Interpretar el Caribe a través de sus mitos

Por Flavia Valladares Más

Inauguración Mitos en el Caribe. Agosto, 2000.

Casa de las Américas abrazaba los albores del nuevo siglo con uno de los más significativos eventos de su historia, y con el cual, refrendaba su empeño por defender la integración cultural nuestra americana. Mitos en el Caribe, acontecido en el mes de agosto del año 2000, estuvo conformado por un conjunto de actividades —coloquio teórico, representaciones teatrales, conciertos, audiciones musicales, presentación de videos y documentales, y una muestra de arte de la región— organizadas por su Centro de Estudios del Caribe. El encuentro posibilitó un fructífero debate entre académicos, intelectuales y artistas que tuvo como centro gravitacional a la denominada cuenca uteral de América.[1]

Inauguración Mitos en el Caribe. Agosto, 2000.

Uno de los pilares del evento, lo constituyó la exposición colectiva del mismo nombre, Mitos en el Caribe, integrada por una amplia nómina de 35 artistas de 10 países, a saber: Cuba, Curazao, Haití, Islas Vírgenes (E.U.A), México, Puerto Rico, República Dominicana, Santa Lucía, Trinidad y Tobago y Venezuela. Según la Dra. Yolanda Wood, esta muestra formó parte de un circuito de iniciativas desarrolladas en el último decenio del siglo XX: Un nouveau regard (Francia, 1992), Karibische Kunst Heute (Kassel,1994), Caribbean Vision (Florida, Estados Unidos, 1996), Caribe: exclusión, fragmentación y paraíso (Extremadura, España, 1998), concebidas como «acontecimiento único e irrepetible» y que con desiguales alcances temáticos, conceptuales y artísticos, influyeron notablemente en la proyección internacional del arte del Caribe. [2]

En este sentido, podemos afirmar que uno de los rasgos distintivos de Mitos… es su carácter excepcional, signo que la ha hecho trascender su época para situarse en los anales de la historia del arte de la región. Ante tal aseveración son muchas las interrogantes que nos interpelan: ¿qué rasgos avalan dicha excepcionalidad? ¿qué trascendencia tuvo para la institución que la acogió? ¿cuáles fueron sus presupuestos curatoriales y qué visión del Caribe fue puesta en valor?

En primer lugar, la mega-exposición resultó ser la concreción del trabajo investigativo del Centro de Estudios del Caribe que asumía la práctica del comisariado en la figura de la destacada investigadora Ivón Muñiz. Se logró reunir un considerable número de obras y el Caribe gozó de un protagonismo inusitado, si se tiene en cuenta la lógica del discurso integrador latinoamericano de la Casa de las Américas, donde la región queda muchas veces diluida en las dinámicas del continente. Tal eventualidad no ocurría en los predios de la institución desde los dos últimos Encuentros de la Plástica Latinoamericana en los años 1976 y 1979, cuyas exposiciones tuvieron una nómina mayoritariamente caribeña.

Inauguración Mitos en el Caribe. Agosto, 2000.

La curaduría estuvo respaldada por una selección de obras que favoreció el diálogo entre artistas caribeños consagrados y otros, no menos importantes, pero provenientes de enclaves menos visibilizados en el circuito del arte regional e internacional; al tiempo que puso en valor una concepción histórico-cultural en detrimento de nociones geográficas reduccionistas. El sentir caribeño –forjado tras siglos de tempestuosas relaciones y mixturas culturales– fue rastreado no solo en el quehacer artístico de las grandes y menores Antillas, sino también en los lenguajes de creadores del Caribe continental –México y Venezuela–, así como de la diáspora caribeña. 

A su vez, la exhibición asumió «una perspectiva etnocultural que no privilegió manifestaciones ni prácticas del llamado arte culto»[3] lo cual coadyuvó a la integración de expresiones visuales más tradicionales y aquellas que forman parte del llamado arte efímero. Pinturas, dibujos, fotografías, grabados, esculturas, instalaciones y tapices, ocuparon los espacios de la Galería Haydee Santamaría, en una propuesta museográfica que estuvo a cargo de Lesbia Vent Dumois.

Si bien la muestra tampoco preponderó una manifestación en específico, develó la vocación del arte caribeño por rebasar los límites de la bidimensionalidad de la pintura, la fotografía y el grabado o las nociones más tradicionales de la escultura, para dar paso a los ensanchamientos morfológicos de la técnica mixta y el instalacionismo. Para ese entonces, la instalación definía uno los derroteros de «lo contemporáneo» en el panorama artístico de la región, y tras haberse consolidado durante la década del noventa, había marcado pautas en importantes eventos como la Bienal de La Habana. Las piezas Entretejidas de Belkis Ramírez, Círculo de esperanzas de Julio Valdéz, Las dos Lupes de Lila Zellet Elías y Hochi Asiático, o Ritual de la bruja negra de Tony Monsanto, por solo mencionar algunos ejemplos, develaron la trayectoria evolutiva del proceder instalacionista caribeño, desde el uso de materiales extraartísticos o el apego a las nociones escultóricas, hasta las operativas de invasión del espacio expositivo.

El mito, en su sempiterna condición, fue asumido desde las dinámicas del pensamiento contemporáneo. Mientras que otros proyectos de exhibición en la década del noventa habían abordado el tema en su relación con la cultura simbólico-material de las comunidades prehispánicas –Mitos. Galería Arawaka. República Dominicana (1991) y Misterio y misticismo en el arte dominicano. Centro Cultural BID. Estados Unidos (1997)–, Mitos en el Caribe posicionó la reflexión sobre lo mitológico en tanto constructo cultural mutable de acuerdo a los condicionamientos históricos regionales. Por esta razón, las piezas discursaron sobre temas de suma trascendencia y actualidad como la raza, el género, la historia, la hibridación cultural, las problemáticas ecológicas y ambientales, los mass media y la globalización.

Los grabados de Belkis Ayón, Genevieve Lahens y Miguel Trelles; las fotografías de René Peña y Marta María Pérez; los dibujos de Soucy de Pellerano y Carmen de Poll; los óleos de José Castillo, Marie Louise Fouchard, Rosa Tavárez y Víctor Dávila; las instalaciones de Ever Fonseca, Mario Lewis, Tony Monsanto, Belkis Ramírez, Carlos Servando, Julio Valdéz, Lila Zellet Elías y Hochi Asiático; las esculturas de Jean Camille Nasson; así como las piezas de José Angel Vincench, Diógenes Ballester, Janet Cook-Rutnik, Radhamés Mejía y Dennis Mario Rivera, catalogadas bajo la denominación de técnica mixta, sobrepasaron cualquier valoración determinista de los tópicos antes planteados, situándose en los enjundiosos márgenes de la interseccionalidad.

De tal suerte, la heterogeneidad de manifestaciones, técnicas y resultados visuales tuvo como núcleo cohesionador al mito, que –entendido como un cuerpo conceptual– devino la semilla de la cual florecieron un sinnúmero de signos, símbolos, tropos, temáticas que fluyeron en un caudal discursivo inagotable. El carácter autorreflexivo y ambiguo de las obras expuestas terminó por acentuar dicha multiplicidad de sentidos, toda vez que la capacidad de simbolización, tanto de lo mitológico como de las propuestas artísticas, enhebró las preocupaciones individuales de los creadores.

Imagen diseñada por Pepe Menéndez para el evento. 2000.

Pasados veinte años de su inauguración, las aportaciones estéticas y conceptuales de Mitos en el Caribe continúan teniendo una inusitada vigencia, al constituir la memoria visual ya no solo del evento que la vio nacer, sino de una región y una idiosincrasia en constante proceso de (re)configuración. Y ¿qué nos legó?, la inigualable confluencia entre reflexión, añoranza, evocación y leyenda.[4]


Flavia Valladares Más es licenciada en Historia del Arte (2017) y profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Habana. Ha impartido conferencias sobre arte cubano y arte caribeño y ha participado en eventos como la 43 Conferencia de la Asociación de Estudios del Caribe. Formó parte del equipo coordinador del evento teórico de la XIII Bienal de La Habana. Entre sus temas de investigación se encuentra la representación del malecón en las artes visuales cubanas, la migración y la memoria histórica y cultural.

Tanto la autora como el Centro de Estudios del Caribe, agradecen la colaboración de la investigadora y curadora Ivón Muñiz, quien amablemente facilitó las imágenes de algunas de las obras expuestas en Mitos en el Caribe.


[1] Término recurrente en las clases y conferencias de la Dra. Yolanda Wood, con el cual hace referencia al Caribe.

[2] Cfr. Yolanda Wood: “Arte del Caribe: el decenio que terminó el siglo XX”, en Arte por Excelencias, La Habana, 2009, pp. 13-18.

[3] Ivón Muñiz: El ser caribeño contemporáneo: su subjetividad y cuerpos iconográficos representativos, Tesis en opción al título de Máster en Arte, Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, 2000, p. 13.

[4] Guiño a la interrogante con la cual concluye el texto anteriormente citado, Arte del Caribe: el decenio que terminó el siglo XX de Yolanda Wood.

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