Una profesión de fe

Por María Elena Vinueza

Acaso alguien se pregunte como en el oscuro presente que viven nuestros pueblos, no quedan ganas para cantar y para acompañar, aplaudir o corear a quienes cantan. No siempre podemos decir lo que sentimos y sobre todo, no podemos decirlo en nuestros países. No siempre podemos hacer referencia a hechos dramáticos y recientes. Pero, acaso los olvidamos?, no es el olvido lo que nos congrega junto a las canciones. Sucede simplemente que el cantor dice con su canto su rabia o su alegría. Es un profesional en el mejor sentido de la palabra porque su arte se basa en una profesión de fe, en una apuesta hacia el futuro. De algún modo, es un intérprete de nuestra indignación o de nuestra esperanza; y si pese a toda la amargura y a toda la rabia cantamos con él, es porque ni él ni nosotros, apostamos a un mundo de innominia y de crueldad, sino a otro de justicia y de alegría. Mientras tanto, las canciones son ventanas abiertas, algunas veces hacia el pasado aleccionante y otras hacia el futuro que queremos ganar. Pero siempre que esas canciones-ventanas se abren, es como si circulara por el sórdido callejón una corriente sana, un aire puro, algo que de algún modo nos oxigena y nos ayuda a cumplir con dignidad y con valor, esa dura tarea que es vivir, simplemente vivir.

Mario Benedetti

De ese modo y a viva voz, el poeta defendía su derecho a poner sus versos en las manos y en las voces de un mundo y de un tiempo necesitado de una nueva canción. Mario Benedetti es sin lugar a dudas uno de los autores en lengua castellana de mayor presencia en el cancionero contemporáneo.

Más de doscientos poemas musicalizados y letras para canciones, demuestran el interés que su escritura ha causado en la labor de varias generaciones de músicos hispanoamericanos que, desde la década del 70, fueron apropiándose de la poética de Benedetti, hasta convertirla en paradigma del texto pertinente en una canción de autor. Muchas de sus obras también ha devenido en temas clásicos de compositores e intérpretes relevantes y de sus respectivas audiencias. Por eso no podremos prescindir de su nombre cuando volvemos a la obra de Héctor Numa Moraes, Daniel Viglietti, Joan Manuel Serrat, Tania Libertad, Alfredo Zitarrosa, Luis Pastor, Alberto Favero, Nacha Guevara, Pablo Milanés, Soledad Bravo, Roy Brawn, Daniel Drexler…

Alberto Favero, Nacha Guevara y Mario Benedetti en 1972

La importancia que el poeta uruguayo dio a esa área tan significativa de su trabajo intelectual, quedó plasmado en el libro Canciones del más acá (1988) donde agrupó sesenta de sus ²textos para ser cantados² y que ya en ese momento formaban parte del repertorio de artistas y agrupaciones de América Latina y Europa.

Así mismo, la gratitud de los cantores a la generosa contribución de Benedetti a la música también se expresa en ese reciente título Mario Benedetti. Antología poética (Alfaguara, 2020), con selección y prólogo de Joan Manuel Serrat. Quien compartiera con el poeta la creación de aquel memorable fonograma El Sur también existe (1985), escribe en el prólogo con acierto: No toda poesía vale para ser cantada ni todos los poetas sirven para escribir canciones /…/ Pero en este caso Mario Benedetti, letrista de canciones por derecho y al tiempo buen poeta, entre poesía y canción no media una frontera clara.

De ese afán incansable por musicalizar su obra, la Casa de las Américas fue escenario y testigo cuando hace poco más de un año recibió en concierto a sus compatriotas Silvina Marrero y el compositor Carlos Darakjian para la presentación del Cd Señales (2018), empeño discográfico dedicado íntegramente a la poesía de Benedetti desde una propuesta estética muy diversa en el contexto de la música popular contemporánea.  

Esa tarde del 18 de mayo de 2019, mientras escuchábamos en la Sala Manuel Galich a Silvina y Carlos, evocábamos las veces que Mario subió a los escenarios de la Casa para compartir con sus hermanos de canto. Primero fue a principios de 1978 para ese recital que quedó por siempre en la memoria bajo el título de Nacha Guevara canta a Benedetti, que realizaron junto al compositor argentino Alberto Favero. Luego, en abril de 1984 dentro de los festejos por el XXV aniversario de la Casa, en un concierto de música y poesía que protagonizó junto a su querido amigo Daniel Viglietti y que por cierto tuvo como segunda parte presencia solista del guitarrista venezolano Alirio Díaz. Desde entonces una y otra vez el poeta y el cantor quedaron unidos en los espacios, los relatos y las memorias de la Casa.

Canciones como Te quiero, Hombre preso que mira a su hijo, Cielito de los muchachos, No te salves, Defensa de la alegría, Por qué cantamos, Corazón Coraza y muchas más, regresarán una y otra vez en las voces de jóvenes cantores y sus audiencias. Su poética será explorada y devuelta en nuevos modos de hacer y de pensar la música, pero sin lugar a duda para la canción latinoamericana, Mario Benedetti permanecerá para siempre en su profesión de fe, en su maravillosa capacidad de contar y cantar nuestro tiempo, en su permanente apuesta de futuro.


Nacha Guevara canta Te quiero, de Mario Benedetti Alberto Favero.




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