Paletó y yo. Memorias de mi padre indígena

Por Katia Gutiérrez

Por lo general el lector común se amedrenta cuando escucha el término “libro de un/a antropólogo/a”, incluso si no es propiamente un texto sobre el tema, sino las memorias de una antropóloga. Y es que usualmente se suele relacionar esta materia a densas profundidades científicas, casi incomprensibles y llenas de tablas, gráficos y comparaciones sociológicas, casi siempre alejadas de las preferencias de lectura de cualquiera que no sea un especialista en el tema.

Pero este no es el caso, como ya he anotado desde el principio, aquí están recogidas las memorias de una antropóloga: Aparecida Vilaça, carioca, doctora en Antropología y profesora del Museo Nacional de Antropología de Rio de Janeiro que ha escrito diversos textos académicos acerca de los Wari’ y este es su primer relato personal sobre la experiencia. ¿El resultado? Este libro, que resulta ser impresionante, no solo porque sea muy bueno, que lo es, sino porque es el tipo de texto que deja la más profunda impresión sobre quien lo lea. Paletó y yo. Memorias de mi padre indígena es un maravilloso —así, maravilloso—, viaje a las raíces más universales y esenciales de los seres humanos. Su autora, a partir del relato de una experiencia profesional que gradualmente se convirtiera en parte de su vida, involucra al lector en los descubrimientos que ella misma realizara no solo como científica, sino más que nada como persona.

Por supuesto, un elemento fundamental para conseguir ese propósito es la escritura, el manejo de las herramientas del idioma para mostrar y lograr complicidad con el lector; Aparecida Vilaça maneja tiempos y puntos de vista con total efectividad para colocar(nos), según corresponda, en uno u otro ángulo desde el cual quedemos lo más cerca posible de la experiencia real y podamos así identificarnos con ella, incluso si nos resulta absolutamente ajena. En este apartado, lógicamente, deben destacarse los méritos correspondientes a la magnífica traducción de Ingrid Brioso Rieumont, quien no solo comprendiera y trasladara el texto desde un punto de vista lingüístico sino también humano, así como en su intrínseco valor antropológico y para demostrarlo ha escrito un minucioso prólogo en forma de nota de presentación, cuya lectura es imprescindible.

El canibalismo, la sexualidad, el ámbito religioso o las estructuras sociales, así como las relaciones con “la civilización” y sus representantes, los hábitos alimenticios o la crianza de los niños, la relación con la muerte y el devenir de ese grupo indígena a partir de la interacción con nuestro mundo y nuestros patrones, son contados aquí y constituyen una oportunidad única para Saber, para aprehender, incorporar y mejorar nuestra visión de Todo lo que Es el mundo. Y valgan todas las mayúsculas.

Por lo tanto, este no es un texto donde se explique o diga nada científicamente; este libro se limita a decir, y transforma cada hecho en un encuentro Humano, no necesita nada más. Tan humano y tan efectivamente logrado que, amorosamente, logramos sobreponernos a la sorpresa de lo diferente, y sonreír y conmovernos y admirar y concordar con su autora en que lo único importante que debe resultar de esta lectura es la certeza de que cada uno de los habitantes de este planeta es el mismo ser, vivo, conectado, imprescindible y esencial.

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