Latitudes y puentes: conexiones del arte caribeño francófono más allá de las fronteras

Por Gabriela Ramos Ruiz

Territorios conectados, archipiélago de cruces multidireccionales que transcurren en diversos tiempos, vuelven una y otra vez a colocarse en el centro de las indagaciones y relaciones del arte caribeño contemporáneo. Los creadores exploran su universo visual y lo (re)inventan desde la confluencia de ritos y mitos ancestrales locales, en comunión con preocupaciones éticas y estéticas más recientes de alcance global.

A partir de los dos mil, el reconocido y multipremiado realizador Arnold Antonin (Haití, 1942) comenzó una serie de documentales sobre artistas y manifestaciones del mundo cultural haitiano, con el precedente de su documental Art naïf et répression en Haïti (53 min., color, 16 mm, 1975. Premio especial del jurado en el Festival de la Francofonía de Nueva Orleans en 1976). Dentro de los materiales más recientes destaca La sculpture peut-elle sauver le village de Noailles? o Les sculpteurs boss-métal de la Croix-des-Bouquets (color, 36 min., video, 2009)[1]. En este caso realiza un acercamiento a la producción escultórica que utiliza las láminas de bidones de combustible, cuyo reconocimiento y difusión vino de la mano del artista Georges Liautaud en la década de los cincuenta, y de un sinnúmero de seguidores y hacedores del arte del metal hasta la actualidad.

Antonin, quien ha mantenido una estrecha relación con Cuba, fue jurado del Premio Casa de las Américas (2012) en la categoría de Literatura caribeña en francés o creole. Su sensibilidad artística y compromiso social le convierten, más que en un realizador cinematográfico, en un gestor multifacético para el estudio, la promoción y divulgación de la cultura y realidad haitianas. Si volvemos sobre el mencionado documental La sculpture…, no veremos solo la representación de una práctica artística, sino su dotación como potencial transformadora del entorno en el que se inscribe. En estrecho vínculo con la práctica del vodú y con los personajes imaginados de la cultura popular haitiana, las esculturas en metal de Croix-des-Bouquets son representativas de la adaptabilidad y la pericia creativa de sus artistas.

Dentro de la larga nómina de los hombres virtuosos dedicados a esta técnica se encuentran André Pierre, Serge Jolimeau, Gabriel Bien-Aimé, Julio y Jonas Balan, Gary Darius y Adrien Louis. En sus obras se entremezclan los trazos de vévés con imágenes de diversos personajes de la cosmovisión haitiana, en la que conviven los loas, las imágenes del cristianismo y personajes mitológicos.

Gabriel Bien-Aimé. Vevé du tambourrier (1985, 186 x 86 cm), Archivos de CIDIHCA relativos a la exposición Forgerons du vodou
Gary Darius. Arbre de vie (1985, 86 x 86 cm), Archivos de CIDIHCA relativos a la exposición Forgerons du vodou
Jonas Balan. Sirène musicienne (1986, 86 x 86 cm), Archivos de CIDIHCA relativos a la exposición Forgerons du vodou

En 1990 llegó a La Habana la exposición Herreros del vodú, con sede durante tres meses en la Galería Latinoamericana de Casa de las Américas, auspiciada por el CIDIHCA de Montreal. Su recorrido itinerante por diferentes ciudades del mundo francófono, bajo el nombre Forgerons du vodou, había sido posible gracias al esfuerzo mancomunado de esta institución con sede en Canadá, el IMEF de Montpellier, y Henri Deschamps en Puerto Príncipe. Como resultado, también, acompañó la muestra un libro-catálogo con prólogo de René Depestre y textos de Alain Foubert.

El acercamiento del público cubano a estas piezas constituyó una oportunidad para la confrontación de primera mano con el quehacer de los artistas haitianos, en una de sus vertientes más reconocidas a nivel internacional. Algunos de ellos también estuvieron presentes en las exposiciones que desde los centros hegemónicos del arte comenzaron a realizarse con mayor frecuencia a partir de los noventa[2]. La Casa de las Américas, en su tradición por difundir el arte latinoamericano y caribeño, constituyó el espacio idóneo para presentar esta muestra surgida de la necesidad del arte haitiano de traspasar las fronteras nacionales. A su vez, y tomando como referencia exposiciones ocurridas en un lapso de tiempo similar, podemos decir que la Casa fue pionera en mostrar las esculturas de Croix-des-Bouquets en nuestro continente.

Casi dos décadas después, el mismo año en que Arnold Antonin realizara el documental sobre el boss-métal, tuvo lugar la X Bienal de La Habana bajo el tema «Integración y resistencia en la era global». En este ámbito se desarrolló la exposición Latitudes-Tierras del mundo (27 de marzo-30 de abril de 2009, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales), una abarcadora muestra colectiva con la participación de veinte artistas de todos los continentes. Si en un inicio el proyecto Latitudes tuvo como intención el acercamiento a la producción de los espacios franceses de ultramar (2002), en sus sucesivas ediciones fue incorporando progresivamente artistas del resto de los territorios hasta abarcar los cinco continentes (tanto los países de tierra firme como las regiones insulares). En el catálogo de la exposición destaca la presencia de Yolanda Wood como voz autorizada, quien durante esa fecha dirigía el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas, y que además constituye una de las figuras críticas fundamentales del arte caribeño contemporáneo. Por otra parte, Régine Cuzin –la comisaria de Latitudes…–, y Joëlle Ferly –quien justo ese 2009 había decidido trasladarse a Guadalupe y fundar allí su taller –residencia–, estuvieron presentes en el Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe (Casa de las Américas, 2015), para presentar el trabajo de L’Artocarpe. Cuatro años después, en 2019, Ferly regresó a la Casa en la conmemoración de la primera década de esta plataforma creativa.

Estos cruces han permitido la paulatina configuración de intercambios intra-caribeños, a partir de exposiciones de pequeño o gran formato que potencian la articulación de redes de trabajo más allá de las fronteras nacionales e incluso, regionales. La itinerancia que caracteriza estos proyectos expande los circuitos dentro de los cuales circula el arte caribeño contemporáneo. Si asumimos conceptos como el de la relación, lo rizomático o lo archipielar, cardinales en el pensamiento de autores como Glissant[3], notaremos los viajes de ida y vuelta entre experiencias que conectan intelectuales, creadores, gestores e instituciones a través del tiempo.

Los caminos encontrados forman parte de la tradición cultural caribeña desde que comenzaron a conocerse y conformarse redes artísticas y de pensamiento en la primera mitad del siglo XX. Esa voluntad, que ha resultado del esfuerzo individual de muchos de nuestros intelectuales, se ha visto beneficiada por la consolidación de una institucionalidad que respalda los nexos regionales a través de exposiciones, bienales, residencias artísticas, actividades académicas y coloquios de diversa índole. En 2013, durante el Seminario Especial dedicado a Édouard Glissant como parte del Coloquio Internacional La Diversidad en el Caribe, se unió su poesía con el trabajo artístico del martiniqueño Víctor Anicet, cuya obra serviría de inspiración para el cartel de la vigésimo quinta edición del Premio Carbet que tuvo lugar en Casa de las Américas al año siguiente.

Cartel para el Premio Carbet del Caribe y del Tout-Monde, XXVta Edición, Casa de las Américas, 12-18 de diciembre de 2014, obra de Roilán Marrero. 

En este ir y venir, en esta andanza por los caminos de la relación, se construye la posibilidad de un Caribe cada vez más trenzado desde el (re)conocimiento de su diversidad, en sus islas, en su territorio continental y en la diáspora. Puentes en todas direcciones se alzan para conectar latitudes dispersas, desde el trenzado de relaciones concéntricas, giratorias, que nos muestran la riqueza del universo visual de nuestra región.


[1] En esta serie de documentales también se encuentran Préfète Duffaut, piété et Urbanisme imaginaire (color, 30 min., video, 2007) y el proyecto en curso Les aventures de Télémaque (color, 52 min. Ha recibido una ayuda para producción de los Fondos Image de la Francophonie). La obra de ambos  artistas se encuentra en la colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría, y ha sido incluida en sendos textos sobre la presencia del Caribe en el patrimonio de la Casa de las Américas. (http://laventana.casa.cult.cu/index.php/2020/04/29/el-caribe-en-la-coleccion-arte-de-nuestra-america-haydee-santamaria/; http://laventana.casa.cult.cu/index.php/2021/02/12/expresionismo-un-grito-continental-y-el-dibujo-caribeno-en-la-coleccion-arte-de-nuestra-america-haydee-santamaria/).

[2] En este sentido podemos citar las muestras Black Art. Ancestral Legacy (Dallas Museum of Art, 1990-1991), Ante América-Cambio de Foco (Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, Colombia, 1991).

[3] Recientemente tratados en el texto de apertura de esta celebración de la Semana de la Francofonía en Casa de las Américas (http://laventana.casa.cult.cu/index.php/2021/03/15/edouard-glissant-del-torbellino-y-la-relacion/).

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