Pausa larga… ¿Del teatro de qué mundo estamos hablando?

por Jorgelina Cerritos

La dramaturga salvadoreña, ganadora del Premio Casa de las Américas 2010 de teatro con la pieza Al otro lado del mar y miembro del Colectivo teatral Los del Quinto Piso, corresponde a nuestra invitación con estas reflexiones sobre el momento que vivimos.

Mucho se ha dicho en el mundo sobre la falta de público y espacios para el teatro en estos tiempos de asilamiento y pandemia, que nuestro trabajo sin público no solo atenta contra nuestra economía sino también contra nuestro sentido. 

El teatro del mundo se ha visto resquebrajado. El teatro occidental detiene su agenda, cierra sus salas, extraña su público y como medida transitoria, o bien como alternativa de aquí en adelante, comparte sus videos en línea de manera libre y gratuita o a través de distintas modalidades de pago, también en línea, para paliar esta falta.

Se abren conferencias, conversatorios, espectáculos, talleres, lecturas y un más o menos amplio etcétera que dejan al descubierto la vasta producción teatral existente en la actualidad en las más variadas formas, estéticas, discursos y manifestaciones.  

Nos hemos puesto frente a la computadora, tabletas y teléfonos inteligentes junto a un buen número de compañeros de sala virtual, de distintos países y husos horarios.

Hemos abierto la discusión sobre si es o no es teatro lo que estamos presenciando a través de nuestros dispositivos electrónicos y de si “la nueva normalidad” exigirá de nuestro obsoleto y artesanal modo de ver el mundo que se ponga a la altura de la virtualidad y demos paso a la expresión de generaciones –sin importar si son x, y o baby boomers– que produzcan con el ímpetu de esta ola arrasadora de la pospandemia global, ya sea por convicción estética o porque así se van a empezar a mover los nuevos paradigmas para financiamientos teatrales, ya sean nacionales o de cooperación internacional.

Empieza apenas la reapertura en el mundo y ya empezaremos a descubrir en qué nos convertiremos. Cómo haremos para sobrevivir económica y emocionalmente con las salas llenas únicamente al 50% de su capacidad, con el temor de la gente de ir al teatro, por el descubrimiento del público que puede quedarse sentado en su sillón favorito o en la cama, presenciando este teatro que ahora le estamos llevando a la puerta de su casa, con menor costo y mayor comodidad, agradecido de que esta forma no era solo “para mientras tanto” sino que es la nueva forma, la que está responde a la época y no le pone en riesgo de rebrotes y contagio. Este teatro que el público de nuestra tan apreciada sociedad líquida ha estado consumiendo con elogios y sin notar diferencia entre el acto convivial del teatro y este otro “modo teatro”, casi perfecto, al que puede poner en pausa para contestar el teléfono sin ser incomodado por nadie y sin perderse de nada para poder darle sus respectivos likes.

Podría seguir hablando del fenómeno que está pasando el teatro del mundo, si en este momento no acoto:

Pausa larga. La mano se detiene sobre el teclado. Piensa. ¿De qué teatro estamos hablando? Mejor aún, ¿del teatro de qué mundo?

En El Salvador, y en buena parte de Centroamérica, la expectativa por el momento en que podamos reabrir las salas es mínima si tomamos en cuenta el detalle particular que apenas contamos con salas teatrales. Solo en El Salvador, a manera de ejemplo, luego del terremoto del 2001, el Teatro Nacional, la única sala teatral como tal en funcionamiento en la capital en ese entonces, permaneció cerrado por más de 6 años por una muy lenta revisión y reparación de daños.

No tendremos que crear estrategias para que nuestras escasas salas en la actualidad solo abran sus puertas al 50% de su capacidad porque salvo las comedias que el público goza a carcajadas o las presentaciones con invitación diplomática o financiadas por ONG’s se ufanan de llenos de sala en sus redes sociales. En nuestros tiempos “normales”, antes de la pandemia, el espectador “independiente”, el que necesita del encuentro teatral fundamental, ya llenaba menos de ese porcentaje que ahora será permitido en las salas.

Tampoco vemos atentada de manera fundamental nuestra economía como actrices, actores, autores, directoras porque nuestras entradas económicas por funciones y temporadas son escasamente los “extras” que complementan nuestros presupuestos familiares solventados de otros tipos de trabajo que en mayor o menor medida están relacionados con el teatro.

Y por si esto fuera poco, en estos meses de encierro hemos tenido acceso a una gama de propuestas teatrales en audiovisuales que en “nuestra normalidad” no tenemos pues, al no contar con mayor presencia en los circuitos de festivales internacionales, no pasan por nuestra región de forma sistemática los espectáculos, creadores y pensadores del teatro contemporáneo que saltan de México a Colombia.

¿Qué hemos perdido entonces, en este contexto pandémico, en nuestro teatro? En este, que pese a todas las vicisitudes hemos hecho incasablemente. ¿Qué preguntas nos estamos haciendo que necesitan respuestas? ¿Cuáles estamos obviando? ¿Cuáles son nuestras preocupaciones teatrales hoy?

Hago otra pausa quizás más larga que la anterior y pienso que seguramente, como en toda crisis, es muy pronto para saberlo. En este momento nos preocupa la sobrevivencia inmediata, la falta de prestaciones y servicios que garanticen nuestra salud y la de nuestras familias en caso de enfermedades y contagios. Nos preocupa la falta de trabajo remunerado, los proyectos de arte social en los que parte del gremio teatral labora en contratos temporales, suspendidos, o los que vendrán ya arreglados, donde por el contrario, la mayoría del gremio teatral no tendremos parte; las mesas de artistas sin posición crítica, jugando al diálogo con los gobiernos neoliberales que frente a la pandemia dejan al descubierto funcionarios autoritarios y demagógicos para quienes la cultura y el teatro es solo parte de su discurso obligado. Nos preocupa la vida cotidiana y junto a ella el teatro.

Quizás entonces nuestra preocupación más genuina en este momento es que nuestra utopía teatral sea más fuerte que la tecnología y la precariedad, que como creadores independientes y alternativos sigamos creyendo en la necesidad del encuentro más allá de la parafernalia, el lobby y los financiamientos. En ese encuentro mágico al calor del fuego para contarnos, para inventarnos, para recuperar la esperanza, para enfrentar la muerte, para celebrar la vida, para abrazar nuestros cuerpos, para sacudir nuestras culpas, para afrontar nuestros miedos, para erigir la palabra contundente y necesaria para sacudir la bóveda oscura del firmamento.

El Salvador, julio 2020.

Un comentario

  1. PANAMA no escapa de esta profecía pandémica. Las salas privadas están a punto de cerrar definitivamente pues tuvieron que cerrar sus puertas y aquí no existe ningún tipo de subsidio, los alquileres son la energía eléctrica son my altos. Hay un grupo de teatreros que si dependen sólo del teatro. Las crisis, van a repetirse Lo más probable. La historia lo registra, hemos tenido guerras y bloqueos económicos que han paralizado los sectores del arte. Muchos otros trabajadores del teatro tenemos trabajos relacionados o en o o relacionados con el teatro. Lo cierto es que ninguna crisis dura cien años. Como todas la s desastres, se van o era a la reconstrucción. Algunos Habrán abandonado el teatro, Y trabajando otros se reincorporarán a La normalidad, después de este periodo de nueva anormalidad y volveremos para latina mente a hacer teatro. Algunos seguirán comercializando sus registros de teatro por diferentes medios. Habrá público de teatro y habrá público para las redes. Así como se abrirán las salas de cine y se seguirá vendiendo pop corn y gaseosas. Lo crítico es sobrevivir estos largos meses. Cuando se abran las playas la gente playera volverá a las playas, los cínefilos a los cines, los bailadores a sus salones de bailes populares, en PANAMA a sus “toldos” o “jardines”, los maestros a sus escuelas, los que retos a las fábricas y los gustosos del teatro buscarán el teatro. Eso solo lo confirmarán los sobrevivientes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.