Fariñas en la memoria

Por Layda Ferrando

Carlos Fariñas fue un músico plural y un hombre de su tiempo. Signado por una recia personalidad, una aguda sensibilidad artística y una inagotable capacidad de trabajo, ha trascendido su espacio vital para entronizarse definitivamente en lo más alto de la cultura cubana.

Abordar su inmensa figura en apretada síntesis implica el riego de atropellar su obra, que trasciende lo artístico para alzarse en paradigma de los valores humanos. En Fariñas el binomio creador-pedagogo funcionaba orgánicamente; de la misma forma en que pensamiento y acción eran signos de su sincera estirpe revolucionaria. Por eso, asumió con total compromiso todas las tareas que le fueron dadas: fundador del Teatro Nacional de Cuba, jefe del Departamento de Música de la Biblioteca Nacional José Martí, decano de la Facultad de Música del ISA…

Al repasar su amplio catálogo de más de cien obras musicales para piano, sinfónica, de cámara o electroacústica, encontramos la creación de un artista de vanguardia con una especial capacidad para la belleza. Su particular interés y comprensión del universo visual  le propició también una especial relación con el cine que queda registrada en la música compuesta para más de una decena de filmes cubanos.

Fue Carlos Fariñas un artista querido y respetado por sus colegas latinoamericanos. Su amistad con Argeliers León lo hizo cómplice del quehacer musical en la Casa desde muy temprana fecha hasta los últimos compases de su vida. Como sencilla retribución, en 2002, Boletín Música dedicó su número 10 al Maestro. En esta entrega, que recoge solo pinceladas de su gran contribución a la cultura latinoamericana, se ofrece el artículo  “Muros, rejas y vitrales”, de la musicóloga Claudia Romeu; la partitura de su obra Conjuro y una separata que compendia biografía y catálogo.

Ahora que Fariñas cumplió sus ochenta y seis años de vida, una vida que será interminable a través de su música, lo sabemos nuevamente en la Casa porque (parafraseando a José Massip) nada hay más poderoso que la memoria, ni los olvidos ni los silencios.

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