Anales del Caribe: una revista que llega con la fuerza de la región

La Sala Manuel Galich de la Casa de las Américas acogió la presentación de la Revista Anales del Caribe en su número correspondiente a 2019-2020, y que dió clausura al Ciclo de Pensamiento Social Caribeño que se desarrolló desde el 26 de octubre hasta la fecha en múltiples plataformas de la institución. Con la presencia online desde Trinidad y Tobago de la profesora Jaqueline Laguardia Martínez (Instituto de Relaciones Internacionales, Universidad de las West Indies, St. Augustine campus / Cátedra de Estudios del Caribe “Norman Girvan”, Universidad de La Habana), y en sala Haydée Arango Milián (Universidad de La Habana / Editora de la Revista Anales del Caribe, Casa de las Américas) y Gabriela Ramos (Especialista del Centro de Estudios del Caribe /Casa de las Américas), se disertó sobre la edición compleja y hermosa de esta publicación periódica que ofrece también sus textos en la lengua original de los colaboradores. Compartimos la grabación del encuentro y la nota editorial que acompaña este nuevo número de Anales del Caribe que ya está disponible para su descarga en PDF en el sitio de la Casa de las Américas, y que se adelanta a su presentación impresa en la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Por Camila Valdés León

En el manglar se agita la vida, que es de agua y de tierra, de intersticio mutable, de raíces cruzadas. Allí donde pudiera pensarse un borde diferenciador, no existe sino la fluidez, la sombra y el calor que permite un mundo otro, de interconexiones, roces y lazos. La mangrove glissantiana, mejor expresión posible del barroco nuestro, de nuestro caos fructificante, es también metáfora de un pensamiento crítico que se hace en estado de tránsito, desde las muchas raíces, para entenderlas y abarcarlas a todas y seguir creciendo, de forma horizontal. Interpelados por las configuraciones, los procesos y los puntos de giro, pensamos este número desde el manglar. Por tal motivo iniciamos con un dosier sobre Belize,(1) estado desde 1981, multidimensional nación en sus pertenencias territoriales, históricas, culturales y lingüísticas. Desde un reconocimiento de esta diversidad y sus complejidades y desde una perspectiva descolonizadora con un enfoque marcado en la función de la cultura, la educación y el trabajo comunitario, se presentan estos siete textos. El núcleo de ellos se debe al trabajo conjunto de nuestra revista con Yasser Musa, a quien debemos nuestro agradecimiento en la coordinación y gestión de los textos y del arte de los autores beliceños aquí incluidos. Redondean la propuesta del dosier, además, un texto sobre historia oral de los madereros en la Honduras Británica y una lectura de la obra poética del propio Yasser Musa con una traducción en presentación bilingüe.

Desde el manglar también nos pensamos en las mareas, en los tiempos de giro, como los que se suceden a partir de 1898, fecha de la firma del Tratado de París en donde la Mayor de las Antillas, en guerra con la metrópolis española, verá condicionada su independencia en las manos del «protector» vecino americano. Ese año marca en cierta forma el inicio del siglo XX en el Caribe, condicionado por una proyección progresivamente imperial de Estados Unidos hacia la cuenca al sur de sus fronteras nacionales. De estos momentos nos hablan el dosier «1898: los Estados Unidos y el Caribe, avatares de una vecindad en la primera mitad del siglo xx», que reúne algunas de las ponencias presentadas en el Ciclo de Pensamiento Social Caribeño que tuvo lugar en octubre de 2018 en la Casa de las Américas; así como la sección fija «Los archivos de la memoria», con un abordaje de la prensa periódica cubana y francesa y su tratamiento de estos temas.

En septiembre de 2017 dos poderosos huracanes trazaban un cono que significativamente revolvía ante la luz de los medios la complejidad política de las islas en el norte del mar Caribe. Como una triste clase de geografía, cada parte meteorológico iba engarzando nombres poco frecuentemente ubicados en una misma oración. En las noticias, el mundo oía nombrar pequeños estados insulares, islas divididas entre dos metrópolis y territorios con definiciones políticas diferentes y aun anacrónicas en el siglo xxi. En las noticias, el Caribe se veía unido por el mar y el terror de los vientos en espiral; pero también por la solidaridad ante la cotidianidad que se comparte (la particularidad ambiental que es belleza y también fragilidad) y por la resistencia de naciones culturales que han sabido hacerse desde el combate, contra los vientos y contra la opresión.

Las tres islas que conforman las U.S. Virgin Islands fueron golpeadas duramente, precisamente en el año en que, sin nada que celebrar, se cumplía una centuria de la adquisición de estos territorios por parte de Estados Unidos de manos de la corona danesa. Unos meses antes, en la Casa de las Américas, en el marco del Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe «Memoria y conflictos de fronteras», habíamos reflexionado sobre las connotaciones de ese centenario con la presencia de varios invitados y una exposición visual. En aquel entonces soñamos con hacer un libro desde el Centro de Estudios del Caribe; sin embargo, los huracanes pospusieron los proyectos, mas no el empuje, que se traduce finalmente en este número. Indudablemente este fascinante dosier se vincula a los ánimos de los otros dos que lo enmarcan en el número y en esos cruces, de resistencia anticolonial y afirmación ante nuevas reconfiguraciones geopolíticas, debe leerse.

Preguntas por las redes intelectuales, sus propuestas identitarias, sus declaraciones de compromisos y pertenencias se nos presentan desde su complejidad genérica y conceptual en el dosier «Arte, compromiso y rebeldía», y en las secciones fijas «Cruce de pensamiento» y «Voces». En esta última incluimos un texto, publicado en 1966 por el intelectual barbadense George Lamming, que a más de sesenta años tiene total vigencia en este presente convulso en que la batalla no cesa por el respeto a la humanidad y el fin del racismo. Por otro lado, y teniendo su primera aparición en este número, inauguramos la sección fija «Cine caribeño» para reflexionar desde una zona de la creación artística que ha sido menos atendida por nuestra revista y que es, además, deudora de la labor encomiable de cineastas intelectuales como Rigoberto López, a cuya memoria y legado dedicamos este espacio.

En este número doble, pues, continúa Anales del Caribe en la tarea de «decir lo real retador» que nos convoca y lo hacemos como hemos aprendido a hacerlo de aquellos, fuerzas tutelares a cuya obra debemos la sobrevida (con nosotros la obra toda, profundamente caribeña, de Roberto Fernández Retamar): desde el trabajo en redes; desde el diálogo, atento a la palabra del otro, dispuesto a brindar el hombro y la voz. Este conocimiento de nosotros mismos, desde la sana duda socrática, nos exige la visión crítica y la noción de que todo acto de conocer es proceso y es acumulado de muchos seres y tiempos.

Desde la portada, una mujer altiva y negra nos interpela con su mirada. Desnudos sus pies entre raíces volcadas, no hay en su mirar fragilidad sino reto. Así nuestra revista se ubica, sobre este año último –difícil e interminable 2020–, como quien sale al mundo tras la tormenta y se levanta las mangas para volver a construir, para seguir construyendo. Con nuestras pieles y nuestras historias, ante cualquier huracán de agua o de crisis, nos erguimos, acompañados por nuestras figuras tutelares, y desde el manglar miramos adelante, sin temor.

Revista Anales del Caribe | Año 2019-2020

(1)Yasser Musa nos solicitó colocar la «z» en el nombre de Belice, que en español se sus-tituiría por «c». Hemos respetado su indicación y así lo hemos mantenido en el título del dosier y en los textos en inglés al interior del mismo.

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