Teatro en emergencia y por la vida

Por Vivian Martínez Tabares

El teatro latinoamericano sigue recibiendo los embates de la Covid con demasiada fuerza. La escalada de la pandemia en nuestros países, donde hoy representa más del 54% de los contagios del mundo, nos hace temer por la suerte de numerosos grupos y preguntarnos una y otra vez cómo podrán resolver los crecientes problemas que los aquejan, sobre todo los que son parte del teatro independiente que, con las salas cerradas, carecen de fuentes de ingreso elementales.

Hace unos días la página de Yuyachkani en Facebook anuncia una secuencia de hashtag (#EmergenciaCultural #FiestasPatriasSinCulturaNo #PueblosOriginariosOlvidados #AmpliaciónPresupuesto MesasDeTrabajoYa) que merece verse. Las etiquetas nos llevan a un singular video en el cual, mientras escuchamos el Himno Nacional del Perú cantado en quechua por un coro de niños, apreciamos una sucesión de imágenes en planos medios: los actores del grupo enarbolan máscaras de fiestas populares. Cada uno muestra la suya con suma delicadeza y la traslada a otro. Aunque cada uno, en diferente espacio, parece estar resguardado en su casa, gracias a la mínima elipsis que da el corte, cada máscara se transforma en otra, en lenta cadena de acciones simbólicas que hablan de la riqueza y de la diversidad cultural del país. La última, en manos de Augusto Casafranca, se convierte en un cartel que reclama EMERGENCIA CULTURAL, y al dorso KAUSAYNINCHISKUNA SASACHAKUYPIN KASHIAN –en castellano y en quechua–. Ya ha sido visto por más de 8 mil internautas. Otra vez, con las armas que mejor conoce, la tropa que lidera Miguel Rubio nos conmueve y nos sacude, y esta es una síntesis de la trayectoria artística de la agrupación, en franco diálogo con pasajes de Adiós Ayacucho, Encuentro de zorros, Sin título, técnica mixta, Cartas de Chimbote y Discurso de promoción –anticipo al bicentenario de la Independencia en el que plantean que no puede haber verdadera celebración sin revisión crítica de la historia.

Con los mismos hashtags y objetivos, el propio día el Movimiento de Grupos de Teatro Independientes del Perú, la Red de Salas y Espacios Alternativos, y otras organizaciones invitaron a la Marcha Cultural 140 días 140 minutos, “Acción conjunta por las culturas del Perú”.

En Paraguay, una convocatoria virtual llamó a reunirse el miércoles 29 en la Plaza del Congreso, en respaldo de una Ley de subsidio para artistas. Y la directora Raquel Rojas, en reciente entrevista, insta a realizar una campaña de “Teatro seguro” o “Cultura segura”, que promueva obras de teatro o conciertos de música al aire libre, porque las medidas del Estado, al que le interesa “tener a la gente en su casa recluida, sin comunicación, sin vínculos, sin manifestarse por sus reclamos y celebrando sus alegrías con la cultura, con el teatro y la música”, le recuerdan los tiempos de la dictadura de Stroessner.

Desde el Ecuador la página línea de fuego.info llama a acercarse al panel que en torno al tema “Arte y cultura en emergencia: de la pandemia al largo plazo”, que el martes 4 de agosto reunirá a artistas y pensadores ecuatorianos, entre ellos al director e investigador teatral Patricio Vallejo y al cineasta Juan María Cueva.

Cuando Brasil roza las cien mil víctimas del Coronavirus, como resultado de un pésimo manejo de la epidemia –intencional según algunos analistas–, artistas del teatro articulan campañas como #RespeitaACultura (respeta la cultura), para denunciar el racismo estructural, y la Red Soberanía y Brasil de Hecho invita a los Espacios Independientes de Cultura y (Re)Existencia, una instancia de debate virtual a la que concurren artistas, promotores y pensadores.

En Colombia, donde la Covid ha cobrado 10 mil vidas, en un contexto en el que la paz se hace más lejana, los hombres y mujeres de las tablas se movilizaron junto con otros sectores sociales contra los asesinatos de líderes, lideresas y firmantes de la paz, porque cómo puede pensarse en rescatar el teatro en medio de un clima de violencia y empobrecimiento. También se suman a la lucha por salvar la Universidad Nacional con la demanda de matrícula cero y mínimo vital para que los estudiantes puedan estudiar, pues más de la tercera parte de ellos no ha podido renovar su matrícula.

En Cuba, donde el sistema de salud ha mostrado admirable eficiencia y los artistas disfrutan de garantía salarial y del cuidado de sus espacios, en consecuencia con la política cultural del Estado que valora la cultura como una prioridad, el bloqueo económico y comercial del gobierno de los Estados Unidos se ha mantenido en ascenso, con sensible afectación para la economía del país y para la vida de la gente en muchos órdenes.

Las plataformas digitales y la transmisión de audiovisuales se articulan con la acción directa. Porque el teatro latinoamericano nunca ha vivido ajeno a las contradicciones de su sociedad o a las tensiones que padecen sus espectadores. Dentro o fuera de la escena los artistas siguen activos.

El teatro tiene ante sí retos tremendos. Un actor se pregunta con preocupación si “cuando volvamos al escenario real, si es que volvemos, el grado de sofisticación será similar” al de la parafernalia fría de los medios digitales. Sin renunciar a las alternativas que ofrece la virtualidad mientras no se pueda retornar a las salas para mantener el vínculo posible con los espectadores y llegar a rincones insospechados, los teatristas tienen que ingeniárselas para encontrar nuevos modos posibles de rescatar el encuentro vivo y la presencia real. Y seguir luchando por sus derechos como trabajadores del arte, que se articulan con los de su público, el resto de la ciudadanía de la que son parte y para quien crean sin descanso.

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