Teatro argentino para leer: El miedo, o ese lugar llamado La Chira

por Rey Pascual García

La Chira es el miedo, son las ganas que tengo de aprender a sembrar tulipanes para espantar los malos olores. La Chira no es una playa, es algo más, siempre más que solo ese lugar donde la dramaturga argentina Ana Longoni conoció el miedo. La Chira es un espacio. Solo un espacio. Un espacio para el miedo.

La lectura de La Chira (el lugar donde conocí el miedo) (2004), siempre va a ser un intento a medias, lectura que se transforma, con la primera palabra, en un ejercicio de creación. No se puede hablar en la obra de una estructura cerrada o al menos pautada como una consecución coherente de sucesos. La pieza se inserta en el movimiento que el crítico e investigador Jorge Dubatti definiera como “nueva dramaturgia argentina”, que incluye a los autores teatrales que estrenaron a partir de la década del 90 y en cuyos textos abordan de diversas formas el escenario que emergió tras la dictadura militar.

De ahí que la lectura se transforme en una construcción dinámica del espacio de representación, que, al igual que los personajes, se desdibuja constantemente. Una mesa, una silla, una palangana, botellas, habas y una pantalla, son los elementos que la autora inserta en el texto. La Chira… partió de poemas antiguos de la autora, que la directora argentina Ana Alvarado organizó en lecturas con sus actores. Precisamente por ser estructurado desde y para el ejercicio escénico, la pieza da la posibilidad de ir construyéndola al mismo tiempo en que se lee.

Ana Longoni, nacida en La Plata en 1967, es escritora, dramaturga, investigadora del CONICET, profesora de la Universidad de Buenos Aires y doctora en arte ​que se ha especializado en el cruce de arte y política en la América Latina y, en especial, de Argentina desde mediados del siglo XX hasta la actualidad.

El texto se estrenó en el Teatro del Abasto, en la ciudad de Buenos Aires en 2004, por el grupo Panthalasa, bajo la dirección de Ana Alvarado. Forma parte de la antología Nuevo teatro argentino: dramaturgia(s), preparada por Jorge Dubatti y Vivian Martínez Tabares y publicada por la Casa.[1] Con motivo de la publicación de este volumen, se presentó en 2007 una versión de la puesta en escena en la Sala Hubert de Blanck, a cargo de la actriz Ana Martone y bajo la dirección de Alvarado, durante la XVI Feria Internacional del Libro de La Habana, edición dedicada a Argentina. Actriz y directora, fundadora del Periférico de Objetos, Ana Alvarado es una de las más importantes directoras teatrales de Buenos Aires y notable especialista en teatro de objetos.

Una reseña titulada “La Chira. Naturaleza viva con miedo”, de Jaime Gómez Triana,sobre esta puesta en escena, puede leerse en el número 144 (jul.-set. 2007), de la revista Conjunto. Mientras, en el n. 154-155, (oct.-dic. 2010), en el resumen La Casa tomada por el teatro, del II Encuentro de Jóvenes Artistas Latinoamericanos y del Caribe Casa Tomada, aparecen las reflexiones de Longoni sobre el texto y su proceso de montaje.

Los cinco entes que viven en La Chira…: el Hermano mayor, el Hermano menor, la Mujer-Hombre, el Papá Noel embarazado y una bruja torturada, se desplazan por un ambiente de alucinación donde conviven sueños y pesadillas. Ambos cargados de una fantasía creadora que aleja la lógica diaria, interrumpida por la aparición de un surrealismo marcado que hace difícil distinguir qué es realmente lo verdadero y qué es lo ficcional. De esta forma, la vida real de la autora y la vida mostrada en la escena se desplazan constantemente en el texto.

Al finalizar la lectura es imposible reconstruir un relato único sobre la condición del exilio, debido a la multiplicidad de relatos y experiencias de varias personas que se suman a la propia historia de vida de Longoni, quien tuvo que irse junto a su familia a Perú en 1976. Así La Chira… más que un producto autobiográfico, es un relato en colectivo de múltiples voces. Su estructura se aleja de lo épico de relatar la memoria y asume la fragmentación como operación que presenta cada una de las vidas. Estos fragmentos rotos, dispersan su entendimiento como una línea cronológica de sucesos, lo que nos lleva a vaciar de sentido tanto el tiempo en que trascurre como la espacialidad. Los personajes habitan un no-tiempo y un no-espacio, que a su vez se convierten en no-vidas, en las que nunca hemos de saber cuándo han ocurrido los acontecimientos, o si están ocurriendo en el preciso momento en que son leídos. Aunque se hagan varias referencias a Perú con datos precisos del exilio de Longoni, en la pieza no se asume un lugar determinado, sino un espacio escénico en el que interactúan las distintas atemporalidades.

Las imágenes ocupan un importante lugar en la obra. Como diapositivas –que, curiosamente, también forman parte del texto publicado–, se presentan situaciones familiares que registran momentos felices y de descanso, y de la playa La Chira, en Lima. Es en ese lugar –que en realidad sí existe– donde se organiza, pero no estrictamente donde se desarrolla, la “historia”, que cuenta Longoni.

Todo el texto está cargado de incertidumbres y no ofrece una terminación del relato. La obra progresa en la mente del lector/espectador al intentar organizar por sí mismo la experiencia de la dictadura militar y el exilio. La memoria se confronta con la ficción para completar la obra. Vale la pena aventurarse con La Chira.


[1] Ver Ana Longoni: La Chira (El lugar donde conocí el miedo), VV.AA.: Nuevo teatro argentino: dramaturgia(s), Col. La Honda, Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2007, pp. 265-294; el prólogo de Vivian Martínez Tabares y el estudio complementario de Jorge Dubatti.

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