Teatro, pantallas y pandemia

por Pedro Celedón

Escribo desde Santiago de Chile, ciudad que posee el dramático record de estar entre las tres que lideran la expansión del Covid 19 en Latinoamérica,  su vez la novena a nivel mundial, por lo que comprenderán que es casi inevitable sentirse un neo-medieval sitiado por la peste y atisbando su cotidiano desde ventanas semi-cerradas, pero dado lo adentrado del siglo XXI, con pantallas muy abiertas.

Nuestro cuerpo/ciudad se extiende sobre un escenario de 5.403 km cuadrados y acoge a 7.037.000 millones de habitantes, entre los cuales (me permito afirmar) las artes escénicas son valoradas, lo que se mide en 38 escuelas y centros académicos de formación teatral, 74 locales que por los medios ofrecen regularmente obras, la presencia de programas en la educación escolar, centros culturales e incluso en áreas de la salud, por lo que no es extraño que en tiempo “normales” público y artistas se encuentren regularmente, tanto en los espacios antes señalados como en los que en forma efímera se organizan para festivales en diversos periodos del año.

Lamentablemente la solidaridad, el entusiasmo y sostén de esta masa crítica que acompaña e integra el hacer teatral, no se replica en el apoyo que recibe desde el Estado y la empresa privada, instancias más bien mezquinas en otorgar recursos serios para la investigación y difusión de trabajos que lo ameritarían. Por las pantallas hemos vistos los esfuerzos por construir una red nacional de compañías de teatro, la cual asumió la urgente tarea de evidenciar la actual perdida de funciones y programas comprometidos por aproximadamente 500 grupos. Levantaron información y la llevaron a las instancias gubernamentales y políticas correspondientes.

Pasa el tiempo, los proyectos incluso vendidos no pueden realizarse y los artistas continúan sin respuesta alguna, a pesar de que la crisis del sector se viene gestando desde el estallido social del pasado 17 de octubre (2019), contexto que hizo casi imposible mantener actividades en varios de los ámbitos sociales en que participamos, aunque durante las manifestaciones en las calles el teatro permitió que alguno de los grandes reclamos y urgencias ciudadanas ganaran estatura, enriqueciendo el discurso simbólico con gran eficiencia de época, pudiéndose sintetizar esta fuerza en la performance de carácter participativo del colectivo Las Tesis, Un violador en tu camino, de amplia repercusión mundial y que en estos días, por las pantallas nos informamos que el Estado a través de carabineros las acusa judicialmente por incitar a la violencia desde el discurso simbólico de su arte.

Es oportuno señalar que no he visto por las pantallas que frecuento, ningún gesto de arrepentimiento, ni discurso sentido, ni disculpas, ni la correspondiente desvinculación sistemática de sus filas a los carabineros responsables de mutilar en solo tres meses, a más de 360 chilenxs, disparándole balines a sus ojos a sabiendas por instructivos internos de su propia institución del daño que causan.

Refocalizando territorialmente este texto a las pantallas santiaguinas en tiempos de pandemia (Las Tesis son de la V Región), estas sí nos han permitido vivenciar discursos sentidos, gestos de arrepentimiento, disculpas e incluso la amenaza de una desvinculación masiva en el ámbito del teatro, puntualmente en sus circuitos formativos. Tengo contacto y puedo dar información de primera mano de un circuito de nueve escuelas que congregan a unos mil doscientos estudiantes, que al igual que los mil trecientos ochenta y tres millones (según cifras de la ONU) a nivel mundial, se han visto forzado desde el inicio del año académico a un distanciamiento que evidentemente modifica su sistema de enseñanza/aprendizaje, imposibilitando la fértil sinergia del aquí y el ahora con cuerpes presenciales.

Ante ello se levantaron voces desde pantallas que por una parte reclamaban y reclaman por una rebaja en los aranceles para estudiar, (en Chile como muchxs sabrán la educación es 100% pagada), en tanto que discutían profunda y sentidamente sobre si era posible o no estudiar/hacer teatro en las actuales condiciones. Lo interesante de esto ha sido el ver cómo, desde un tajante y masivo Teatro-ahora-no, las voces fueron emigrando hacia un por ¿qué no?, hasta penetrar en el territorio del sí y entregarse a la búsqueda de nuevas estrategias para que este arte amante del contacto directo entre sus ejecutantes y el público, pueda seguir creciendo y participando con sus poéticas en una sociedad que sufre la plena extensión de una pandemia que cobra vidas y generaliza pobreza.

Han sido muchas horas de pantallas con diálogos encendidos en asambleas de la comunidad académica en su conjunto, sin embargo, el paso que nos llevó a continuar las instancias de formación lo adjudico no solo a la escucha de todxs en los debates, sino que en gran parte a la actitud de profesionales que desde sus roles académicos y sobre todo desde su práctica creativa, instalaron con convicción el hecho de que Teatro se ha hecho aun en las peores pesadillas que ha vivido el ser humano, causadas por la naturaleza o por acción de nuestra (hasta ahora) infatigable imbecilidad.

Entre esas voces está la de Bosco Cayo, (director y dramaturgo) que desde una pantalla convocó a su curso de egreso de la Universidad Finis Terrae, invitándolxs a dar vuelta la idea, y poner el foco en los cuerpos de actores y público que, al unísono, participan de una acción teatral construida desde la fragmentación del espacio, pero ensamblada en la recepción.

Esta invitación a tensionar recursos para explorar el teatro que desde las pantallas entregamos, se ha extendido en el Santiago de hoy a través de ejercicios como el que ofrece la Municipalidad de Renca en alianza con el Teatro del Silencio (con sede en París), en el cual acogen entrevistas y análisis en un tono bastante íntimo, demoliendo distancias y lenguaje periodístico. Otro ejercicio de notable es el desafío del Centro Cultural Gabriela Mistral, que en estos días mantiene en cartelera virtual por 40 funciones la obra Mentes salvajes escrita para ser vista en Zoom por Marcus Lindeen (dramaturgo sueco), dirigida por Víctor Carrasco y que cuenta con las actuaciones de Paulina Urrutia, Héctor Noguera, Francisca Gavilán Natalia Valdebenito y Gabriel Cañas, con buena acogida desde la crítica y de un público que puede acceder desde cualquier punto del planeta, lo cual a pesar de los pesares no puedo dejar de celebrar.

Un comentario

  1. Gracia Pedro.
    El teatro no puede detenerse ni menos nosotrxs ser partícipes de ello.
    La academia y su práctica creativa no puede congelarse y dormir hasta esperar mejores tiempos para hacer teatro.
    Si fuese así, no existiríamos.
    El teatro no va a cambiar, se van a incorporar tecnologías que lo van a alimentar.
    Un abrazo desde Santiago de Chile al mundo teatral.

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