En el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente

La Casa de las Américas tiene el privilegio de tener en su equipo de trabajo a Nancy Morejón, una de las poetas cubanas más prominentes y de mayor proyección internacional. Autora de títulos imprescindibles de nuestras letras, ella ha dedicado algunos de sus poemas más entrañables a destacar los valores y la potencia de su propia identidad. En el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, desde esta institución que fundó en 1994 su Programa de Estudios de la Mujer y en 2015 su Programa de Estudios de Afroamerica, compartimos uno de los poemas más reconocidos de esta trascendental escritora, compañera nuestra, como homenaje a ella misma y a todas las mujeres de nuestro continente que se sienten profunda y esencialmente conectadas con África.  

Mujer Negra

Nancy Morejón

 Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron atravesar.
La noche, no puedo recordarla.
Ni el océano podría recordarlo.
Pero no olvido al primer alcatraz que divisé.
Altas, las nubes, como inocentes testigos presenciales.
Acaso no he olvidado ni mi costa perdida, ni mi lengua ancestral.
Me dejaron aquí y aquí he vivido.
Y porque trabajé como una bestia,
aquí volví a nacer.
A cuánta epopeya mandinga intenté recurrir.

Me rebelé.

Su Merced me compró en una plaza.
Bordé la casaca de Su Merced y un hijo macho le parí.
Mi hijo no tuvo nombre.
Y Su Merced murió a manos de un impecable lord inglés.

Anduve.
 
Esta es la tierra donde padecí bocabajos y azotes.
Bogué a lo largo de todos sus ríos.
Bajo su sol sembré, recolecté y las cosechas no comí.
Por  casa tuve un barracón.
Yo misma traje piedras para edificarlo,
pero canté al natural compás de los pájaros nacionales.
 
Me sublevé.
 
En esta misma tierra toqué la sangre húmeda
y los huesos podridos de muchos otros,
traídos a ella, o no, igual que yo.
Ya nunca más imagine el camino a Guinea.
¿Era a Guinea? ¿A Benín? ¿Era a Madagascar? ¿O a Cabo Verde?
 
Trabaje mucho más.
 
Fundé mejor mi canto milenario y mi esperanza.
Aquí construí mi mundo.
 
Me fui al monte.
 
Mi real independencia fue el palenque
y cabalgué entre las tropas de Maceo.
Solo un siglo más tarde,
junto a mis descendientes,
desde una montaña azul,
 
bajé de la Sierra
 
para acabar con capitales y usureros,
con generales y burgueses.
Ahora soy: Sólo hoy tenemos y creamos.
Nada nos es ajeno.
Nuestra la tierra.
Nuestro el mar y el cielo.
Nuestras la magia y la quimera.
Iguales míos, aquí los veo bailar
alrededor del árbol que plantamos para el comunismo.
Su prodiga madera ya resuena.
 

Tomado de Casa de las Américas, La Habana, Vol. 5, no. 88 , (ene.-feb., 1975), p. 119-120

Un comentario

  1. Para una persona muy querida por muchos años:
    Querida Nancy Morejón. Una sincera y apasionada Felicitación para tí. Eres un digno ejemplo de la mujer afrodescendientes y tu obra será siempre una inspiración para nuestras vidas.
    Con cariño.
    Aníbal

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