Las manifestaciones en Cuba

Por Luiz Bernardo Pericás

Las protestas en diferentes ciudades cubanas, que comenzaron en San Antonio de los Baños el pasado domingo, han sido ampliamente difundidas por la prensa dominante como una señal de que la gente del país aparentemente estaría cansada de su gobierno y buscaría intercambiar el modelo socialista por otro supuestamente más “liberal” y “democrático”. Según esta narrativa, los problemas económicos, agravados por la nueva pandemia de coronavirus, habrían sido fundamentales para desencadenar las manifestaciones. Sin embargo, se debe tener cuidado en este momento de no dejarse influenciar por medios de comunicación extranjeros o por información proveniente de medios “alternativos” turbios, en general, de grupos locales de Internet, con un fuerte apoyo de los Estados Unidos.

La pandemia ciertamente afectó a Cuba. Pero muchos países han visto cómo la economía se deteriora a medida que avanza Covid-19. En Brasil, es posible constatar enormes tasas de desempleo y un proceso acelerado de precariedad y “uberización” del trabajo, con un aumento de la pobreza y la desigualdad, en un marco de calamidad de salud sin precedentes en nuestra historia, con niveles alarmantes de casos y muertes de la enfermedad en todo el territorio. Ninguna nación del planeta experimenta una tragedia similar. Esto sin contar la creciente crisis política, que erosiona cada vez más al gobierno de Jair Bolsonaro, que ha amenazado constantemente a las instituciones e incluso a la celebración de elecciones en 2022.

En Cuba, a diferencia de aquí, el presidente Miguel Díaz-Canel goza de una confianza irrestricta entre los trabajadores de la isla. La gran mayoría de la población apoya la continuidad de su administración, contrariamente a lo que intentan mostrar las agencias de noticias. Sin duda, el país atraviesa dificultades. El PIB se contrajo un 11% en 2020, la escasez de medicamentos y alimentos es una realidad, faltan repuestos, se han producido apagones eléctricos y ha habido una clara disminución del turismo (un sector sumamente importante para la entrada de divisas), con reducción de vuelos desde el exterior. Por no hablar de la producción de azúcar, afectada por una mala cosecha en 2021, provocada por una fuerte sequía.

Quizás lo más grave en este panel, sin embargo, es el continuo bloqueo económico impuesto por la Casa Blanca. Por si no fuera suficiente experimentar las penurias de la pandemia (como el resto del mundo), Cuba ha estado experimentando dificultades para obtener suministros médicos y alimentos debido al embargo contra la isla. En otras palabras, si hay algún culpable real del estado en el que se encuentra el país, ciertamente no es el gobierno cubano, sino Washington.

Si bien Díaz-Canel presenta constantemente, de manera transparente, todos los temas que afligen a la población en audiencias y conferencias públicas y televisadas, busca, al mismo tiempo, equilibrar una política realista y austera (basada en una situación extremadamente delicada), con la lucha diaria por preservar los logros sociales de la revolución, construida a lo largo de décadas. No es tarea fácil. Debemos recordar que Cuba está desarrollando al menos cinco vacunas contra el coronavirus, un logro admirable para la nación caribeña. Y que a pesar del aumento en el número de casos de Covid-19, hay un gran esfuerzo por parte de las autoridades para mitigar el problema, enviando médicos a las regiones más afectadas y adaptando hoteles en hospitales de campaña. Se gastaron alrededor de US $ 184 millones, en 2020 y 2021, para tratar de hacer frente a este grave problema de salud. En cualquier caso, Cuba tiene una de las tasas más bajas de contagio y pérdida de vidas por el coronavirus del mundo.

Aun así, en un momento dramático como el actual, algunos grupos locales, apoyados y financiados por potencias extranjeras, están aprovechando la situación para sembrar el caos y la discordia. Cabe recordar que las movilizaciones del 11 de julio no fueron espontáneas ni tan amplias como se informó y que muchos elementos que participaron en ellas no eran representativos de la mayoría del pueblo cubano.

Mientras se llevaban a cabo, las manifestaciones (en gran parte orquestadas) recibieron el apoyo abierto de Joe Biden, el líder de la mayor potencia imperialista del planeta, y de Jair Bolsonaro, el principal representante de la extrema derecha en América Latina. Es ingenuo pensar que Washington no está detrás de estas protestas. Durante décadas la Casa Blanca llevó a cabo intentos de asesinato de dirigentes cubanos, endureció el bloqueo y amenazó a “la mayor de las Antillas” en todos los sentidos. Numerosos disidentes y ONG de renombre (como la organización de Rosa María Payá, la Fundación para la Democracia Panamericana, que tiene su sede en Miami y que propagó sus lemas “Cuba decide” durante los hechos) continúan recibiendo apoyo moral y material de Estados Unidos para desestabilizar el país (recordemos que Payá se ha reunido, en los últimos años, con personajes impresentables como Luis Almagro, Marco Rubio, Donald Trump, Leopoldo López Gil y Jeanine Áñez). El día 11, «casualmente», se produjeron pequeñas protestas simultáneamente en algunos lugares de Florida …

Díaz-Canel, a su vez, convocó a las masas a favor del gobierno. Los trabajadores atendieron la llamada y salieron a las calles gritando “Yo soy Fidel”. En los próximos días las autoridades de La Habana podrán mostrar la otra cara de la situación y poner la verdad del asunto en su lugar.

Vale la pena recordar el caso de Bolivia, cuando Evo Morales, luego de ser reelegido en 2019, sufrió un golpe de Estado y se vio obligado a renunciar a la presidencia, tuvo que abandonar el país: la derecha autoritaria gobernó la nación andina durante meses con el apoyo de los sectores más reaccionarios del hemisferio occidental. En 2020, sin embargo, Luis Arce, el candidato del MAS, ganó abrumadoramente las elecciones y Morales regresó, explicando cómo se había fabricado toda la narrativa sobre la “democracia” propuesta por la derecha boliviana. Otro ejemplo más, cuando Juan Guaidó, el autoproclamado “presidente” interino de Venezuela, recibió el apoyo de empresarios locales, norteamericanos y europeos, así como de funcionarios gubernamentales de varios países. Al final, no pasó nada. Y Maduro se mantuvo en el poder. Esta vez, intentan desestabilizar la isla caribeña …

Esta es una lucha ideológica que ahora adquiere contornos dramáticos. Algunos pretenden destruir el legado revolucionario y promover el neoliberalismo en Cuba. Otros, inspirados por el Che Guevara y Fidel Castro, se esfuerzan por preservar y profundizar el socialismo. Cuba es demasiado importante para la izquierda latinoamericana y mundial. Todos debemos luchar por la isla y por los ideales de la revolución.

Tomado de Teoria e Debate.

Traducción: JFG

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