La travesía: fotografía de un viaje y una estancia lejos de casa

Por Rey Pascual García

La travesía es un lugar, un sentido, una dirección, un viaje, una maleta, el ciclo del eterno retorno hacia el origen… Conmovedora y cruel fotografía de la realidad de los migrantes latinos la pieza teatral La travesía, que hoy les comento, narra los avatares que tras llegar a un país europeo sufren una familia de inmigrantes manabitas. Bajo la autoría del dramaturgo ecuatoriano Nixon García, el texto publicado en la revista Conjunto no. 142 (ene-mar. 2007), fue estrenado por el grupo La Trinchera en 2005 bajo la dirección del propio autor y de Charo Francés.

Con un fuerte contenido simbólico, si bien fotografía de una(s) realidad(es), no se limita a detener los acontecimientos en un papel, sino que los sofoca, los comprime y expande, mientras se van sucediendo. Así es generada no solo una visión perturbadora de la vida que lleva la familia, sino también una reflexión que juega con los sentimientos y convierte a los afectos hacia la tierra natal, en armas que diluyen cualquier defensa.

En cinco escenas, la vida de Dora, Pablo y Santiago, que conviven con un chivo a quien nombraron Antonio, es dinamitada hasta los cimientos con la aparición de conflictos cotidianos y absurdos, pero que, al sumarse, sin resolución, culminan con la generación del caos, tan o más absurdo, pero no menos real. Entre esos conflictos, el frío perenne, la nieve, la sensación de lejanía y la necesidad de recordar constantemente los afectos familiares (la abuela, la tía, el tío, la prima) como método para sentirse un poco menos lejos de casa; son agujas que pinchan una y otra vez la casi nula estabilidad de los tres. El frío austral enfrentado con las memorias del calor ecuatorial. Todo en medio de una amplia gama de metáforas y de diálogos con gran contenido poético, organizador del fuerte componente simbólico que da fe de ese sentir hacia la tierra natal.

Una recurrencia en el texto es la continua humanización de elementos: el chivo Antonio visto como un familiar, un emigrado más que corre el riesgo de perderse o ser llevado; las maletas que adquieren un sentido vívido y cargan no con objetos, sino con fragmentos de personas, de historias de vida, o incluso el frío, que entra por las ventanas con el mismo acento del idioma inentendible de los vecinos; lo que provoca en su conjunto la percepción de la casa en la que habitan estos personajes como un búnker, un país de cuatro paredes sitiado por la nieve blanca, donde resistir es la única razón de su existencia.

La desaparición, la pérdida y la muerte son elementos constantes en el texto. Están presentes desde la primera escena con la supuesta desaparición del chivo Antonio, y matizan la muerte de las maletas, los infructuosos intentos de salida ilegal y la pérdida paulatina de los recuerdos en la segunda escena; la muerte del cuerpo y de la Patria en la tercera, mientras en la siguiente se organiza el posible final de Antonio, o el de ellos mismos al ser asediados por los vecinos y la policía; hasta la escena final con la muerte del chivo, cuando la deportación y el regreso no son miedos tapados, sino consecuencias probables y, en cierto modo, esperadas/queridas. Como enlace entre ellas está el ensayo que ejecutan a todo volumen de la canción para celebrar las fiestas de La travesía.

Actor, director, dramaturgo, profesor y gestor cultural ecuatoriano, Nixon García Sabando, Premio Nacional de Dramaturgia Joaquín Gallegos Lara 2010, ha publicado y estrenado una decena de piezas teatrales. Fundador del grupo de teatro La Trinchera de Manta en 1983 y docente de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, es también director del Festival Internacional de Teatro de Manta, reseñado en varias ocasiones por la revista Conjunto. Sobre la labor escénica de La Trinchera, puede leerse de la mano del propio director, junto a la actriz Rocío Reyes Macías: “El escenario, una trinchera en Manta”, publicado recientemente en el número 196 (jul-sep. 2020). Con La Trinchera ha llevado a escena, entre otras, Mala noche, Ana, el mago y el aprendiz, El zaguán de aluminio y Tres viejos mares, todas de Arístides Vargas, Rosas secas, de la colombiana Nohora Ayala y Quimera, escrita y dirigida por él.

La travesía es documento de vida de una familia inmigrante, de sus preocupaciones, sus torpezas y aciertos en medio de un país cuanto menos extraño, hostil, frío y nevado, mientras caminan en la búsqueda de los sueños dorados. Una dramaturgia sencilla en estructura, pero rica en recursos poéticos y teatrales que permiten entrever una gran cantidad de significados y posibles lecturas, al tiempo que invitan al lector a pensar y construir sin muchas sombras ni dilaciones, una posible puesta en escena. Al final se encontrará en ella el viaje para responder las preguntas y las sensaciones que solo surgen cuando se está lejos, verdaderamente lejos de casa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.