Caliban canta Cannabis, baila mandala, ora pro novis

por Hildebrando Pérez Grande

Roberto Fernández Retamar junto con Hildebrando Pérez Grande

Para Roberto, ¡por supuesto!

Con su dolor abierto en cruz y el pecho en llamas

Nicolás Guillén

Sombras insospechadas cubren nuestros horizontes, y no se avizoran

Luces amables sobre los asustadizos promontorios

Que por ahora nos liberan del exterminio planetario. Mastico

La hoja sagrada con unción para descubrir algún presagio de vida:

Vuelvo al ritual de mis ancestros y en medio de las ofrendas

Apareces radiante como un fósforo unánime pero con la boca seca

Y la voz bronca y hablas de renacimientos, de tintes naturales,

De ríos luminosos y arcoiris que no se compran en los mercados y pájaros

Cuyos cantos arrullan el alma matinal de los labriegos. Nunca prometiste

Delirios, constelaciones de barro, vagos carruseles de nostalgias, cirios

Que se prenden y se apagan al vaivén de fortunas malhabidas. Nunca dijiste

«Éramos felices», hasta que la tempestad arrimara aquel barco maloliente

Que buscaba prosperidad en nuestras costas. Sin embargo, hablaban

Tus silencios, tus cicatrices y sabías de tristezas infinitas y rabias

Contenidas y palomas extraviadas y retamas florecientes. Yo te vi danzar

Dichoso alrededor de la hoguera que ofrezco por las noches a mis dioses

Tutelares: bailabas un danzón, un joropo saltarín, un huaynito y una milonga

Arrabalera mientras mostrabas tu viejo facón, dulzura de tus celos.

Vimos que los zorros de arriba olfateaban dónde carajo aposentar sus garras

Y su lengua, old fashion, que en verdad ya hemos hecho nuestra, y ahora verás

Que todo es mentira, incluso las palabras que son tan sólo un santo

Y seña, una brújula, un talismán para iluminar los oscuros huracanes

Que vienen de la mar cuando están en saliva ajena, piltrafas

De un no amor. Bien sé que ahora muerdes con dulzura las orejas,

El cuello, el vientre de los días por venir, realidad o deseo, mientras

Un caballo sin bridas ni mordazas pregunta no lejos del malecón si va bien

Y un gentío entre los que tú y yo apenas somos una brizna metálica o

Una ráfaga de girasoles grita que sí. Y se ha echado a andar.

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