Raíz de sueño sembrado: poesía visual en la obra de Belkis Ramírez *

Por Gabriela Ramos Ruiz

Soy el terreno invadido,
naturaleza robada.
Soy pensamiento indebido,
grito de voz silenciada
(…)
Soy mi coraza guerrera,
todo lo que he soportado.
Soy fuerza de cordillera,
raíz de sueño sembrado.
 
(Ileana Cabra Joglar / iLe, Contra todo, álbum Almadura, 2019)

Hay una fuerza en la obra de Belkis Ramírez (1957-2019), una especie de fuerza interior contenida y corporeizada, a su vez, en la contradictoria aparente quietud de sus personajes y la vocación de perdurar, resurgir, confrontar y resistir que estos manifiestan. Encontrarnos con algunas de sus piezas mientras revisábamos el inventario de la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría nos hizo experimentar esa sensación que se cruza entre el júbilo y el asombro, no por ser algo inesperado, sino por la constatación de la representatividad de los artistas caribeños que resguarda la Casa de las Américas. Ella ha sido una de las creadoras dominicanas contemporáneas de más sólida trayectoria en diversos ámbitos de las artes visuales, aunque siempre con una fortísima impronta del grabado –pudiera decirse que esta manifestación es la matriz[i] de su creación–.

«El grabado ejerció una fascinación en mí desde el principio, y bueno, fue como un enamoramiento “hasta que la muerte nos separe”, y sobre todo, con relación a la madera, estoy sumamente ligada a ella, no hay manera de que yo me pueda separar de ella. Siempre que pienso, tengo que hacer otra cosa que no sea madera, termino metiendo la idea en madera», dijo Belkis en entrevista con Carlos Garrido para Aica Caraïbe du Sud[ii]. No obstante, su formación artística incluye la arquitectura, el diseño y la fotografía, que sirven de herramientas tanto en la concepción de las obras, como en el despliegue museográfico de las de mayor escala (esculturas e instalaciones). El tránsito desde la bidimensionalidad de la impresión fundamentalmente xilográfica, hacia la concepción espacial de obras de mayor envergadura de producción, se dio hacia las décadas de los 90 y los 2000. Sin embargo, siempre conservó el trabajo con la madera y un marcado interés por problemáticas inherentes a un sujeto de raíz caribeña pero de trascendencia global.

Esta vocación por desentrañar las principales preocupaciones de los individuos, así como por problematizar las polarizaciones sociales, las desigualdades y las cuestiones de género se encuentran en las piezas que forman parte de nuestra colección. A pesar de la pequeña escala, su aliento es el de la universalidad, sostenido por la contundencia visual que resulta de la técnica y los temas seleccionados. Algunos de sus personajes son situados en un aquí/ahora específico, a la vez que forman parte de una trama mucho mayor de abandonos y olvidos (personales y sociales), de estereotipos, pero también de resistencias.

La mujer, como sujeto central en muchas de sus obras, se vuelve protagonista en esta serie de tres xilografías intervenidas, donde similares estructuras compositivas presentan féminas encerradas en especies de marcos –uno de ellos rectangular, y otros dos cuyas formas recuerdan la silueta de una casa–. Si quisiéramos establecer una línea cronológica entre las dos primeras asistiríamos a un proceso de transformación de las fuerzas interiores del personaje. Un momento inicial, encarnado en Otoño, muestra la caída de las hojas de esta especie de mujer-árbol, donde de manera significativa perviven aún dos hojas verdes cercanas al corazón. El otoño no es sino la muda del follaje de los árboles, la antesala del invierno, la preparación para la exuberante primavera en que todo resurge con ímpetu. Así, podríamos establecer una línea de continuidad fortuita con la siguiente pieza, en que se muestra la imagen femenina contenida/constreñida por esa silueta que rememora el espacio íntimo, privado del hogar, reforzado y custodiado por trazos que semejan alambres de púas. El aliento cuestionador de los lugares tradicionalmente impuestos a lo femenino constituye una de las posibles lecturas, toda vez que en su interior está a punto de estallar el conjunto de retoños que emergen de una cabeza que interpela directamente al receptor con su mirada penetrante.

Esta misma silueta de casa alambrada se repite en la siguiente obra, pero en esta ocasión la idea de la casa/prisión y de la perdurabilidad de los roles pre-asignados a las féminas se refuerzan con el título Por los hijos de los hijos, de manera contraria al aliento optimista de las dos piezas anteriores. Aquí la estructura compositiva refuerza lo problemático de un peso que carga de manera sostenida este personaje mujer arquetípico: el peso de los hijos, el peso del hogar, la responsabilidad no solo por su prole, sino por toda la futura descendencia, de manera perpetua. Desde el punto de vista simbólico estas tres xilografías componen una especie de pequeño mapa de las realidades y alternativas femeninas, de los modos comunes de cuestionar la perdurabilidad de marcas y legados de opresión, de las estrategias de reconfiguración de fuerzas internas y alianzas para la reconstrucción.

Por otro lado, otras tres piezas están muy vinculadas con otras de las inquietudes fundamentales de la artista: los ancianos y los desposeídos. Al respecto, el crítico Amable López rememora los temas más recurrentes de Belkis Ramírez cuando comenzaba a consolidar su labor y reconocimiento en el ámbito del grabado:

Durante la década de los 80 (…) llevará la práctica del grabado, especialmente la xilografí­a, hasta un grado máximo de poder expresivo. (…) En esta etapa, la obra gráfica es para ella el instrumento preferido y más apropiado en su persistente decisión de enfrentarnos a las dolorosas huellas del desalojo, a las melancólicas imágenes de la tercera edad o a las terribles cicatrices, luces y sombras de la marginalidad social.

Con similar disposición de los elementos que conforman los grabados, los tres de la siguiente serie se estructuran básicamente en dos o tres planos con una ventana abierta al fondo que reafirma el carácter interior de los ambientes y que presenta la posibilidad de asomarnos a esas realidades esquivadas o inadvertidas en nuestra cotidianidad. Quizás, también, y de ahí la riqueza de la ambigüedad artística, esos vanos vendrían siendo la posibilidad de airear e, incluso, escapar de esas vidas marcadamente desprotegidas en sus rutinas más comunes. Un barbero, una anciana y una pareja de enfermos (o un enfermo y su cuidadora) en un hospital, devienen metonimia de todos aquellos que se encuentran en situación de vulnerabilidad social, ya fuere por decisión propia o por las condiciones sociales que los han llevado hasta allí. La desprotección, la melancolía y la introspección cobran vida en estos personajes solitarios cuya condición es remarcada por el uso simbólico del blanco y negro como resultado de la impresión de grabado.

La conjugación en la persona de Belkis Ramírez de una preocupación por las problemáticas sociales circundantes, y por la posibilidad de inserción de los artistas dominicanos en el circuito de circulación internacional del arte, la hicieron ocupar un lugar de vanguardia en la generación de los 80 en República Dominicana. A partir de este momento fue consolidando una trayectoria que logró aunar preocupaciones éticas y estéticas de manera creciente, logrando un trabajo reconocido dentro y fuera de los predios nacionales. En 2008 fundó el Colectivo Quintapata junto a los también reconocidos Pascal Meccariello, Raquel Paiewonsky, Jorge Pineda y Tony Capellán, quienes estuvieron en la Bienal de La Habana de 2012. 

Con un nuevo descubrimiento en el trabajo de archivo con la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría queremos rendir tributo a esta artista esencial del espacio caribeño, cuyas indagaciones e intereses más genuinos cobraron forma «como una necesidad inherente a su persona, y como una necesidad vital/espiritual que, de algún modo, se presenta como una respuesta a la vida…Y es que, si algo define su obra, a lo largo de su trayectoria artística, es su gran carga conceptual y su nivel de compromiso, con ella misma y con la sociedad.» [iii]


[i] Resulta interesante la complementariedad entre los dos significados que podemos otorgar aquí a esta palabra: por un lado, la fuente contenedora de vida que acoge, preserva y prepara lo que tiene dentro para el alumbramiento; por el otro, la matriz como pieza principal del proceso de grabado sobre la que se desborda buena parte del trabajo creativo, a través del empleo de herramientas, materiales y técnicas de muy diversa índole, y que en muchas ocasiones forma parte directamente de las obras.

[ii] Carlos Garrido. Belkis Ramírez, de la misma madera, de la misma roca, del mismo mar (Entrevista, 23 de junio de 2010). Aica Caraïbe du Sud, 6 de junio de 2014, Belkis Ramirez, de la misma madera,de la misma roca, del mismo mar (Consultado por última vez el 17 de febrero de 2021).

[iii] María Elena Ditrén. Belkis Ramírez / 1957-2019. El arte lo demanda el alma. OCA News, 19 de agosto de 2019, https://www.ossayecasadearte.com/post/2019/08/18/belkis-ram-c3-adrez-1957-2019-el-arte-lo-demanda-el-alma (Consultado por última vez el 17 de febrero de 2021)

* Pertenecientes a esta serie de textos que prepara el Centro de Estudios del Caribe como parte de su línea de investigación “El Caribe en la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría”, consulte también:

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