«Orgullo y Alegría» para la Casa. Presentación de Memorias de una teatrera del Caribe

A continuación reproducimos las palabras de presentación para el libro Memorias de una teatrera del Caribe, de la puertorriqueña Rosa Luisa Márquez; pronunciadas por Vivian Martínez Tabares, directora de Teatro de la Casa. En un encuentro online que reunió a más de cien personas al unísono, entre ellos, Susan Homar, Antonio Martorell, Miguel Rubio, Charo Francés, Teresa Ralli y otros muchos se destacó la importancia de hacer público este título en una institución como Casa de las Américas. La presentación íntegra está disponible en nuestro canal de Youtube

Por Vivian Martínez Tabares

(PRIMERA CAMPANA)
Muy buenas tardes. Es un gran placer acoger en la Casa de las Américas la presentación del libro Memorias de una teatrera del Caribe, de la querida amiga y compañera boricua Rosa Luisa Márquez. En primer lugar, quiero agradecerles a ella y a otro amigo cercano, el director peruano Miguel Rubio, líder de Yuyachkani, que hayan pensado en esta Casa de todos los latinoamericanos y caribeños para que el libro salga a recorrer el mundo en la emociones y pensamientos que despertará en sus lectores.
Recibimos, virtualmente, a una artista que ha animado estos espacios con su presencia en numerosas oportunidades, la primera vez como acompañante de Osvaldo Dragún y de otros muchos artistas para gestar el primer taller de la Escuela Internacional de Teatro de la América Latina y el Caribe, en 1989. Un evento al que ella, en compañía de su inseparable Antonio Martorell –que también hará de las suyas esta tarde–, insuflaron enorme dosis de juego y alegría de innegable estirpe caribeña. Antes, había dejado su rastro cuando participó al frente de los Teatreros Ambulantes de Cayey del Festival de Teatro de La Habana en 1987. Más tarde fue miembro del jurado de teatro del Premio Casa de las Américas 2003, y parte de un equipo –singularmente orquestado junto con Abelardo Estorino, Freddy Ginebra, Luis Peirano y Cristóbal Peláez–. Entonces Rosa se elevó sobre sus zancos para hablar del trabajo con los jóvenes universitarios, y animar el encuentro sui generis en la acostumbrada jornada de paneles de cada jornada del Premio.
Como maestra indiscutible que es, Rosa Luisa también ha sabido situarse desde la modestia, como cuando nos acompañó junto con Miguel Villafañe, su pareja en la vida –también cómplice visual, como se verá, de esta aventura que celebramos hoy–, y ambos fueron entusiastas espectadores y sostén de empeños en la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral, en 2016. Juntos volverían en la siguiente edición, con refuerzos, al mostrar el espléndido montaje de Hij@s de la Bernarda, con Lorca, Gilda Navarra, la aportación danzaría de Jeanne D’Arc Casas y el compromiso de un núcleo de actores, bailarines y músicos jóvenes, con la que recrearía las secuelas coloniales en el espíritu colectivo e individual del puertorriqueño y denunciaría el abandono de la isla tras el paso del huracán María, a través del dolor y de la belleza.
En el 2018, Rosa Luisa regresó a San Juan con el Premio El Gallo de La Habana, que otorga la Casa de las Américas a artista agrupaciones, instituciones y hechos relevantes para la escena latinoamericana y caribeña, que recibió de manos de nuestro presidente, el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, a quien despedimos el pasado año.


Así, presente en cuerpo o espíritu, la autora de Memorias de una teatrera del Caribe, es colaboradora regular de la revista Conjunto, aventurándose a ejercer el criterio desde su larga experiencia como actriz, directora, dramaturga de la escena y maestra, en reseñas que permiten a nuestros lectores acercarse a puestas en escena de la isla hermana o más allá, a través de su mirada sensible y siempre interesada en compartir saberes.
Por eso esta presentación es para nosotros en la Casa motivo de orgullo y alegría. Y también que nos acompañe Miguel Rubio, que en las palabras de presentación al volumen recuerda cómo conoció a Rosa Luisa precisamente aquí hace 31 años, en la cocina del proyecto pedagógico que sería la EITALC y para que la relación humana y profesional entre ambos ha llegado mucho más lejos, en hermandad y colaboración fecunda, por el teatro latinoamericano y caribeño.


(SEGUNDA CAMPANA)


Por mi parte, como expreso en la introducción al libro, gracias a “su vocación de teatrera contumaz, ligada a la cultura y a la ética del grupo”,
…la autora nos lleva por algunos de los procesos de creación escénicos estudiantiles, de entre los muchos que fueron concebidos y madurados bajo su guía en el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico, o junto a profesionales afines —varios de ellos formados por ella misma—, y siempre Rosa Luisa parte de una enorme generosidad para compartir conocimientos, iniciativas, recursos, insuflar entusiasmo, y prestar elementos de atrezo o lo que haga falta; como también de la capacidad no menor de generar un espacio creativo libre y activo, para ser llenado por el/los otro/s con sus ideas y acciones. En cada proceso los traspasos de ida y vuelta fluyen desde la mejor energía compartida por el/los grupo/s que arma, cargada de risas, de hermosa música, de atractivo juvenil, de historias actualísimas y de antaño, junto con referentes preciosos del acervo teatral y cultural. Su magisterio práctico con los estudiantes-actores es, en cada acción pedagógica, la entrega de una herencia de saberes aprehendida —de sus grandes gurúes: Augusto Boal, Peter Schumann y sus compañeros del Bread and Puppet, de Gilda Navarra, Osvaldo Dragún y Myrna Casas, en orgánica fusión—, retroalimentada por contactos regulares con pilares del teatro latinoamericano —Santiago García, Miguel Rubio, Arístides Vargas y con la experiencia de los talleres y laboratorios de Yuyachkani y Malayerba—, y aliada con colegas boricuas de su generación o de las siguientes.
En lo personal, como comento también, desde que conocí a Rosa Luisa Márquez en 1987, durante el Festival de Teatro de La Habana, y me reveló un rostro inquietante del teatro puertorriqueño con tres montajes que trajo a la cita, a lo largo de una antigua relación profesional, derivada en amistad entrañable, debo reconocer con gratitud su disposición para servirme de puente con muy diversos artistas e intelectuales relacionados con la escena en Puerto Rico, abriendo puertas y tendiendo lazos, proponiendo textos teatrales para la revista Conjunto o llevándome ella misma a ver montajes y ensayos que, por muy recónditas o pocos difundidos que estuvieran, yo no podía perderme. Gracias a ella me ufano de conocer lo mejor de la escena boricua y de tener queridos amigos y amigas entre sus hacedores.
Y ya comentaba que yo, que cargo con orgullo el oficio de tejedora de redes humanas y culturales desde que hace 28 años soy parte de la Casa de las Américas, la reconozco a ella como “activista nata para enlazar/los/nos a unos con otros y expandir amarras”. Su gestión ha visibilizado e impulsado al desarrollo a muchos de los artistas más jóvenes, hayan sido o no sus discípulos, para romper el aislamiento a que somete a su isla la condición colonial, y hay que añadir que siempre solidaria contra el aislamiento a que el bloqueo del gobierno de los Estados Unidos somete a la nuestra.
Pero hay mucho que ver y escuchar a continuación:

Disfrutaremos de los secretos que nos revelará el maestro Miguel Rubio acerca del proceso de escritura y edición del libro; luego de una lectura en cinco actos breves, desde San Juan, Quito y Lima, a cargo de Myrna Casas a dúo con Rosa Luisa Márquez, Teresa Hernández y Charo Francés, quienes darán voz a fragmentos seleccionados del libro. Antonio Martorell hará un intermedio en el que la palabra y el juego prometen un derroche de energía performativa. Y Teresa Ralli, Javier Cardona y Pilli Aponte nos regalarán otra serie de lecturas animadas. Al final, volveremos a encontrarnos.

(TERCERA CAMPANADA)
Con gran placer invitó a Miguel Rubio a abrir la fiesta.

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