Si hablo de amor es culpa de Oligor y Microscopía Teatro

Por Gabriela Perera Vitlloch

Sin darme cuenta, hace algunos años, cambié los diarios por objetos. Ahora ordeno en gavetas cajitas metálicas para confiar mis memorias. Cuando le pido a mi abuela que me hable del pasado, abre los escaparates y elige el testimonio, porque para ella los objetos son el pie forzado de su vida entera. Es una obsesión hereditaria; un tiempo exclusivo en el que las dos viajamos a muchos lugares. De ahí viene mi pasión hacia el trabajo de Oligor y Microscopía Teatro. Si al pensar en los objetos sólo puedo hablar de amor, cuánto más pudiera enamorarme ante las maquinarias del equipo mexicano-español.

Desde diversos lugares del mundo, Shaday Larios y Jomi Oligor investigan la memoria a través de huellas materiales. Más allá del virtuosísimo teatro que construyen, en un formato tan detallista y preciso; más allá de sus estudios sobre el teatro documento y la semántica del objeto, ambos artistas son potentes investigadores de los rastros que el ser humano deja en la tierra. De su similar seducción por los objetos nacieron piezas como La máquina de la soledad, La melancolía del turista, y el proyecto El Solar. Agencia de detectives de objetos junto aXavier Bobés. En los espectáculos, a todo lo inanimado se le añade un nuevo valor de vida. Todos nuestros presupuestos sobre la funcionalidad y el sentido ornamental de la materia son removidos porque, en escena, los objetos de Larios y Oligor, como en la visión de Tadeusz Kantor, contienen la memoria.

Aún en medio del proceso ‘‘covid’’, Oligor y Microscopía no han cesado sus producciones. Diría que julio ha sido para ellos un de los meses más prósperos durante la pandemia. Desde los inicios del mes se ha podido ver a través de YouTube, por invitación de Teatro UNAM, Después de la arena, un video arte en homenaje a la vejez, al desgaste, al paso del tiempo, a las despedidas. La película se erige como una especie de dispositivo similar a las maquinarias teatrales de la compañía. Con su conocida estrategia objetual, los creadores colocan a una pareja de ancianos en duelo con su vida, con todo lo que de ellos ha quedado, en medio de un paisaje desértico. Fotografías, insectos, piedras, construyen una escenografía de dolor, que recuerda la evocación y nostalgia por el pasado que regresa siempre en las piezas de Oligor y Microscopía.

Poco a poco nuestro cuerpo será rumor

volveremos como arrullo a mecer las vidas

volveremos en el sueño

para no perdernos de tus ojos

estaremos ahí cuando nos nombres

para sostener tu silencio después de la arena[1]

Luego, entre el 7 y el 12 de julio volvieron a presentar La melancolía del turista en la Sala Tallers del Teatro Nacional de Cataluña. El espectáculo, que en su propuesta inicial estaba destinado a un número de treinta personas, fue reducido a doce, por las medidas de distanciamiento social. En un ambiente de intimidad, a través del característico enfoque de contemplación, distintos objetos guían las memorias de los viajes a lugares icónicos del mapa turístico. La trayectoria deshacetodos los imaginarios construidos sobre las ventas exóticas y banalizadas de importantes zonas del mundo. Durante ese proceso, los creadores entienden que el turista entra en un estado de melancolía, que revierte su experiencia en una fase muy particular del conocimiento. Regresar al teatro y vivir los viajes como turistas, habrá sido un gran lujo para los que pudieron asistir. Pronto el espectáculo regresará a escena en el marco del Festival Internacional de Marionetas y Formas Animadas de Lisboa.

Una de las más preciadas investigaciones que recoge la edición más reciente de la revista Conjunto (nn. 194-195) es un texto coordinado por Shaday Larios en el que más de veinte voces dan testimonio del mundo del objeto, con una mirada aguda sobre nuestra cultura material: Titulado ‘‘Objetario Cuba S.A. Memoria insular: un teatro de objetos documentales para la isla’’, la iniciativa viene de un proceso muy fértil de encuentro en Cuba con Oligor y Microscopía, en abril del año pasado, trás la primerísima edición del Encuentro Internacional Retablo Abierto, proyectado por Teatro de Las Estaciones en su 25 aniversario; y también como parte del circuito de la Memoria Material.

El EIRA abrió un espacio pedagógico sobre el teatro de figuras y entre tantas maravillas, tuvimos el privilegio de vivir La máquina de la soledad, en ese entonces convertida para nosotros en una conferencia performativa que desmontaba la vida escénica de la pieza y también nos daba las pistas de El Solar. Agencia de detectives de objetos. Vivimos de cercala maleta de las antiquísimas cartas de amor, y con ella una máquina generadora de una memoria universal. El encuentro con otras ciudades, época, arquitectura y el tránsito de la biografía hacia un estadio revolucionario del espacio-tiempo. Toda esta riqueza matizada de una valiosísima documentación sobre las investigaciones de Shaday Larios, también registrada en su libro Los objetos vivos. Escenarios de la materia indócil, reseñado también en Conjunto.[2]

Mucho nos enseñan Oligor y Microscopía sobre la vulnerabilidad de la primera visión de las cosas. La memoria, que también vive su confinamiento durante la pandemia, ha sido, quizás inconscientemente, motivada por la razón de ser del dúo; solo hay que revisar en redes sociales el índice enorme de publicaciones que evocan el pasado o las historias que por ahí se cuentan sobre la relación de nuestros amigos con sus espacios de vida. Mi abuela me ha regalado nuevas cajitas antiguas y yo he seguido acumulando en ellas mis pedazos de vida material.


[1] Fragmento del texto subtitulado durante la película Después de la arena de Oligor y Microscopía Teatro.

[2] Ver Vivian Martínez Tabares: “De lo objetual en el teatro, sus conceptos, alcances y alternativas de expresión, dos libros”, Conjunto n. 189, oct.-dic. 2018 Leer el Teatro), pp. 101-103.

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