Notas para leer el cine caribeño. Viaje, tránsito y migración

Por Gretel Alvisa Realín*

Algunas premisas iniciales

Filmes como Brooklyn Racine (Jeremy Robins y Magaly Damas, 2013. Haití /EE.UU.; 12 min.) y Making History (Karen D. Mckinnon y Caecilia Tripp, 2008. U.K.; 10 min.),[1] enmarcados dentro del género documental, abordan la problemática del sujeto migrante desde la perspectiva de la diáspora. El concepto de diáspora es importante a la hora de advertir una de las formas posibles de migrancia, aunque no todo migrante integra necesariamente una comunidad en la diáspora.

Nos interesa antes de comenzar establecer una serie de premisas a partir de investigaciones previas.[2] Debemos tener en cuenta los vínculos de pertenencia compartida que se generan entre el lugar de origen y los centros de recepción; los espacios (lingüísticos, religiosos, culturales) intersubjetivos articulados entre el «aquí-ahora» y el «allá-entonces» de la memoria; y el descentramiento del discurso, que se caracteriza por un posicionamiento doble o múltiplemente situado, evidenciado en las diferentes posiciones enunciativas[3] que pueden adoptar los migrantes. Cada uno de estos elementos son útiles para entender la representación del sujeto migrante, en sentido general, y de la diáspora caribeña, en particular, en las películas mencionadas.

La consideración del contexto de la migración es significativa porque permite analizar el lugar en cuestión (ya sea de recepción, emisión o una comunidad diaspórica) como un espacio de producción de sentidos, lo cual implica que dicho espacio determina los medios utilizados para efectuar el enunciado como ejercicio discursivo y visual.

El cine y la diáspora caribeña en Nueva York

En el caso del corto documental Brooklyn Racine, estamos frente a una comunidad de haitianos en Nueva York, específicamente Brooklyn, quienes practican un género de música popular conocido como rara, el cual tiene lugar generalmente durante las celebraciones de carnaval en Haití, como parte de una procesión de calle y cuyo fundamento religioso es el vodú. Elegir como motivo cinematográfico esta celebración, y su significación para esa comunidad, pone el énfasis en la perspectiva de estos sujetos, en su mayoría negra, y cuya presencia en esta urbe, desde el punto de vista de la cultura dominante, es asimilada con dificultad. No obstante, tal y como reflejan las imágenes del documental, ellos luchan por su incorporación en la sociedad anfitriona, así como por mantener vivas, con sus bailes, su música y sus ritos, las tradiciones que los particularizan dentro de la masa heterogénea y anónima de migrantes que viven en los EE.UU. De esta manera, esos migrantes logran articular la memoria colectiva de su comunidad diaspórica en un espacio totalmente ajeno a las prácticas de su lugar de origen.

Fotograma del documental Brooklyn Racine, que reproduce imágenes de archivo

Es Nueva York también el lugar de enunciación de los personajes de Making History: Édouard Glissant y Linton Kwesi Johnson,[5] autores de renombre internacional en el ámbito de las letras caribeñas. Ellos son los protagonistas/personajes de este filme porque su voz, es decir, el discurso que mediante la narración del documental se articula, funciona como una efectiva estrategia enunciativa que permite legitimar el lugar que ocupan en la diáspora los sujetos migrantes caribeños. Es importante hacer notar que los protagonistas se expresan desde distintas posiciones enunciativas: como intelectuales, como caribeños y como migrantes. Esta pluralidad de puntos de vista permite esbozar, a partir de estos dos sujetos particulares, una idea general de cómo la intelectualidad caribeña –encarnada simbólicamente en uno y otro, aunque no reductible a ellos– ha teorizado en torno a la relación entre diáspora caribeña e identidad cultural. La construcción de un imaginario diaspórico en el cine equivale a poner en perspectiva un tema medular para la región: el constante flujo migratorio que tiene lugar no sólo al interior del Caribe, sino desde este hacia las más disímiles nuevas y viejas metrópolis.

Fotograma del documental Making History

En ambos documentales somos testigos de cómo estos sujetos migrantes se apropian de la urbe. Los músicos haitianos de Brooklyn Racine logran infundirle a la ciudad, a través de la música rara, el espíritu de sus ancestros y una de sus más genuinas prácticas religioso-culturales: el vodú. Por su parte, los escritores de Making History, logran «desterritorializar» la ciudad mediante el discurso dialéctico de asimilación-rechazo de la cultura receptora y, en el proceso, construir una «ciudadanía flexible» sin ataduras nacionalistas ni territoriales.


Fotograma del documental Brooklyn Racine

Una mirada sobre la migración desde la perspectiva de los sujetos que la experimentan permite poner a estos, en primer lugar, como los protagonistas de la Historia (entendida en su doble cualidad de historia personal y de esa historia mayor que los trasciende como sujetos particulares, pero de la cual no pueden sustraerse); y, en segundo término, ello propicia que desde lo fílmico tenga lugar una recolonización simbólica de la ciudad. La representación cinematográfica de la migración, que influye drásticamente en la vida de los sujetos que la experimentan y que implica una serie de reconfiguraciones en el plano de la existencia personal y colectiva, es uno de esos tópicos sobre los que el cine regional se ha volcado, otorgándole la significativa dimensión que para la cultura caribeña tiene.

* Este trabajo inaugura una serie de textos sobre cine caribeño, como parte de la línea de investigación del Centro de Estudios del Caribe “El cine caribeño: temáticas y códigos de representación” que pretende sistematizar el estudio artístico, histórico y social de las producciones cinematográficas hechas por realizadores caribeños. Este acervo fílmico es significativo para el reconocimiento cultural de una región tan plural como el Caribe. El cine, dentro de los estudios caribeños, ha sido una de las manifestaciones más desatendidas en términos investigativos, quedando a la saga de otras, como la literatura o la plástica, de larga y sólida tradición en la región y mucho más reconocidas a nivel regional e internacional. Este proyecto investigativo se realiza en colaboración con la Muestra Itinerante de Cine del Caribe a partir de las películas que ellos atesoran en sus archivos.


[1] Ambas películas fueron proyectadas en la Casa de las Américas en el marco de la celebración del Premio Carbet en diciembre de 2014. En aquella ocasión fueron presentadas por el fundador de la Muestra y amigo de la Casa, Rigoberto López.

[2] Sumado a los intercambios en eventos, las proyecciones fílmicas y varias investigaciones en función de coordinar futuros espacios académicos para el debate de estas cuestiones, se debe mencionar que en junio de 2019 se defendió el trabajo de diploma “Una Torre de Babel Itinerante. La representación del sujeto migrante en las películas presentadas por la Muestra Itinerante de Cine del Caribe en los marcos de la 1ra. a la 8va. Edición”, por las estudiantes de Historia del Arte Flavia Acosta González y Gretel Alvisa Realín, bajo la tutoría de la Lic. Camila Valdés León (directora del Centro de Estudios del Caribe) y la Lic. Sindy Martínez Lemes (profesora del Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Artes y Letras). Esta contó, además, con el apoyo de Rigoberto López desde su concepcióna, así como de su equipo de trabajo en la Muestra Itinerante. Lamentablemente, el cineasta R. López no pudo ver la culminación de esta investigación pues falleció el 23 de enero de ese mismo año.

[3] Como, por ejemplo, puede ser hablar más de un idioma: francés, creol e inglés.

[4] Esta celebración es de origen católico, pero fue adaptada y reinventada en el proceso de transculturación.

[5] Resulta significativo destacar el hecho de que, aunque Glissant y Kwesi Johnson (de origen martiniqueño y jamaicano, respectivamente) se encuentran en Nueva York (espacio donde se filma el documental), ellos no eran migrantes en este enclave. Precisamente, elegir esta ciudad/locación para la conversación que sostienen denota el relieve simbólico de Nueva York como uno de los destinos principales de las diferentes diásporas del Caribe.

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