Una Trinchera contra la peste

Por Nixon García Sabando

El director del grupo de teatro La Trinchera y del Festival Internacional de Teatro de Manta, Ecuador, aceptó nuestra invitación para enviarnos sus impresiones sobre estos momentos.

Un día antes de la declaración oficial de cuarentena realizamos nuestro último ensayo con el grupo Contraluz, de la ciudad de Portoviejo.  Tres días antes habíamos también ensayado con los compañeros de La Trinchera. Con Contraluz estábamos trabajando en la parte final de la puesta en escena de la obra 35 milímetros, mi más reciente texto.  Habíamos previsto estrenarla en el mes de mayo.  Con La Trinchera ensayábamos la obra Quimera, que escribí y estrenamos hace dos años.  Debíamos presentarla en el Festival Portoviejo Vive Teatro que se daría en el mes de mayo, organizado por la Casa de la Cultura de Manabí y el Gobierno Cantonal de Portoviejo. El Covid 19 se encargó de postergar indefinidamente el estreno de 35 milímetros y el Festival Portoviejo Vive Teatro.

Nuestra sala, el Centro de Artes Escénicas La Trinchera, debió también suspender varias actividades y presentaciones programadas, nacionales e internacionales.

Abrigábamos la esperanza que la parada no sería muy larga y que a la vuelta de un mes o dos podríamos retomar nuestras actividades. Nuestras ingenuas expectativas obedecían seguramente a la inédita experiencia frente a una pandemia.  No alcanzábamos a visualizar la complejidad de la amenaza pandémica y sus terribles repercusiones.

Los mensajes desde todos los sectores y todas las formas de “quédate en casa” nos fueron arrinconando en la incredulidad de nuestros días. Estábamos estupefactos. No atinábamos a digerir las noticias del incremento diario y brutal de enfermos y muertos. El miedo nos embargó y la incertidumbre turbó nuestra capacidad de comprensión. Es que el entendimiento era la capacidad más discapacitada que teníamos. Había sido absorbida por el temor y la incertidumbre.

Para tratar de entender lo que pasaba acudimos a Camus y su novela La peste. Fue imperativo también buscar a Artaud y su emblemático texto “El teatro y la peste”.

El orden se derrumba. El virrey asiste a todos los quebrantamientos de la moral, a todos los desastres psicológicos; oye el murmullo de sus propios humores; sus órganos, desgarrados, estropeados, en una vertiginosa pérdida de materia, se espesan y metamorfosean lentamente en carbón.

Nuestro orden se estaba derrumbando. El pensamiento cotidiano o al menos previsible se caía, derrumbado por un sismo letal.  Las muertes, cercanas y lejanas, nos hacían dudar del mañana.  Un mañana que estaba siendo devorado por un monstruo invisible.  El “quebrantamiento de la moral” en el sector político de gobierno y la administración pública del país eran parte de ese desgarramiento viral de la patria.

Artaud tuvo la gentileza de acercarse a nosotros, miró nuestros ojos conflictuados entre el asombro y el temor. Nos recordó que

La peste toma imágenes dormidas, un desorden latente, y los activa de pronto transformándolos en los gestos más extremos; y el teatro toma también gestos y los lleva a su paroxismo. Como la peste, rehace la cadena entre lo que es y lo que no es, entre la virtualidad de lo posible y lo que ya existe en la naturaleza materializada.

Por varios minutos, quizá horas, tal vez días, estuvimos repasando estas palabras, como si pertenecieran a un texto que debíamos aprender-aprehender. No estoy seguro si aprendimos o aprehendimos las palabras de Artaud.  Lo cierto es que una mañana Rocío me dijo que debíamos hacer algo, crear algo, o la peste acabaría también con nosotros. Me pidió que escribiera alguna cosa, un guion, un texto que recoja los sentimientos que se golpeaban entre las paredes de nuestro confinamiento. Así nació el corto Cuando se abra la ventana.  Como en casa tenemos una pequeña fábrica de sueños y fantasías, acudimos a todos sus ingredientes. Me correspondió escribir el guion y dirigir la puesta. Rocío acudió a un personaje muy querido, doña Piedad. Para asombro y felicidad de todos, nuestra nieta Wayra aceptó actuar con su omi (abuelita). Christian, con su experiencia en los audiovisuales y la edición, asumió el trabajo de cámaras y la edición de la propuesta. Gabriela se encargó de la asistencia de cámaras y sonido.1

La historia es muy sencilla, una abuela trata de explicar a su nieta la situación que están viviendo. Relaciona el distanciamiento obligado con el distanciamiento cotidiano de la sociedad moderna. Para la anciana no existe tal distanciamiento, al contrario, ahora siente más cercana a su familia. Ella misma ha sido sacada del rincón donde habitaba y ha vuelto a ser el centro de atención de la casa, incluso ha recordado y contado viejas historias que otrora contaba a sus hijos. En casa han vuelto a cultivar plantas, y las aves que habían migrado a causa del ruido y la contaminación, han regresado a llenar de música con su trinar las mañanas y tardes del lugar. Cuando el sol se acercaba a su ocaso, unas piedritas golpean la ventana. La abuela y su nieta se miran incrédulas, ¿quién podría ser? ¿el virus? ¿las aves? ¿quién? La abuela confiesa a su nieta que de vez en cuando “la esperanza lanza piedritas a la ventana”. La niña, entusiasmada por conocer la forma de las piedras de la esperanza, convence a su abuela Piedad para que abra la ventana. Al hacerlo, un concierto de aves inunda la tarde, las piedras tienen alas y vuelan alegremente por doquier.  La brisa llena de frescura los rostros de los personajes, mientras el “Himno de la alegría” y su infinita ternura se escapa desde un xilófono interpretado por la nieta.

Este corto fue para nosotros emocionalmente sanador. Fue como una vacuna que incrementó nuestras ganas de seguir creando, de seguir soñando.  Días después el productor uruguayo Ignacio Fumero nos propuso hacer en Ecuador su proyecto actoral Amor de cuarentena. Un bello trabajo escrito por el guionista y escritor argentino Santiago Loza, que estaba por estrenarse en Uruguay, y Ecuador sería el segundo país donde se desarrollaría esta experiencia. Amor de cuarentena sucede durante 14 días. Cada día le llega a una persona (público) un audio o audiovisual de un amor del pasado, interpretado por un actor o actriz, que, provocado por el confinamiento, rememora la experiencia amorosa vivida tiempo atrás. Estos monólogos se acercan al público a través del WhatsApp. Escenario virtual tomado también por los artistas como demostración testimonial de que donde haya un actor/actriz hay un escenario. Amor de cuarentena en Ecuador se realizó con un valioso elenco de actrices y actores nacionales: Juana Guarderas, Tanya Sánchez, Rocío Reyes, Diego Naranjo, Mario Suárez, José Pacheco y Freddy Reyes. Me cupo la dirección, mientras que la producción estuvo a cargo de Gabriela García Reyes y Rainer Christian Rosenbaum.

Las noticias de nuevas muertes seguían volando sobre nosotros como aves de rapiña. Identificamos a muchos conocidos. El desfile tétrico de cortejos muchas veces debilitaba nuestras fuerzas físicas y emocionales. Guayaquil era un cementerio de cadáveres insepultos.  Mi provincia, Manabí, y otras del país, se sumaban a la escalada.  Otra vez recurríamos a Camus y Artaud. También a los maestros contemporáneos que multiplicaban su voz y su luz para orientarnos en este escenario que a ratos se tornaba estupefacto, mudo y oscuro. Nos abrazábamos desesperadamente al teatro para que las corrientes traicioneras del terror y la desesperación no nos arrastrarán a sus fétidas aguas.

Desde Colombia nos llegó la tristísima noticia de la muerte del maestro Santiago García. El duelo nos invadió profundamente, como seguramente a la mayoría de los teatristas hispanoamericanos.  No lo mató el virus, contra un ser enorme y extraordinario ningún virus hubiera podido. Creo y estoy seguro que lo que ocurrió fue que el Maestro encontró la llavecita que en los últimos años estuvo buscando.  Con llavecita en mano, abrió la puerta de su hermoso y extraordinario mundo para que hace pocos días vaya a su encuentro otro legendario integrante de la emblemática Candelaria, el querido Piyó (Fernando Mendoza).

El confinamiento siguió.  El confinamiento sigue. Felizmente a la creación no se puede confinar.  Con el grupo Contraluz seguimos trabajando de manera virtual. Analizando el texto 35 milímetros y su estructura dramatúrgica. Trabajando en el proceso investigativo de los personajes y su universo. Tratando de mantener vivo y profundizar el entretejido que habíamos construido en los ensayos presenciales.

Recientemente, varios integrantes de La Trinchera y el grupo Contraluz están trabajando de manera virtual con la compañía VB Ingeniería Teatral de Colombia, que dirigen Fanny Baena y Fabio Velasco, ex integrantes de La Candelaria. Un proyecto teatral ambicioso y prometedor se está cocinando y mantiene ilusionados a sus componentes.

En el campo de la gestión, La Trinchera trabaja en la organización de sus dos festivales emblemáticos: El Encuentro Internacional Manta por la Danza que debía realizarse en el mes de junio y se pospuso para el mes de octubre de este año. El Festival Internacional de Teatro de Manta, que de septiembre ha sido trasladado para su realización en el mes de noviembre próximo.  El Manta por la Danza tendrá un componente totalmente virtual. El Festival de Teatro combinará los escenarios presenciales y virtuales, si el Covid 19 no decide volver a arremeter y arrastrarnos nuevamente al confinamiento.

La peste no ha pasado, al contrario, nos invade con mayor fuerza en estos días. Pero a diferencia de los primeros meses de su aparición, hoy nos encuentra más fortalecidos emocional y creativamente. Esta dura prueba ha ratificado una verdad histórica, el poder del teatro es extraordinario. Con el tiempo se ha ido blindando de corazas sólidas e impenetrables para enfrentar a quienes han pretendido destruirlo.  Por eso ha salido incólume por milenios frente a las guerras, pestes y miserias humanas. Estas amenazas y agresiones han dimensionado su trascendencia artística y humana, ratificando lo expresado por Artaud “sólo puede haber teatro a partir del momento en que se inicia realmente lo imposible”.

Manta, Ecuador, julio 19 de 2020.

1 Rocío es la compañera de Nixon, destacada actriz del grupo y pilar fundamental del Festival de Manta; Wayra es su nieta; Christian, su yerno, alemán aplatanado en Ecuador, y Gabriela, su hija, bailarina y coreógrafa. [N. de la R.]

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