A solas con Mauricio Kartun

por Por Gabriela Perera Vitlloch

¡Extraño el olor del teatro!
En los últimos meses he fungido como cuerpo vigía ante las prácticas artísticas de los confinados. Sigo intentando armar una hipótesis sobre la crisis del teatro, en medio de una rara coherencia. Y en el intento de darle forma al tiempo, encontré, en Infobae Cultura, una entrevista a Mauricio Kartun en la que el dramaturgo argentino se refiere a estos momentos como “situaciones que nos vinculan con los grandes miedos…” Para él, como para muchos relacionados con la creación escénica, este ha sido un año cancelado. Las nuevas estrategias teatrales comienzan a subrayar una radicalidad en la transformación del género a través de las experiencias digitales. Pero el olor del edificio, ¿dónde lo encuentro? el olor que presiento sobre el teatro de Kartun.
Nunca he visto en escena un texto del dramaturgo, tampoco su labor de dirección (esta oración nunca hubiera sido redactada si la vida hubiera seguido su cauce corriente, porque ya para entonces Mauricio Kartun nos hubiera acompañado durante la Temporada Mayo Teatral con Terrenal, uno de sus más afamados montajes). Pero este tipo de teatro monumental, con sólida técnica en su proceso de elaboración textual y escénica, siempre huele del mismo modo; como a ‘‘teatro de verdad’’ dirían algunos amigos. Me gustaría entonces, entre nostalgias y extrañamientos, descansar en esta zona altísima de la escena bonaerense contemporánea, en un intento descriptivo de invocación sensorial.
Cuando entramos a una tienda o galería de antigüedades, la paleta de colores, el orden de los objetos, las texturas, el aroma, se mezclan y producen un estado de fascinación por el encuentro con un pasado no vivido, del que se tiene alguna referencia por lecturas, películas, la narración oral de amigos, familia… En todo lo que ha quedado ahí guardado, descansa la energía de otro tiempo, que a menudo no tiene más funcionalidad para el público, que la de fabular sobre la vida que pudo tener determinado objeto. Las sensaciones del primer impacto podrían transportarnos directamente con la escritura escénica y dramatúrgica de Mauricio Kartun, que por casi cincuenta años ha resemantizado códigos y lenguajes del pasado para devolver a la escena nuevas formas poéticas de encuentro con el presente. Lo retro y disfuncional ha sido reciclado en sus piezas. Del contraste entre poéticas de distintas temporalidades se manifiestan entonces las circunstancias más actuales. En cerca de treinta piezas teatrales, todo lo que se pensaba muerto, dígase posibles espacios, objetos, historias, culturas, ha encontrado un nuevo lugar en la realidad de la escena argentina.
Si vamos a Terrenal. Pequeño misterio ácrata, tendremos una parodia de las sagradas lecturas bíblicas en clave criolla. Caín y Abel, entre conflictos ancestrales, esperan a su padre Tatita, en un paraje indeterminado. En esta recreación, los mitológicos hermanos representan programas políticos contrapuestos, con distantes percepciones del mundo, que se debaten entre el disfrute y la posesión. Los antecedentes bíblicos y la incorporada carga ideológica quedan dispuestos en la estructura trinitaria de los personajes y sus posiciones en escena: Caín a la derecha, Abel a la izquierda, Tatita al centro. Los tres emplean recursos del teatro de variedades, dotados también de la herencia de lo llamados misterios –representaciones religiosas y populares del medioevo– sobre una visualidad plana, por la escasa profundidad del espacio, dada por las luces, y los vestuarios clawnescos en blanco y negro.


En el cuadro que describo podemos vivir la presencia de seres antiquísimos, que no pueden renunciar a su comportamiento y destino, pero, a través de los filtros dramatúrgicos de Kartun, se transforman en seres modernos, sin dejar de habitar esa galería retro que invocaba al inicio, con sus olores y demás suplementos. Es decir, sobre una imagen que sugiere el pasado se discuten problemáticas muy actuales y en esa intersección, como en una máquina distópica del tiempo, fluyen las contradicciones y filosofías del director en las voces de Claudio Da Passano (Abel), Claudio Martinez Bel (Caín) y Claudio Rissi o Rafael Bruza (Tatita).
En las piezas de Kartun hay una fuerza potente y bastarda que mueve la identidad del teatro argentino. Se desarrolla el mito como conclusión de una moralidad fundada a través de la vida del creador; cualquier buena influencia exterior se convierte en una máquina de deseo y producción. Terrenal… se convirtió, desde su estreno en 2014, en uno de los sucesos más trascendentales de la escena independiente; galardonado con el Premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo a la Mejor Obra y el texto obtuvo el Premio de la Crítica de la Feria del Libro.
Entre las piezas más importantes de Mauricio Kartun, la trilogía de teatro breve, que realizara por los años 80, es la primera secuencia de textos dramáticos que denota los ejes básicos de su producción posterior. Chau Misterix, La casita de los viejos y Cumbia morena cumbia estarán además bajo las influencias de Ricardo Monti. Le siguen luego Pericones, Sacco y Vanzetti, El partener, Desde la lona, y Rápido nocturno, aire de foxtrot. Y como director La Madonnita, El niño argentino y Ala de criados son algunos de sus espectáculos más sobresalientes. Esta es solo una selección que sugiero para googlear. En el número 100 (ene.-jun. 1995) de Conjunto puede encontrarse Lejos de aquí, escrita a dos manos con Roberto Cossa, y el tomo Nuevo teatro argentino: dramaturgia(s), publicado por la Casa, abre su selección con Sacco y Vanzetti.
La pedagogía ha sido otra de sus grandes facetas, no solo porque creara la carrera de Dramaturgia en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático de la Ciudad de Buenos Aires (E.M.A.D); sino porque muchos de sus discípulos son hoy grandes creadores. En un inventario rápido tenemos a Daniel Veronese, Patricia Zangaro, Rafael Spregelburd, Lucía Laragione, Alejandro Tantanian, Federico León, Patricia Suárez y Pedro Sedlinsky. Por su trayectoria, ha obtenido otros prestigiosos galardones en su país como el Primer Premio Nacional de Literatura Dramática, el Konex de Platino, el Gran Premio de Honor Argentores, el Fondo Nacional de las Artes, Teatro del Mundo, Premio Perfil a la inteligencia y el ACE de Oro.
Visitemos a Mauricio Kartun, al menos sus textos, mientras seguimos esta misión planetaria de recogimiento. Cuando estén con él respiren un poco más fuerte; les llegará el aroma nuevo de todo objeto que se descompuso alguna vez, hecho a la medida nuestra, empapado del sentido trascendente y particular del teatro. Es un lugar para estar a salvo, por ahora.

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