Frontera: conflictos y contradicciones

Por Amanda Sánchez Vega*

Frontera (Estados Unidos, 2014), dirigida por Michael Berry, debe su nombre al espacio (frontera Arizona – México) en el que se desata el conflicto que servirá de base a la película: el asesinato de una mujer estadounidense imputado a Miguel, un mexicano indocumentado que llegó a los Estados Unidos tras cruzar el desierto. Esta situación involucra a tres adolescentes estadounidenses que se entretienen disparando a los migrantes. Se trata de una propuesta fílmica apegada a la acción y al policiaco que sirve de pretexto para indagar en las implicaciones de la búsqueda desesperada de un mejor futuro representado por la frontera.

En el Angelika Film Center, Michael Berry revela:

Nací en Arizona, mi mejor amigo, el guionista y cineasta Luis Moulinet, toda su vida quiso escribir un guion sobre los hombres y mujeres que llegan sin documentos a este país; él con la influencia directa de sangre y yo conociendo las historias de los inmigrantes que crecieron conmigo. Finalmente, con Frontera creo que logramos nuestro objetivo, presentar el lado humano del fenómeno migratorio (…) yo lo que traté de decir es que hay héroes y villanos en ambos lados del espectro, seres humanos que viven afectados por esta situación. Tal vez la película despierte preguntas que lleguen a cambiar la forma en la que hacemos las cosas (1).

La familia, fragmentada por la búsqueda de nuevas oportunidades, se ubica en la trama como un agente crucial en el proceso migratorio. Así, alineándonos con las posturas de la psicóloga Consuelo Martín se hace claro en Frontera que la migración no solo impacta a aquellos que migran, sino también a quienes permanecen en el país de origen. Miguel se despide en México de sus seres queridos con el objetivo de abrirles el camino al american dream, pero tras su detención por sospecha de asesinato, Paulina (su esposa), parte en su ayuda. Lo que comenzó como una separación transitoria de un miembro de una familia que aspiraba a convertirse en garantía de una eventual reunificación en los Estados Unidos generó la desintegración de la cotidianidad familiar con las correspondientes secuelas psicosociales y forzó el abandono de la hija por parte de la madre (que para ese momento había quedado como cabeza de familia). Toda la fuerza dramática reside en la prioridad y la solidez otorgada a los lazos familiares que siendo los que más sufren el distanciamiento aun así sobreviven las peores circunstancias y no necesariamente se disuelven.

Las adversidades del cruce por el desierto (representadas por los restos humanos que se encuentran en el camino junto a botellas de agua, ropas y basura abandonada), la criminalización de los migrantes con estatus de indocumentados y la imputación de delitos a uno de los sectores más despreciados de la sociedad, se ven entremezclados en una trama que busca confrontar a los personajes con sus prejuicios como premisa de cualquier mejoramiento y superación. El espectador sabe todo el tiempo cuál es la verdadera historia, hay pocos giros, pero la gran incógnita a despejar durante una hora y media es qué pasará con una mujer que migra sola y cómo tratará la justicia estadounidense a un migrante ´ilegal´ al que se le imputa un delito del que se sabe inocente.

Recurriendo a las tipologías expuestas en Coyotes en el cine fronterizo (2) podríamos decir que los personajes, a pesar de ostentar condiciones morales que en grosso modo los inscriben en conjuntos éticamente ´positivos´ o ´negativos´, están matizados de tal suerte que no se incurre en la fórmula clásica correspondiente a las posturas nacionalistas, sino que, por el contrario, aparecen personajes moralmente aceptables a ambos lados de la frontera. Siendo una película estadounidense describe un panorama en el que sus ciudadanos (principalmente policías y agentes de migración) muestran un amplio espectro de posturas y conductas para con los migrantes; por otro lado, la descripción que se hace de los mexicanos ni generaliza ni reproduce el estigma del latino inferior.

La frontera en el filme es más que un espacio físico – geográfico, es una zona de conflictos y contradicciones que excede la delimitación político – administrativa. La dinámica fronteriza tiene una dimensión social, política, económica y cultural que marca para el migrante la diferencia entre la mismidad y la otredad. Es por eso que es descrita como un lugar de encuentro de universos simbólicos diferentes, como un espacio de permanente negociación e intercambio (3) aun cuando el Estado, los lobbies, las corporaciones y las instituciones de manera general, intentan garantizar la reproducción y defensa de la cultura hegemónica y de la identidad nacional.

El cruce representa para el migrante un probable deslizamiento de su imagen al estereotipo del criminal. Ante el `norteamericano´ promedio, idiosincráticamente moldeado por las dinámicas de comunicación y construcciones de sentido caricaturescas y superficiales, típicas de los grandes medios de difusión, Miguel (como cualquier otro migrante) es percibido como un “maldito mexicano” (Roy). En tal situación sobresale la metamorfosis moral del ex-sheriff Roy (esposo de la mujer asesinada), quien supera sus prejuicios raciales y le otorga a Miguel el trato imparcial que con tanta frecuencia las autoridades le niegan a los migrantes. 

Llama la atención que si bien Frontera es una película independiente que no está financiada por casas productoras de Hollywood, su director puso a sus personajes protagónicos el rostro de estrellas hollywoodenses: Eva Longoria (Paulina), Ed Harris (Roy) y Michael Peña (Miguel). Más allá del compromiso profesional, algunos de los actores del filme parecen estar sensibilizados por la causa de los migrantes debido a sus raíces, como en el caso de Peña y Longoria (4), que tienen ascendencia mexicana.

El acompañamiento musical resulta bastante conservador, no se vale de referencias culturales para resaltar el tema migratorio, sino que se limita a modular emocionalmente la puesta en escena. Lo mismo ocurre desde la fotografía, en la que no se aprecia el uso de códigos de color y filtros de iluminación asociados a la particularidad del migrante como variable esencial de la estructura narrativa del filme. En otras palabras, la visualidad no es muy distinta de la de cualquier otro largometraje de ficción. Finalmente, en el diseño de sonido se respetó la lengua materna de los personajes.

No puede negarse que la dimensión narrativa de Frontera tiende un poco al romanticismo, porque, aunque Miguel y Paulina no logran permanecer en los Estados Unidos salen ilesos de la cárcel, lo cual comparado con lo que realmente suele ocurrir en tales casos, le imprime un cierto tono de happy ending a la trama. No obstante, constituye una referencia audiovisual a la resistencia contra aquellos remanentes del colonialismo que tanto aportan a la estigmatización de los migrantes como criminales, vagos, oportunistas e inferiores.

* Fragmentos del ensayo Por la tierra prometida: la odisea del migrante latinoamericano en el celuloide, próximo a publicación por la editorial cubana La Luz.

Notas y bibliografía

  1. Hitos, Laura (2014). “Ed Harris y Michel Berry presentan Frontera en Dallas”. Visita 8 de marzo de 2018 en http://www.rincondecine.com/Entrevistas/EDHARRISANDMICHAELBERRY-FRONTERA.html
  2. Villa, Juan (2011). Coyotes en el cine fronterizo. Arizona: Hispanic Institute of Social Issues.
  3. Giménez, Gilberto (2009). “Cultura, identidad y memoria. Materiales para una sociología de los procesos culturales en las franjas fronterizas”. Frontera Norte Vol. 21 No41: 6-27.
  4. Eva Longoria es reconocida por ser una activista por las causas de los latinos en los Estados Unidos. Fue invitada por Obama a la Casa Blanca en 2011 para hablar sobre la migración latinoamericana.

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