Nuestro César, grande en las pequeñas cosas

Por Layda Ferrando

César Isella (1938-2021) vivió para cantar a la poesía y “a la verdad sincera de los que escribieron, a su corazón, hoguera ardiente de fe”. El cielo de su niñez tuvo aroma de albahaca y pan. Su madre andaba en la luz de una provincia de eternidad: en Salta. Allí creció y echó a andar por la América cuidando siempre que en las ciudades crecieran las flores.

Cuba y la Casa fueron testigos de su caminar cantando, “siendo tierra que anda con la raíz afuera del corazón”. Así llegó en 1974 junto a Armando Tejada Gómez, que venía a recibir el premio ganado con el libro “Canto popular de las comidas”. Y se sumaron, también con José Pedroni, a Un cantar del pueblo latinoamericano en teatros y fábricas; le cantaron a Chile y recorrieron la isla acompañados de Nicolás Guillén. De esa primera visita quedan registradas —en cinta magnetofónica— canciones como “Un día, un día dulce”, “Madre luz” y “La bicicleta con alas”.

El emblemático “Juanito Laguna”, del artista plástico Antonio Berni, lo marcó tan hondo que compuso varias canciones inspiradas en él, convocó a otros creadores (Astor Piazzolla, Horacio Ferrer, Atahualpa Yupanqui, Gustavo Cuchi Leguizamón, Eduardo Falú) y en 1977 editó un disco homónimo. Por esta época aparecen obras suyas publicadas como parte de la Colección Canción Estampa de la Editorial Lagos —producto de alto valor artístico que reune en un solo material tres lenguajes artísticos: la música, la poesía y las artes plásticas en ediciones de partituras para voz y piano— por el especial interés que tomaron las especies folclóricas argentinas al ser recontextualizadas como punto medular en la creación de los músicos que tomaron parte en el Movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana. Afortunadamente, gracias a la gestión del promotor cultural argentino Marcelo Krass quien hizo llegar a la casa más de medio centenar de estas partituras, tenemos (entre otras) el “Abrazo latinoamericano” que, en firme dueto, crearan Nicomedes Santa Cruz e Isella. 

Cuando en 1975 se editó el disco Compañero Presidente la voz de César evocó al “Che salvador” y puso acento suramericano en la “Canción para despertar a un negrito”, de Guillén. Y allí sigue, en el acetato original y en la reedición que se hiciera con motivo de los cincuenta años de la institución en 2009.

Otras veces regresó a la Casa y regaló canciones, discos, libros. En 2007 participó en el Encuentro de la Canción Necesaria, organizado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau dentro de las acciones de la Feria Internacional Cubadisco 2007.

Boletín Música ofrece, en su número 19-20, una afable entrevista que le realizaran los periodistas Mavy Padrón y Deny Extremera. En esa oportunidad, entregó su libro “César Isella, cincuenta años de simples cosas” (Editorial Suramericana) donde narra, en sencillo estilo anecdótico, su recorrido vital a través de canciones. Ese es nuestro César Isella, el que habita de manera sencilla la Casa en los ojos de Juanito Laguna y en canciones-flores que atesoramos con fruición, del mismo modo en que él asumió su tránsito disfrutando de las pequeñas cosas que hacen mejor la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.