Mario: cien años

El 17 de julio de 1964 Haydee Santamaría le envió la primera carta, invitándolo a integrar el jurado del Premio Literario Casa de las Américas del año siguiente, con la única “limitación y obligación” de “premiar la obra de más calidad literaria”. Aunque Mario Benedetti no pudo concretar aquel viaje a La Habana, ese mensaje estaba iniciando, sin que nadie pudiera imaginarlo, la relación más intensa que escritor alguno sostendría con la Casa a lo largo de más de cuarenta años.

Por fin, la visita del uruguayo se hizo realidad en enero de 1966 como jurado de novela. Fue mucho más que una estancia literaria. Una carta a Roberto Fernández Retamar –la primera que dirigiera a la Casa después de aquel viaje– es elocuente:

Te aseguro que mis cinco semanas en Cuba ya han quedado inscriptas entre mis mejores temporadas. No sólo porque ese viaje significó para mí el cumplimiento de una aspiración largamente acariciada; no sólo por el sacudón espiritual que representa ser testigo de una experiencia social y política como la que Cuba tiene la fortuna de vivir, sino también porque ustedes tienen un modo muy particular de invadirle a uno el corazón y hacer que uno sienta, a los pocos días de haber llegado, la confianza y la alegría de una amistad sólidamente cimentada. […] desde ahora todo ese mundo es también un poco el mío, y para demostrar que ésta no es una mera frase, tengo aquí, convenientemente autenticado, el certificado de mi nostalgia.

Desde entonces la relación de cercanía y confianza mutua entre el uruguayo y la institución no haría más que consolidarse. Al año siguiente regresaría como jurado de cuento, asistiría al Encuentro con Rubén Darío, se incorporaría al Comité de colaboración de la revista, prepararía libros para nuestra editorial, y en noviembre estaría de vuelta por tercera vez para fundar y dirigir en la Casa el Centro de Investigaciones Literarias (CIL).

Entonces su capacidad organizativa y de trabajo encontró cauces más que productivos: imaginó y gestó colecciones, puso en marcha un archivo sonoro y discos que se desprendían de él, prologó volúmenes y realizó antologías, organizó ciclos de conferencias, convocó a colaboradores de medio mundo. Al mismo tiempo, no dejó de escribir nunca, y el órgano oficial de la Casa lo contó entre sus más sostenidos colaboradores; fe de ello es el volumen Materiales de la revista “Casa de las Americas” de/sobre Mario Benedetti, publicado en 2015 por nuestro Fondo Editorial, que ha publicado, además, seis libros suyos.

Tras su experiencia cubana, el regreso a Uruguay en 1971 supuso una intensa actividad política que a la postre lo llevaría al exilio. Y como exiliado regresaría a Cuba entre 1976 y 1980, etapa en la que volvió a la Casa como asesor del Centro de Investigaciones Literarias y, de nuevo, como miembro del Consejo de Dirección. Durante esos años vivió en Alamar como un cubano más. Antes y después de esa experiencia regresó a la Isla en innumerables ocasiones, y aquí ofreció charlas, presentaciones de libros y multitudinarios recitales de poesía, el último de los cuales tuvo lugar en 1995. No es casual que haya sido él la persona seleccionada en 1989 para agradecer, en nombre de los galardonados, la medalla Haydee Santamaría en su primera entrega.

A lo largo de décadas se sucederían en el ámbito político e intelectual, en los más diversos escenarios, momentos felices y tensos, polémicas y conmociones, y tras cada uno de ellos Benedetti quedó al lado de Cuba y de la Casa, aunque muchas veces debió pagar un alto precio por sus indeclinables posiciones.

Habíamos previsto dedicar a Mario el homenaje que merece, como un doble compromiso ante él y sus lectores. Lamentablemente, las circunstancias nos obligan a restringir dicho homenaje a los medios y al espacio virtual. Aun así, nos gustaría que sus admiradores sintieran en este tributo todo el agradecimiento y el cariño de la Casa de las Américas al escritor, al amigo, al hermano que Mario fue. Que sigue siendo.

Casa de las Américas

La Habana, 14 de septiembre de 2020

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