Paco Ignacio Taibo II sobre Retamar

Lo conocí leyéndolo cuando circuló entre los grupos de la izquierda urbana su poemario y me dejó con la boca abierta su “para fechas vacías que veremos arder.” Y lo seguí fielmente como se sigue a esa legión de hermanos mayores que leímos en esos años.

Creo que nos volvimos a ver cuando fui jurado del Premio Casa de las Américas y tuve la suerte de escucharlo leer el poema que le escribió a su padre. Con mi habitual falta de respeto le dije: “Coño tu eres un gran poeta, hace mucho que no lloraba en público.” Ese poema me ganó para siempre.

Nos vimos muchas veces en los siguientes años. Me ayudó enormemente a que mi Che se editara en Cuba y en la Casa de las Américas se presentó y se regaló, con él en la primera fila gozando su victoria, con esa mirada maliciosa, que usaba a veces cuando iba en papel de genio malvado.

Le hice extraños favores, como mandarle colecciones de novelas policiacas a una hija que tenía haciendo el servicio social en África.

Lo entrevisté decenas de veces para los documentales de la serie de “Los nuestros”.

Y carajo, no se me olvida. Me visita en las noches y me lee poemas.

Confirma una teoría que he estado fraguando a lo largo de los años: “Viejos rojos, viejos rockeros, viejos poetas” nunca mueren.

Paco Ignacio Taibo II

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