El auge de escritoras «permite ver otra realidad», celebra Rosa Beltrán

Por Mónica Mateos-Vega

Hace algunos años, cuando en la literatura se hablaba de la condición de la mujer y la escribían los hombres, había una suerte de impostación, de pequeño disfraz, considera la escritora Rosa Beltrán (Ciudad de México, 1960), a quien le resulta fascinante que se sumen más plumas a ese importante grupo de mujeres que permiten ver otra realidad a través de sus obras literarias.

La autora presentará este jueves su reciente producción narrativa: cuatro cuentos que han sido incluidos en la emblemática colección Material de Lectura que edita la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), iniciada en 1977, y que a la fecha suma más de 350 títulos dedicados a la poesía moderna y al cuento contemporáneo.

Así arrancará también la 42 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), que, por primera vez, debido a la pandemia de Covid-19, se hará de manera virtual.

En entrevista telefónica con La Jornada, Beltrán, quien desde 2014 forma parte de la Academia Mexicana de la Lengua, dice que a través de una rendija se incluye modestamente en ese conjunto de escritoras que no sólo en lengua castellana, sino también en inglés, han visibilizado un mundo que antes ni siquiera se podía nombrar.

Ha sido muy importante permitirles, permitirnos, la llegada a las letras, pues hay tantas historias de mujeres que escribieron casi a escondidas, con realidades muy adversas. Me encantan las cuentistas, pero también las novelistas, porque están, estamos, escribiendo de una manera que no se hacía, desde nuestra condición y desde nuestro cuerpo de mujer, para narrar exactamente cómo hemos vivido ciertos tránsitos, de la infancia a la adolescencia, o algunas formas de abuso que estaban normalizadas y que ahora comienzan a conocerse.

El cuento, un laboratorio fantástico

En la literatura que ahora escriben las mujeres, continúa Rosa, hay también “cierta forma de humor que no se permitía, porque se supone que las mujeres éramos toda bondad y compasión, imagen que venía del cine mexicano de los años 40.

Si éramos madres, todo era sacrificio, y ahora se ve que no es así; hay muchas mujeres que deciden no ser madres. Antes, hablar del placer, desde narraciones de mujeres, era casi para estar en los anaqueles más lejanos de las librerías o para ser leídas en secreto. Ya no sucede eso.

Rosa Beltrán recuerda que aún como estudiante de letras hispánicas en la UNAM comenzó a publicar historias cortas en el suplemento Sábado, que dirigía Huberto Batis en el diario Unomásuno.

A través de esas pequeñas cápsulas, detalla, descubrió que “el cuento es un laboratorio fantástico donde se encuentran todas las formas de narrar las voces, los puntos de vista, la temporalidad más extravagante; claro, después esto se llevó al modernismo en la primera mitad del siglo XX, pero el afán de experimentar no se ha perdido en el cuento.

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Cuando los hombres escribían de la condición de la mujer había impostación, un pequeño disfraz, apunta Rosa Beltrán en entrevista con La Jornada. Foto Cristina Rodríguez

Me gusta que me hayan incluido en Material de Lectura, colección que es el inicio para muchos jóvenes en la lectura de autores que después van a conocer en extenso. Cuando fui directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM coloqué en Internet 350 números de esa colección.

Historias vistas desde el darwinismo

Las cuatro historias de Rosa Beltrán que conforman el número 137 de la serie Cuento Contemporáneo de Material de Lectura son relatos domésticos de familia, vistos ya no tradicionalmente desde el sicoanálisis, sino desde la ciencia, desde el darwinismo.

La teoría de la adaptación encaja perfectamente con las relaciones que tenemos los humanos dentro y fuera de las familias, puntualiza la escritora,“ y durante esta pandemia ha sido muy obvio, pues muchas personas, además de la propia crisis sanitaria y de los problemas económicos, sufren terrorismo doméstico, porque en un espacio pequeño las relaciones con los otros se vuelven mucho más difíciles; lo primero que aflora es la relación de poder y no siempre es de arriba hacia abajo; es decir, de padres a hijos; también existen las tretas del débil.

“Detrás de mis cuentos está la sobrevivencia del más apto, que no siempre es el que parece ser el más fuerte o el que tiene los recursos. ¿Cómo observar esas relaciones familiares se convierte en literatura? Es una pregunta enigmática. No lo sé, porque no es un proceso que pase por la razón.

“De pronto un escritor ve algo y sin darse cuenta lo observa de manera distinta, oblicua, fuera de la caja, y el humor nace de las situaciones desesperadas, pero también de las más adversas, pues detrás de la risa también está el miedo a la muerte, a nuestra fragilidad.

La risa es nerviosa y es esa la que está detrás de estos cuentos, surge por un afán de supervivencia, porque el humor nos permite no sólo ver el lado oculto de una situación, sino estar en alerta, no para burlarnos de nuestra especie, sino más bien para compadecernos de los entes frágiles que somos, concluye la escritora.

El libro se presenta el jueves 18 de febrero a las 14 horas a través de la página de Facebook de la 42 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Participarán la editora Rosalía Chavelas, la escritora Mónica Lavín y la autora.

Tomado de La Jornada

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