El sueño americano: ¿a better life?

Con motivo del 42 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano compartiremos algunas reflexiones sobre filmes de ficción que abordan la problemática migratoria latinoamericana hacia los Estados Unidos.

Por Amanda Sánchez Vega*

A better life (Estados Unidos, 2011), del director Chris Weitz, se construye alrededor del robo de la troca que Carlos, un migrante mexicano indocumentado, compró para iniciar un negocio que le permitiera pagar para adquirir un estatus legal en los Estados Unidos, país en el que vive hace más de diez años, y así sacar adelante económicamente a su pequeño núcleo familiar (él y su hijo). Este hecho los arrastra a un recorrido por la ciudad de Los Ángeles que se convierte en un acercamiento a sus raíces y a la realidad de otros migrantes indocumentados. 

Algunos de los temas de importancia capital para la sociedad estadounidense actual no constituyen interés exclusivo de las ciencias sociales, sino que, otros circuitos académicos y de producción cultural hallan abundante material de trabajo en las contradicciones y conflictos relativos a la migración específicamente latinoamericana. Aun cuando la historia de la nación norteña debe muchas de sus páginas a los flujos migratorios que le dieron forma, en ella ocupa un lugar especial la migración latina por su volumen e impacto cultural durante, principalmente, la segunda mitad del siglo xx. De ahí que asuntos como la formación de barrios latinos, la proliferación de las pandillas y el enraizamiento de la comunidad chicana sean el escenario de la cinta.

Lo que se muestra trasciende tanto el momento de la decisión de migrar, como el viaje que supone (ya sea por vías legales o no), concentrándose por tanto en diversas aristas del fenómeno (económicas, laborales, sociales) que examinan las complicaciones relativas a la inserción/integración de los indocumentados y de sus hijos.

Precisamente Luis (el hijo de Carlos), representa a los chicanos. Este vocablo de tipo generacional (1) tuvo implicaciones peyorativas y despectivas pues era utilizado indistintamente como sinónimo de mexicano o como estadounidense de origen mexicano y en ambos casos señalaba una procedencia social desfavorable. No obstante, a través del movimiento chicano de los 60, la concientización y lucha política – cultural adquiere una nueva connotación ligada al sentido de pertenencia y a cierta noción de identidad idiosincrática. No es casual que una de las escenas fuera rodada en la calle César Chávez, líder del movimiento chicano.

A better life apunta hacia una dimensión cultural de la migración que alude a las connotaciones identitarias del fenómeno, asociadas al mantenimiento de la lengua, de las costumbres y creencias propias de la sociedad de origen. Como en cualquier familia la presencia de conflictos de carácter generacional marca la interacción padre-hijo, pero en este caso evoluciona y modula la comunicación entre los protagonistas hasta concluir señalando al espacio de la familia como agente de socialización especialmente importante en la trasmisión de tradiciones y valores; sobre todo si se tiene en cuenta el carácter naturalmente erosivo de la migración sobre el sentido de pertenencia obtenido en el universo simbólico que conecta emocionalmente nuestra personalidad con el referente cultural del que procede y que inevitablemente se verá modificado e incluso abandonado con el paso de las generaciones.

Dicha dimensión cultural tiene un correlato político que se hace evidente en las escenas que describen la deportación de Carlos, quien tras permanecer unos días en un Processing Center de Agua Dulce luego de que una patrulla lo detuviera y le pidiera sus papeles se convertirá para el espectador en una ventana humana a la marginalidad y la criminalización a la que están sometidos los migrantes en estos centros carcelarios:

(…) se van a tener que quitar toda la ropa, todo, calcetines, calzones, zapatos. Toda joyería, relojes, anillos, cadenas, etc., etc. No se permite pelearse en esta prisión. Si te involucras en un conflicto de cualquier tipo te van a levantar cargos tal como si estuvieras fuera de estas paredes (…) Un aviso a los pandilleros, aquí no se permiten las pandillas; si los cachamos congregando, segregando, teniendo juntas, organizando, reclutando, practicando cualquier tipo de intimidación, haciendo señas (…) serán aislados inmediatamente (2).

A mediados de 2014 alrededor de dos millones de latinos habían sido expulsados de los Estados Unidos (3). Algunos llegaron al país como indocumentados, caso de varios personajes de A better life, otros adquirieron este estatus tras permanecer ahí con visados expirados.

La deportación se convirtió en un acto con un doble carácter: de criminalización y discriminación, lo que hace entendible que esta situación se haga tan visible en algunas escenas rodadas en centros de deportación. Según las legislaciones estadounidenses ser indocumentado es una falta administrativa, sin embargo, los migrantes con dicho estatus son tratados como criminales.  Los centros de detenciones administrativas parecen centros penitenciarios pues cumplen todos los requisitos para ser clasificados, al decir de Erving Goffman, como instituciones totales. El migrante permanece detenido hasta que se aclare su situación migratoria o se proceda a la deportación, aunque no haya cometido delito alguno.

Varios aspectos técnicos básicos son imprescindibles para una correcta decodificación de las claves cinematográficas sobre las que se erige el filme. Este se inscribe en la pauta narrativa del drama y la ficción dándole vida a una historia dinámica y profunda al mismo tiempo cuya poética reside más en el contenido del argumento que en los artificios y recursos técnicos de los que se suele echar mano para enfatizar mensajes. Así se observa un muy comedido tratamiento del color que no realiza cambios de filtros o acentuación de tonalidades con tal de intensificar escenas, sino que por el contrario se apuesta por una visualidad profesionalmente rigurosa pero natural.

No menos importante como agente comunicador es el sonido; en varias ocasiones se hace notar el sentido de pertenencia cultural cuando por ejemplo se sintonizan en la radio de la troca emisoras dirigidas a la comunidad latina. En otra escena se expone al espectador y a uno de los protagonistas (Luis con los audífonos puestos) a una secuencia de imágenes de grafitis, crímenes y asesinatos acompañados por la canción “California” la cual en determinado momento de su letra dice: “Bienvenidos a California, tierra del mojado hechicero, natal de México que no conoce el miedo (…) tuve la desilusión y caí en la pinta, golpes de la vida, golpes sin medida (…)”. Dicha canción establece una referencia bastante directa al fenómeno de la criminalización, a la exclusión social y la marginalización como factores que propician el desarrollo y la proliferación de las gangas (4), cuyos miembros con frecuencia van a parar a las cárceles y demás centros de detención reforzando de esa manera el consabido estereotipo del latino migrante delincuente. 

Al llegar a los Estados Unidos el migrante pasa a formar parte de la gran minoría ´latina´, concepto que no reconoce la diversidad y aglutina a todos los ´latinos´ en un bloque monolítico cuando, por el contrario, son un sector poblacional heterogéneo, con diversos orígenes nacionales, lo que implica múltiples culturas e identidades. Mucho de lo que marca el ritmo de la cotidianidad californiana, está condicionado por lo anterior y aparece expresado en la recreación del entorno sobre el cual fluye el entramado narrativo.

Esta misma diversidad social, cultural y religiosa es la que explica que los barrios latinos de California funjan tanto como un espacio de cooperación y articulación de alianzas y lazos de solidaridad que faciliten la experiencia del inmigrante ante la realidad social relativamente desconocida y extraña en la que comienzan a desenvolverse sus vidas y, al mismo tiempo tales diferencias interpretadas desde la marginalidad y la pobreza propician la existencia de conflictos cuya evidencia más clara radica en las dinámicas gangsteriles que llenan de orgullo a las pandillas y de tatuajes que identifican a sus miembros. Así, se tiene que de la misma manera en que estos vecindarios contribuyen a la creación de estrategias de resistencia en defensa de la identidad paradójicamente también son el escenario de algunos de los más violentos capítulos de la historia reciente de los Estados Unidos. Una referencia al asunto deviene grafiti en una de las escenas del filme: “Too many mexicans not enough bullets” (5).

En tales circunstancias es mucho más probable que jóvenes hijos de migrantes latinos indocumentados (como Luis y su amigo Facu, nacidos y criados en los Estados Unidos), graviten bajo la influencia de las maras cuyo discurso de reclutamiento, explotando las condiciones discriminatorias impuestas a los migrantes, propone a dichas organizaciones como alternativa protectora y fraternal (en tanto hermanos de lucha) que bajo la promesa de un cierto grado de aceptación social y valoración de la actitud personal atraen a miles de jóvenes que, cansados de su invisibilidad social, creen encontrar un sentido de pertenencia frente a una sociedad que no les proporciona un grado suficiente de reconocimiento (6).

De ahí que A better life haga hincapié en el tema de la identidad, de la conservación de las tradiciones culturales, de las costumbres religiosas y de la lengua natal. Estos vórtices del conflicto social se convierten en recursos narrativos que desde la perspectiva cinematográfica exploran, reflexionan, difunden y denuncian cuestiones vitales como el desarraigo cultural, el debilitamiento del anclaje moral que suponen las prácticas religiosas y la transformación del lenguaje, como signos de una pérdida progresiva de la identidad que se acentúa con el paso de las generaciones.

*Fragmentos del ensayo Por la tierra prometida: la odisea del migrante latinoamericano en el celuloide, de próxima aparición por la editorial cubana La Luz.

Notas y bibliografía

  1. Chicano se utiliza para referirse concretamente a la segunda y tercera generaciones de descendientes de mexicanos nacidos en los Estados Unidos. No obstante, es necesario tener claro que con la firma del Tratado Guadalupe – Hidalgo todos los mexicanos que permanecieron en los territorios que pasaron a formar parte de los Estados Unidos (Texas, Arizona, Nuevo México, California, Utah, Nevada, Colorado y Wyoming) comienzan a autodenominarse chicanos aun cuando eran mexicanos lo que hace de este término un vocablo que excede la mera alusión al paso de las generaciones.
  2. Fragmentos del guion de A better life durante la escena en la que Carlos llega al Centro de Deportación.
  3. Golash, Tanya (2015). Deported: immigrant Policing, disposable labor, and global capitalism. New York: New York University Press.
  4. Extrapolación al spanglish del término inglés para pandilla gang.
  5. Dado que muchas de las pandillas de Los Ángeles fueron creadas por migrantes latinoamericanos en los años 60 la lucha policial contras los gangs y la aplicación de leyes anti-maras impactaron con mayor fuerza en los barrios latinos, lo que reforzó el estereotipo trinitario “latino–migrante–delito” y consiguientemente el aumento exponencial del sentimiento anti-inmigrante y por lo tanto la tendencia a la criminalización alrededor de la figura del latino.
  6. Liebel, Manfred (2005). “Barrio gangs en Estados Unidos: un reto a la sociedad excluyente”. Desacatos No18: 127-146.

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