primera novela, que para muchos es la mejor, a mí me gusta más Mascaró pero Sudeste me parece una gran novela.

 M.H.: ¿Querés agregar algo más?

 S.S.: Se podrían decir muchas cosas de la vida de Haroldo, hay dos datos que me parecen fundamentales, primero que una de las personas que dirigió todo el operativo de su secuestro fue un infiltrado del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, que se presentó varias veces en su casa como un militante del PRT que necesitaba refugio y Haroldo en su actitud solidaria y hasta ingenua, lo recibió en su casa mucho tiempo.

 Este personaje que luego dirigió el operativo, fue reconocido por la mujer de Haroldo, lo detuvieron en Suiza porque tenía pedido de captura. Los hijos mayores también reconocen haberlo visto muchas veces en su casa. Lamentablemente este personaje en 2015 fue absuelto junto con otros agentes de Inteligencia, por un tribunal en lo criminal.

 Un dato que por ahí no todo el mundo conoce pero hay que saberlo porque este hombre creó una empresa de seguridad privada en San Juan que se encargó de la seguridad privada de la Barrick Gold a partir de 2006 hasta el 2013 que estuvo en San Juan.

 M.H.: ¿Tenés el nombre?

 S.S.: Se llama Rubén Orlando Bufano. El otro dato que pinta mucho la personalidad de Haroldo y los intelectuales de la Revista Contorno, los hermanos Viñas, Rozitchner, etc., es que cuando sus novelas empiezan a ser premiadas le ofrecen la beca Guggenheim y la rechaza y en la carta explica que esa institución es parte de un sistema de colonialismo mediante el cual EE UU ha manipulado a toda América Latina.

 No se me ocurre pensar en ningún artista ni intelectual que hoy en día estuviera dispuesto a rechazar una beca así. Lo toman como un lugar de prestigio, a pesar que la función de esa beca sigue siendo la misma. Pero él tuvo esa actitud que para mí pinta la personalidad de los intelectuales y militantes de esa época.

 M.H.: «Paco» Urondo, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti. Alguna vez en este programa Héctor Freire dijo que si hubieran nacido en EE UU estarían vivos. Porque no solamente fueron militantes revolucionarios sino grandes intelectuales que lamentablemente no supimos preservar.

 S.S.: Coincido, por eso creo que es muy importante no solo recordarlo como víctima por todo lo que fue, por su significado y su trayectoria.

 M.H.: No solo fueron grandes intelectuales sino que también fueron grandes militantes revolucionarios.

Tomado de Rebelión

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