Premio Iberoamericano para un poeta rebelde

El chileno Raúl Zurita ha sido reconocido este martes con el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante del género en español. El autor de obras como Purgatorio (1979), Anteparaíso (1982), El paraíso está vacío (1984), Canto a su amor desaparecido (1985), El amor de Chile (1987), La vida nueva (1988), Selección de poemas (1990), Poemas militantes (2000), Sobre el amor y el sufrimiento (2000) e INRI (2003) se convierte así en el tercero de su país en recibir este galardón, luego de Gonzalo Rojas (1992) y Nicanor Parra (2001).

Desde la década del setenta, y en forma paralela a su escritura, Zurita fue activo integrante del Colectivo de Acciones de Arte (CADA), acompañado, entre otros, por Diamela Eltit. En 1982, sobre el cielo de Nueva York, cinco aviones escribieron con letras de humo su poema “La vida nueva” y en 1986 la Casa de las Américas lo recibía por primera como jurado de su premio Literario. Esa acción se repetiría en 1999 y en 2006 su antología INRI se alzaba como ganadora del premio honorífico de poesía José Lezama Lima. Ya desde el 2000, en Chile, Zurita se había convertido en Premio Nacional de Literatura.

En el acta que dio cuenta del Premio que le concediera la Casa en 2006 consta que después de evaluar los nominados, se decidía otorgar el premio a INRI por tratarse de la conmovedora parábola de un universo de valores humanos cuyos enemigos no pudieron destruir, en que las voces de Neruda y Huidobro  parecían escucharse por debajo de estos versos de innegable amor a su nación, a su geografía, a sus luchas históricas, a su moral cotidiana que desborda el sentimiento de amargura o desarraigo.

No nos hemos perdido

No nos hemos perdido.
Infinitas batallas nos preceden,
incontables cadáveres hinchándose
sin fin bajo las lluvias
y músculos y tendones rotos emergiendo
como sueños entre los botones de tierra.
Nos preceden veraces campos,
fértiles trigales abonados sólo con sangre,
siglos enteros labrados a destiempo,
generaciones igual que árboles quemándose
en la tormenta.
Pero nosotros no nos perdimos.

Entre las luces de las estrellas
que no llegaron a destino y los ojos húmedos
que chirriaron ardiendo en las antorchas
Entre las cenizas de los cuerpos
aún pegadas a los muros
Entre los mares derrumbándose
y las falsas Ítacas refulgiendo frente a Nadie
Nosotros no nos perdimos.

Miles de otras naves nos esperaban
Océanos de muertos nos querían llevar consigo
Sirenas como racimos nos llamaron con su canto
Pero nosotros no nos perdimos.

Y por eso ningún cadáver
ni ningún grumo de sangre
que cantó cuajado en el hueso
ni ningún tendón roto vendido en el canasto
ni ningún amanecer asombrado entre los verdugos
ni ninguna ruina ni naufragio
dejó de encontrar el cielo
que es nuestro y es de todos.

Porque nos encontramos no sucumbió la eternidad
Porque tú y yo no nos perdimos
ningún cuerpo
ni sueño ni amor fue perdido.

Zurita es el ganador del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en un momento en el que pareciera que Chile va a despejar de una vez por todas el camino hacia la democracia. Una democracia que se vio truncada y oprimida con el gobierno de Pinochet, durante el cual Zurita plantó su destino político definitivo y su eterna poesía rebelde. Si bien es cierto que la contingencia por la Covid 19 lo obliga a recibir la noticia de manera virtual y refugiarse en la seguridad sanitaria de su hogar, no es menos verdadero que ya habrá tiempo de festejar en las calles de Chile. Hace apenas un año lo veíamos allí en medio de las vorágines de protestas con su bandera en brazos; este premio y el plebiscito del 25 de octubre próximo, con el cual se redactará la suerte de la Constitución en Chile, quizás lo animen a salir otra vez, luego de la pandemia, y celebrar a la altura.

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