Dos piezas, dos mujeres. Un Veronese

Por Rey Pascual García

Desde que leí hace unos años la pieza teatral La noche devora a sus hijos, he seguido la dramaturgia del argentino Daniel Veronese. Aquella voz de mujer, cronista de sucesos de una ciudad indefinida, que contaba las historias de su madre en un tiempo incierto, pero en el que se reconocían acontecimientos actuales; me cautivó por la manera en que generaba una espiral de narración-interpretación del relato. Un par de años después, una equivocación de fecha me impidió estrecharle la mano por aquel texto, pero sí pude, al menos, apresar en mi recuerdo una función de otra pieza suya: Cuarteto, en el Teatro San Martín de Buenos Aires, para satisfacer el deseo de recibir su teatro “vivo” sobre la escena. Ahora, en la siempre provechosa visita a las páginas de la revista Conjunto -en su número 132 (abr-jun. 2004)- me reencuentro con el autor, a través de dos monólogos breves pero certeros, a cuya lectura les invito: Luisa y Women’s White long sleeve sports shirts.

Cercano a la Casa desde hace casi dos décadas,[1] Veronese es uno de los más reconocidos teatristas argentinos contemporáneos. Fundador del Periférico de Objetos en 1989, y más tarde escritor y director de sus propios textos, publicó y estreno un gran número de piezas dentro y fuera de Argentina, entre las que sobresalen: Proyecto Ring Side, Formas de hablar de las madres de los mineros, mientras esperan que sus hijos salgan a la superficie, Cuerpos en deseo, La forma que se despliega, La terrible opresión de los gestos magnánimos, Tres hermanas (adaptación de la obra de Chéjov), Crónica de la caída de uno de los hombres de ella, El líquido táctil, Circonegro, A propósito de ese hombre, En la mañana, Luz de mañana en un traje marrón, Unos viajeros se mueren, Noche cerrada, Xyzk, Reconstrucción del hecho, Música rota, Del maravilloso mundo de los animales: Conversación nocturna, Equívoca fuga de señorita apretando un pañuelo de encaje sobre su pecho,y Un hombre que se ahoga. Se suman a ellas una treintena de proyectos como actor o director.

Luisa presenta un diálogo en solitario de una mujer, que habla a su madre muerta, recordando su vida y su espera de un amor. Incorporando a la madre vieja, de “cabecita gris” y a Agustín, el amor de hace doce años, ella revive el último adiós al hombre amado, en la puerta de su casa. Women’s, por su parte expone el monólogo de Adela, que responde ante el supuesto asesinato de su cuñado por parte de un vecino, asumiendo, desde la narración de los sucesos, a su hermana, al difunto y al asesino.

Un elemento reiterado en su dramaturgia es la aparición de personajes femeninos –como en el caso de estos dos monólogos– signados por la carencia filial y afectiva. Una carencia que, en la primera, aparece con la pérdida de la madre y el luto que Luisa lleva –sintetizado en un lazo negro– y la espera de Agustín, un amor que nunca se ha consumado del todo, que siempre se va antes de siquiera llegar. En Women’s… la falta de los afectos tras la separación de la familia, el asesinato del cuñado y la desaparición del vecino, el señor Carve, impone la soledad de Adela al ser interrogada. De igual forma sucede con La noche… o en Mujeres soñaron caballos donde tres mujeres son las piezas centrales de un conflicto familiar.

En general, la dramaturgia veronesiana no oculta una vocación por la palabra que le confiere una cualidad literaria, ganadora en lo escénico mediante el contraste de los textos, a menudo dichos en monólogos al margen de la situación teatral en que se suceden. Ahí, la teatralidad de sus piezas busca darle a cada plano una autonomía propia, tanto a lo textual como a la acción, de modo que no pueda subordinarse el texto a la acción o viceversa. Sucede de esa forma en las dos propuestas que comento.

Tanto en Luisa como en Women’s… la acción se enfrenta al diálogo, en tanto plantean un sentido irónico, absurdo, con una fuerte carga de humor serio, sombrío. En el primero, las acotaciones solo marcan a la actriz los momentos en que hace una pausa o lloriquea, mientras que, en el segundo, la ausencia total de ellas plantea un accionar que responde al trabajo dialógico de la actriz, para que desde el texto, genere nuevas ironías y cambios de estado.

La experiencia con el Periférico de Objetos quizás impregnó en el director una visión del personaje como un objeto animado, que enfoca su teatro en un teatro del actor. Así, en gran medida, las emociones humanas se hayan sustituyendo a las expresiones de los muñecos. Sus personajes se encuentran sometidos a una manipulación que les hacen adoptar formas cambiantes en una dimensión de la existencia que no tiene referencias de lo cotidiano (real).

Las mutaciones en estos monólogos están dadas desde el sustrato lenguaje, no desde la forma del habla, sino desde el contenido de la misma. Así puede verse a Luisa-Madre-Agustín, en una única figura que narra. Igual sucede con Adela-Josefina-Cuñado-Carve, en Women’s… En ese sentido, el dispositivo escénico va a ser leído/imaginado a partir de una actriz –en el caso de estos monólogos– que, sin perder a Luisa o Adela, deja entrever al lector las cualidades de los otros.

En ambas, y retomo el recurso del interrogatorio, el lector/espectador se vuelve interrogador y el personaje el cuestionado, pero la actriz ha de asumir el acto del habla por ambos. El lector entonces ha de seguir esas preguntas, y asumir inconscientemente la figura de poder, como quien está tras la luz para tratar de encontrar algunas respuestas. La situación se apoya en la atemporalidad con que se presentan los sucesos. Evita el autor suscribir lo sucedido en la escena a un lugar o tiempo específico, de modo que la ironía de las situaciones las torna reales y verificables solo en sí mismas. Los recuerdos de las mujeres, además, imponen que el relato sea cortado por momentos y vuelto a armar, lo que define una progresión más cercana a la sucesión de anécdotas que a una historia cronológica, más cuando en el caso de Adela la historia se organiza con la aparición de uno u otro personaje.

Son estos dos textos piezas para actrices de cualquier latitud que, aunque cortos en extensión, cargan con un sinfín de significados y símbolos. Ante la lejanía aún visible del teatro en vivo, al menos por un tiempo en nuestro país, Luisa y Women’s White long sleeve sports shirts, son dos atractivas propuestas para leer y por qué no, imaginar y pensar un teatro desde casa.


[1] En la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral 2004 nos acompañó como director de Eduardo Pavlovsky en su unipersonal La muerte de Marguerite Duras, y dirigió a un elenco de actores cubanos en una experiencia de teatro semimontado a partir de su propia obra Mujeres soñaron caballos, presentada  en la sala Manuel Galich el sábado 15 de mayo de ese año.

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