Una década sin María Elena Walsh

Por Lianet Hernández

En estos tiempos “del revés” bien podría haber hecho, María Elena Walsh, otra versión de su famosa canción. O bien podría haberla escrito por primera vez. Aunque quizás ese himno que repetimos a nuestros hijos, casi por mecánico impulso, no tendría toda la magia acumulada en estos pocos cincuenta y tantos años. El reino del revés nos parece una canción de hoy, o de ayer, porque no envejece ni caduca. Como tampoco lo hace la obra toda de esa gran cantora del continente a quien también nos acostumbramos a citar muchas veces en la voz de Mercedes Sosa, su compatriota.

La otrora adolescente de 14 años que publicaba poemas en medios tan selectos como Anales de Buenos Aires, que dirigía nada menos que Jorge Luis Borges, publicó su primer libro, Otoño imperdonable, siendo todavía una niña de 17 años en 1947. El lirismo de aquel libro llegarían a compararlo con el de Gabriela Mistral, y no es de extrañar entonces que su mezcla poética y musical encontrara adaptemos tan valiosos como Pablo Neruda o Juan Ramón Jiménez.

Esos mismos poemas, con variaciones para niños y musicalizados casi al unísono por la María Elena que ya había desandado varios rincones europeos con su dúo Leda y María, en auténtica expresión de lo que sabemos hoy como World Music; vieron la luz después en Tutú Marambá, un libro guardado para siempre en la memoria popular, lleno de juegos y humor. Después llegarían discos, libretos de teleteatro o de programas infantiles, en los cuales cobrarían vida personajes de canciones como “Doña Disparate” o el “Rey Bombo”. Así, en un ir y venir de talento artístico en todas las formas de creación, y no solo para los niños, sino también para los adultos.

En medio de los convulsos años sesenta del pasado siglo, María Elena Walsh habría incorporado ya en sus creaciones los aires del feminismo o la protesta social, temas que la convirtieron en una verdadera juglar hasta que en 1978 la dictadura militar la obligara a abandonar ese camino, cegada por la censura. En ese tránsito separada de los escenarios la cantora se dedicó también al periodismo, muchos artículos cuentan en su haber, así como los más de cuarenta títulos para niños que años más tarde lograría retomar y llevarlos a la televisión.

En Cuba, por ejemplo, son famosas todavía su Canción de la Vacuna, Canción del jardinero, El adivinador. De hecho, en el año 1993, la Casa de las Américas organizó el Encuentro de la Canción Latinoamericana y caribeña, donde tuvo un espacio de elevado honor el trabajo y la obra de María Elena. Ese encuentro, donde estuvieron presentes numerosas figuras de esa esfera de la creación, dio paso más tarde a otros esfuerzos colectivos en el Continente.

En una de las muchas entrevistas que sobre la Casa de las Américas concediera el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, mencionaba el entrañable cariño y admiración que lo unió con María Elena Walsh. Sus canciones las llevaba tan presentes el entonces presidente de la Casa, que citaba aquel fragmento suyo sobre los amigos y decía que la cantautora argentina se encontraba para él entre los insustituibles:

 Cuando un amigo se va 
Nadie nos devolverá
Todo el corazón que le prestamos
¡Tanta compartida soledad!
Un amigo nuevo no es lo mismo
Pepe nos quiere por la mitad

Así escribía la argentina uno de sus versos más famosos en Zamba para Pepe. Y rememorándolos parecieran una eternidad los pocos diez años en los cuales no hemos contado (físicamente) con María Elena Walsh entre nosotros. Aun cuando falta menos de un mes para el 1 de febrero, el día que estaría cumpliendo sus primeros 91 años.

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