Somos mucho más que dos

Por Antonio Martorell

Conocí las palabras del escritor uruguayo, iberoamericano, caribeño y universal Mario Benedetti antes que su persona. Por lo tanto, a Mario lo reconocí más que conocerlo en la Ciudad de México cuando ambos nos acogimos a la proverbial hospitalidad mexicana.

Ya había leído La Tregua, Gracias por el fuego, Datos para el viudo, La muerte y otras sorpresas y por supuesto Poemas de la oficina. Del poeta aprendí que las palabras no son ni bonitas ni feas, ni grandes ni chicas. La belleza y el significado de ellas radica en cómo se acompañan codo a codo en la calle del papel. Las une el afecto más que el efecto, no ostentan, son. Y ese son tiene un tumbao al caminar sobre la página, una cadencia que desafía la tumba por más que puedan ser lapidarias.

Traté de hacerme eco de los Poemas de la oficina, tanto en la edición popular de la Editorial Nueva Imagen como en el portafolios gráfico auspiciado por la galería Arvil. Me empeñé en utilizar el lenguaje  y accesorios oficinescos incorporando pliegos cuadriculados, papeles carbón y transparentes, sobres, presillas, sellos, cuños, tarjetas postales y tipografía de maquinilla impresos en serigrafía con abundancia de collage.

Nuestra intención era presentar en Puerto Rico tanto las publicaciones como un concierto donde Nacha Guevara acompañada por Alberto Favero cantaría los poemas y Mario los leería. Todo estaba listo hasta que el gobierno de los Estados Unidos, que tiene plenos poderes sobre la colonia boricua, le prohibió la entrada al poeta.

Fue durante una de mis frecuentes y gratas estadías y talleres en La Habana que nos sorprendió la muerte del hombre que transformó el tedio burocrático en poesía, la marcha protestataria callejera en canto de amor. Esto sirvió de pie a mi primera litografía dibujada sobre piedra caliza en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana y que desde entonces cuelga en la pared que da la bienvenida a la Sala Presidencial de nuestra Casa.

De la calle a la piedra, de la piedra al papel, del papel al muro seguimos siendo mucho más que dos. Gracias Mario.

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