La historia a través de Tambores y banderas

Por Rey Pascual García

Por estos días, cuando se extraña el clamor de las cornetas chinas y el repiquetear de tambores, propios del Festival del Caribe y del carnaval santiaguero, aparece ante los ojos un texto teatral de uno de los más importantes representantes del teatro anglófono caribeño. Tambores y banderas, de Derek Walcott, estrenada en 1958 con título original Drums and colours, es una obra extensa en dos partes, pero con un dinamismo que le permite descubrir tres continentes y cuatro siglos de historia. Publicada en los números 26 (oct-dic.1975) y 27 (ene-mar. 1976) de la revista Conjunto, en versión al español de Antonio Benítez Rojo, constituye un acercamiento, según dice Manuel Galich en la presentación de la obra, a una dramaturgia “que no se queda en los límites de lo afro-anglo-caribe, sino que va más allá”.
Walcott, nacido en Santa Lucía en 1930, fue un poeta, dramaturgo y artista visual, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1992. Autor de más de veinte piezas dramáticas, entre las que sobresalen títulos como Henri Christophe (1950); Ti-Jean y sus hermanos (1958); Sueño en la montaña del mono (1970); El burlador de Sevilla (1974); Otra vida (1973) y Omeros (1990). Se considera el fundador del Trinidad Theatre Workshop con quien llevó a escena la mayoría de sus obras.
Tambores y banderas es un texto que engloba, en cierto modo, la tradición de las fiestas de carnaval en el Caribe antillano. Un acercamiento que no distingue ni en lenguas ni en islas, sino que se elabora, desde una amplia mixtura de símbolos, imágenes y fábulas, sin perder la alusión que, con el color y el ritmo en interacción, hace de lo carnavalesco el germen del teatro popular de las Antillas. Germen que me hace recordar a un texto y puesta en escena que marcó el momento supremo del teatro de relaciones en Santiago de Cuba. De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra (1974), de Raúl Pomares, no solo es similar por su contenido, sino por su estructura y el hacer de lo local y caribeño.
En la obra teatral y poética de Walcott hay una pluralidad temática, que va desde el histórico personaje haitiano Henri Christophe, hasta la epopeya secular del Caribe, deteniéndose incluso en el proceso de liberación de la mujer. Logra el autor un enfoque diacrónico muy interesante de la cultura caribeña.
La acción descansa en la vida de cuatro hombres en litigio: Colón (el descubridor), Raleigh (el conquistador), Toussaint (el rebelde) y Gordon (uno de los primeros mártires de los derechos constitucionales de Jamaica, traicionado, mal juzgado y combatido por sus contemporáneos). En un carnaval moderno, Manu, jefe rebelde; Pompey, zapatero y agitador de Jamaica; Yette, una inquieta mujer de la isla, junto a los rebeldes Ram y Yu, organizan una representación donde todos pueden ver el “penoso nacimiento de la democracia”. La verdad histórica sale a la luz por medio de la improvisación de un juego de máscaras entre los hombres y las mujeres del pueblo. Algo sorprendente de esta pieza, es que aparece en ella una imagen inusual del conquistador y el descubridor, tradicionalmente enfocados como crueles e inexpugnables, que sin embargo son vistos por Walcott como seres derrotados y carnales que padecen de su propia heroicidad.
Se acude en la obra a una especie de “extrañamiento” en el prólogo y el epílogo, así como en algunas escenas, a través de cortes en la acción dramática y la inserción de canciones para separar las situaciones trágicas. Por ejemplo, cuando aparecen Manu y Pompey, para hacer comentarios al margen de la obra, cargados de humor, que sugiere un efecto de teatro dentro del teatro. Se evidencia también cuando Manu llama a los representantes del carnaval, para hacer la historia del colonialismo en las Antillas. Así mismo, con la muerte de Pompey, cuando se produce un inusual momento de duelo.
Hay en el texto un tono festivo, colorido y musical, sin perder la postura dinámica y reflexiva de la realidad histórica que cuenta. Una vez más, historia y poesía se unen para atrapar el destino de un puñado de pueblos del Caribe.
La formación y la práctica pictórica de Walcott se hace evidente en la forma en que construye el discurso. De ahí que la obra parezca una paleta de colores y sonidos de la región antillana. En Tambores… Walcott refleja los nocivos efectos del capitalismo, tanto en los humildes y desposeídos, como en los que han sido sus más fieles abanderados. Esta es una de las razones de su vigencia, aún más efectiva por la frescura y simpatía de sus personajes y las situaciones dramáticas de arraigo popular.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.