¿Y ahora, qué? La vida está en veremos

Por Fernando Crespi

A la humanidad, se le ha puesto nublado y se le llueve la vida por todos los agujeros que ella misma, a la fuerza y a los golpes, provocó. Entre tanto, el gran globo mundial del capitalismo se pinchó y el cerebro idiota que nos domina ha quedado en evidencia. La maquinaria de explotación, en busca de ganancias, nunca se había detenido; hasta que se detuvo.
Esta vida, que se fue desviviendo por los siglos de los siglos, entre guerras y exterminios, dice basta. Basta de depredar, basta de contaminar, de oprimir. Basta de esclavizar, de discriminar, de hambrear a los invisibles, a los nadies, a los trabajadores explotados, que sólo son números de tristes estadísticas. Basta de bloqueos genocidas.
Ahora, el tiempo se ha vuelto un ancho caudal que vaga errante, sin remedio, en remolino. Ahora, los animales y la naturaleza han tenido un respiro, una tregua sin humanos. Y nosotros, adentro, pensando un futuro. ¿El futuro empieza mañana? ¿O lo podemos dejar para más adelante? Lo más saludable sería no volver al pasado y mucho menos al presente. ¿O, será este presente, nuestro futuro? Expectantes y azorados, podemos reflexionar individual y colectivamente con respecto a lo que nos rodea. Pero, ¿quién puede predecir lo que vendrá? Pensábamos que los Hitler, los Videla, los Pinochet, no volverían, pero volvieron. Volvieron, en Bolsonaro, en Trump y supongamos a ellos en un conjunto que contiene entre otros a Piñera, de Chile, al gobierno de facto de Bolivia y a varios más, referentes anti democráticos de una ultra derecha saqueadora y asesina. Un primer paso hacia un futuro mejor sería juzgar a este conjunto, por genocidio. Pero antes de ese tiempo venidero, deberíamos cuidarnos y cuidar a los enfermos y asistir a los que necesitan y llorar a los que mueren. Sería una buena forma de comenzar a futurizarnos.
El virus, aún no mencionado en este escrito, pero protagonista de nuestra historia, abrió una nueva grieta. De un lado, la ciencia, la conciencia, los que sufren, los que tienen ideales, los que sueñan y del otro lado, como los definía Fidel Castro, “las siniestras camarillas que manipulan a la gente para gobernar al mundo”, seguidos por racistas, fascistas, odiadores seriales y algún confundido. Además, por causa del Covid-19, muchos descubrieron que hay desigualdad social en el año 2020. Porque a pesar de los avances tecnológicos, es cada vez mas precario el pensamiento y el accionar del ser humano. Los medios dominantes de comunicación han distorsionado sistemáticamente la realidad y han mentido a favor de las derechas, los poderosos, los invasores, estafadores o criminales.
¿Será que no nos conmueve la muerte de miles de personas por día? ¿Será que la vida no vale nada? Pablo Milanés, hace años, ya lo decía en su canción.
En el Mediterráneo, desde el año 2014 al 2020 han muerto más de 20 mil migrantes procedentes de países de Oriente Medio, África, los Balcanes Occidentales y Asia del Sur. Una migración forzada de víctimas de conflictos armados, persecuciones, pobreza, cambio climático o violaciones masivas de los derechos humanos. Algunos gobiernos de Europa aplican multa y cárcel a quien salve migrantes de morir ahogados. “El Mediterráneo que inspiró mi canción queda muy lejos de este dónde hoy las gentes se dejan la vida tratando de ponerla a salvo de la guerra”, dijo Joan Manuel Serrat.
Es tan notable la decadencia del hombre que no es extraño haber desembocado en una gran pandemia. Hizo tanto daño el ser humano, que ahora la vida está en veremos.

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