Silvano Lora, el hacedor de utopías. Acercándonos a su recorrido vital*.

Por Quisqueya Lora H.

Silvano Lora es una figura referencial en muchos sentidos, fue un artista de vanguardia en cuanto a sus formas de expresión creativa, rica y distintiva, así como por su postura coherente y sistemática de cuestionamiento al status quo. Su trabajo creador estuvo estrechamente ligado a su compromiso social como revolucionario y forjador de una práctica auténtica y combativa. Este vínculo con las causas humanas marcó sus pasos por la vida. Lora fue un artista multidimensional, que desde ámbitos muy diversos de la cultura impactó la sociedad dominicana e interactuó con el mundo complejo que le tocó vivir. Su tenacidad en la consecución de sus objetivos y proyectos es proverbial y es lo que explica la inmensidad de esferas en las que incidió. 

Silvano Lora, circa 1950 (Col. Fundación Taller Público Silvano Lora)

Revolución y arte combatiente

Una vez se produjo el ajusticiamiento de Trujillo en mayo de 1961 Silvano retornó al país ya formando parte del Partido Socialista Popular (PSP). República Dominicana se encontraba en medio de un torbellino político y el pueblo se había lanzado a las calles en busca de terminar con los remanentes de la dictadura. Se propagó un fervor organizativo que llevó al surgimiento de una serie de organizaciones partidarias, laborales, de mujeres y estudiantes. Para este momento Silvano ya era un convencido de la necesidad de un arte comprometido que jugara un papel en la transformación social. Junto a otros jóvenes artistas impulso la creación de una organización bajo el nombre de “Arte y Liberación”. En esas tareas trabajo de la mano con pintores como José Ramírez Conde (Condesito), Asdrúbal Domínguez, Iván Tovar y Gilberto Hernández Ortega; escritores y poetas como Pedro Mir, Miguel Alfonseca y Abelardo Vicioso. 

Los rigores de la Guerra Fría forzaron al mundo a una polarización y Silvano se asumió como un comunista coherente. La impronta de la Revolución Cubana se hizo sentir con intensidad en República Dominicana. En la juventud la influencia de los barbudos y la gesta liberadora cubana dejó su huella, se vislumbró el compromiso radical como una necesidad y la lucha armada como una vía posible de transformación, no es casual su influencia en la formación de las principales organizaciones revolucionarias y de los líderes del momento. Silvano comprendió que su papel fundamental, más no el único, era desde las artes. Planteó la necesidad de asumir un arte comprometido con las causas justas y la revolución. 

Arte y Liberación realizó una serie de actividades y lanzó varios manifiestos en los que se desarrollaba la posición ideológica que animaba a estos artistas. El segundo manifiesto declaró: “nuestro gesto creador reflejará todo lo que nos conmueve. Somos sensibles a los bellos mármoles, al bronce y al champán, pero mucho más fuerte es la impresión que deja la miseria humillante a que someten al pueblo dominicano.” (Arte y Liberación, 1962)

Los artistas respondían a la dura realidad de que la República Dominicana había entrado en la segunda mitad del siglo XX sin haber vivido la experiencia democrática, con altos índices de pobreza y desigualdad social, golpeado por una serie de experiencias traumáticas (invasiones, injerencias, dictaduras). Y fue ante esta situación que Lora asumió el compromiso de luchar junto a otros por la instauración de un sistema social de corte socialista que contribuyera a solventar la deuda social histórica del pueblo dominicano. Dijo “No impongo líneas ni pautas porque creo que la libertad debe ser total en el arte, pero propongo para mí y para los que piensan como yo, reflejar las cosas propias de su pueblo y las inquietudes para cambiar el medio en que se vive”. (Heded, 1977, 25)

En septiembre de 1963 un golpe de Estado al gobierno de Juan Bosch llevó al fracaso del primer intento democrático del pueblo dominicano después de 31 años de dictadura. En noviembre de ese mismo año el Movimiento Revolucionario 14 de Junio se levantó en armas contra el gobierno golpista. El terrible desenlace con el fusilamiento de una veintena de jóvenes combatientes impactó la conciencia colectiva. En abril de 1965 una conspiración de jóvenes militares inició un levantamiento en pos de la vuelta a la constitucionalidad. Lo que pudo ser un golpe de Estado militar se convirtió en una guerra popular con la integración masiva del pueblo. Cuando era evidente el triunfo del alzamiento constitucionalista se produjo una invasión norteamericana que transformó un conflicto de carácter nacional en una lucha antiimperialista. Fue la presencia de los 42 mil marines lo que bloqueó la posibilidad de triunfo de este movimiento, impidiendo su extensión en todo el territorio nacional y llevando a su concentración en la capital. 

El escenario de abril permitió que Silvano Lora labrara una trinchera desde la que luchó el resto de su vida. Aquellas reflexiones que habían surgido en Arte y Liberación ahora tuvieron un escenario propicio. Lora se convirtió en el eje organizativo de la respuesta de los artistas durante la guerra. La propaganda y el arte público adquirieron una centralidad inusual para una guerra civil. El pueblo en armas se organizó en comandos espontáneos en función de afinidad ideológica o proximidad práctica. Los artistas también crearon el suyo. El Comando de los Artistas recibió el espaldarazo del gobierno constitucionalista, como fue conocida la instancia superior que rigió el movimiento encabezado por el coronel Francisco Alberto Caamaño. Silvano, convertido en un gestor cultural primordial, organizó la producción masiva de afiches, letreros y murales. Igualmente, la realización de actos culturales, conciertos, exposiciones pictóricas, publicaciones y obras teatrales. 

Silvano Lora en actividad cultural en la Guerra de Abril, 1965. Foto: Milvio Pérez
Mural de la Guerra de Abril atribuido a Silvano Lora, 1965. Foto: Milvio Pérez

Fue en este espacio en el que Silvano se creció como organizador y como elemento aglutinador. Allí se vislumbró con claridad el sentido real de la idea del compromiso artístico y de un arte combatiente. La labor de los artistas trascendió la mera elaboración de propaganda política, motivación inicial para la creación del Frente Cultural. Cuando se observan las imágenes fotográficas de abril es evidente que las calles de Santo Domingo se llenaron de obras y quizás por primera vez en su historia los habitantes y los combatientes pudieron apreciar arte y convivir con él. 

En abril de 1965 se afianzó en Silvano un compromiso y una forma de ver su papel en el mundo. Terminada la contienda el artista permaneció en una trinchera, la del arte al servicio de las causas justicieras, ya fuera a través de la denuncia de la desigualdad y la discriminación, de la defensa de los trabajadores o la denuncia del consumismo y sus desastrosas consecuencias para el planeta y el espíritu humano. 

Homenaje Jacques Viau.  1965. Acrílica sobre tela.  64x33p. Serie Guerra de Abril. Col. Tony Raful.

El fracaso de la gesta constitucionalista fue un duro golpe que lo llevó a una década de exilio. Esta experiencia hizo del antiimperialismo una de sus consignas fundamentales. Sus obras de la década del 70 estuvieron atravesadas por esta realidad. En su exilio volvió a recorrer el mundo; allí dónde iba pintaba, establecía vínculos artísticos, pero también políticos, se relacionó con las luchas de los pueblos que conoció y a ellos prestó su pincel. Participó en el Mayo Francés en 1968 y por ello fue expulsado de Francia. Denunció la Guerra de Vietnam y el papel de Estados Unidos como policía del mundo. Visitó y expuso en la Unión Soviética, Suiza, Madrid, Venezuela, Perú. 

París 1968. 

Sus últimos seis años de exilio lo llevaron a vivir en Panamá en el período de gobierno de Omar Torrijos. La lucha panameña por recuperar su soberanía sobre el canal adquirió un carácter simbólico, ya que era un ejemplo contundente del injerencismo estadounidense, e inspiró una de sus series más características, a la que llamó indistintamente “Soberanía Panamá” o “Panamá Canal Zone”. Pintó con formas y técnicas de expresión similares a la serie sobre la guerra de Vietnam, y tiene sentido que fuera así porque ambas coinciden en el tiempo y denuncian un enemigo y un problema común: el imperialismo y su implacable maquinaria. Su sello distintivo fue la representación de aviones, maquinaria bélica y bombas así como sus rallados oblicuos en el fondo de muchas de sus pinturas de este período, que representaban un cielo cataclísmico, un firmamento que evocaba la desgracia. “De Vietnam a Santo Domingo, el hombre sabe que la muerte viene de lo alto”, dijo poéticamente Silvano. (De los Santos (2004): 424). En Panamá también se mezcló con el movimiento popular, con los obreros, con los indígenas, con los estudiantes y trabajó febrilmente produciendo murales, afiches, y organizando exposiciones.  

Sin título. Serie Panamá Canal Zone. 1976, 35×28 3/4p. Collage. Col. Taller Público Silvano Lora

La defensa del arte público y los marginales

El mural, clara expresión de la noción de arte público, fue su sello distintivo. A todo lo largo del territorio nacional hizo murales. Entre 1978 y 1979 hizo treinta murales populares en todo el país, muchos de estos de corte político que lo llevaron varias veces a prisión. La mayoría no se conservan como resultado del paso del tiempo, la ignorancia o la desidia gubernamental, tal es el caso del mural dedicado a Máximo Gómez en Baní o la fachada frontal de la Iglesia en Duvergé. Pero una docena perviven, sobre todo aquellos alojados en el interior de instituciones como los murales en el Congreso Nacional, la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el Museo de Máximo Gómez, en el Aeropuerto Internacional de las Américas, el Colegio Médico Dominicano, entre otros. 

La noción de arte público era fundamental para entender un aspecto de la filosofía vital y creativa que caracterizó a Silvano. Esta defensa intransigente de lo público está asociada a su credo comunista que lo hizo un hombre esencialmente comprometido en defender lo colectivo, construir un mundo más equitativo, una visión crítica del sistema capitalista y un afán de reivindicación de los marginados. Coherente con esta postura pensó en los que no tenían el privilegio de la educación formal, del acceso al arte culto y refinado, a los museos y las galerías. Consciente de las enormes distancias de oportunidades entre el ámbito rural y el urbano, Silvano produce arte y acciona para ellos.

Fue un gran impulsor del arte naif o primitivo, al que él llamaba arte popular. Sobre este tema escribió varios textos y se dedicó a ubicar y estimular potenciales artistas anónimos para los que organizó diversas exposiciones. 

“Muy por encima de las consideraciones críticas, el arte popular dominicano se manifiesta al margen de las galerías, los museos y del aprovechamiento de las tiendas para turistas.”

[…]

“Una actitud ambigua domina el pensamiento crítico que acepta de buena gana incluir un pintor ingenuo en una colectiva, pero se admite en casos especiales dejado a la buena suerte, dependiente de un talento raro imposible de sistematizar. Es quizás por ello que no existe ningún intento considerable para estimular el trabajo creador de los autodidactas.” (Pintura Primitiva (s.f.))

En 1984 Silvano inauguró el primer Museo Rural de los Ríos de Neiba. En una casita de arquitectura vernácula, de madera con techo de cana, se presentaron los trabajos de artistas dominicanos de renombre. Bajo la idea de que los dominicanos humildes, campesinos, pobres no tienen acceso a conocer y disfrutar las obras que se concentraban en los museos, galerías de los centros urbanos y en las casas de los ricos, se concibió este proyecto. Allí, en esa pequeña casita, se expusieron trabajos de Elsa Núñez, Fernando Ureña Rib, Cándido Bidó, Sousy de Pellerano, entre otros artistas que gustosamente donaron sus obras para apoyar este proyecto autogestionado, más bien surrealista para esa época, de llevar el arte a un poblado remoto del sur profundo dominicano. 

Museo Rural de los Ríos de Neiba, 1984. Col. Fundación Taller Público Silvano Lora.

Pero, sin negar el valor de las academias y los espacios donde se cultivan las llamadas “bellas artes”, Silvano fue un convencido de las inmensas potencialidades del pueblo, negador de las convicciones elitistas que invalidaban las capacidades de los marginales y que infravaloraban la cultura popular, jamás pensó en el Museo como un centro para “llevar cultura”, como si esta fuera algo de lo que carecían los hombres y mujeres sumidos en la pobreza material. El Museo Rural era un espacio para conjugar diversas formas culturales, no solo era un destino de la cultura urbana y académica sino también un centro productor de cultura. Fue concebido como un punto de partida para visibilizar y revalorar la riqueza de la historia, de las tradiciones y las artes populares. El Museo tenía una parte dedicada a mostrar lo propio y por ende se constituyó en un espacio de orgullo local. Esta fue la mística que animó este proyecto que lamentablemente no ha tenido sostenibilidad en el tiempo.

En Silvano se estaba gestando su idea de lo marginal y la necesidad de atrincherarse entre esa gente y esos espacios. Más que nunca se hizo primordial la necesidad de ir contra corriente, para confrontar una modernidad marginadora, racista y discriminatoria que permeaba los espacios culturales dominantes. Este fue el caldo de cultivo para la Bienal Marginal llevada a cabo en 1992. Esta confrontaba “el absolutismo conceptual del espacio museístico, las premiaciones y la selección de la obra de arte, de los jurados y del mercader de arte, nuevos debates han surgido en los escenarios críticos internacionales sobre la construcción y la conducción de los museos modernos…” (Lora, 1996).

La marginal hacía contrapeso a la bienal oficial y como bienal paralela tuvo su epicentro en una barriada pobre enclavada en el centro turístico de la Zona Colonial. Santa Bárbara estaba ahí escondida y sus habitantes agazapados para no empañar los recorridos idílicos de los visitantes deslumbrados por la arquitectura colonial y la fábula histórica que las acompaña. Allí se desarrolló un proyecto que era mucho más que una bienal, era en realidad un proyecto de intervención comunitaria. En palabras de Silvano constituyó un “desafío que permite desatar la capacidad creadora de los humildes y los rebeldes; de los no iniciados y de los maestros que rechazan el encasillamiento, la oportunidad expresada en los talleres colectivos que se montan en el barrio y los estudios discretos y solitarios de los artistas que rechazan la valorización banal” (Lora,1996).

Los rechazados por la bienal oficial podían llevar sus obras a la Marginal y se pondría a prueba los criterios y la visión de los jurados. Pero no solo era un espacio de protesta o de contra cultura para los artistas, también lo fue para la comunidad. Las obras de arte entraron a las casas humildes, de madera, de cartón, y allí en sus pequeñas salas, habitaciones y cocinas se colgaron las obras que quizás fueron pensadas para grandes paredes blancas y espacios climatizados. Y la gente de clase media y alta fluyó a la favela dominicana, y entraron en la cotidianidad de los habitantes de Santa Bárbara. Y el barrio abrió sus puertas, quizás sintiéndose por primera vez valorados, vistos con otros ojos, receptores de la empatía y la solidaridad que no es dádiva, ni limosna.  

Noche inaugural 1ra Bienal Marginal 1992. Col. Fundación Taller Público Silvano Lora. 
Mujer del barrio pintando, Bienal Marginal, 1992. Col. Fundación Taller Público Silvano Lora. 
Juan Bosch visita la Bienal Marginal, 1992. Col. Fundación Taller Público Silvano Lora. 

La Marginal convirtió a sus pobladores en sujetos activos y no meros receptores pasivos. Una gran cantidad de artistas y activistas se sumaron y durante meses llevaron a cabo múltiples actividades que pusieron a pintar, a cantar, a bailar, a producir arte a niños, jóvenes y adultos. Y ellos también pudieron expresarse en las paredes de Santa Bárbara y, por primera vez, se les habló con respeto, se les dijo su importancia y se les hizo creer en el valor de su comunidad. Por eso gustosamente abrieron sus puertas y sus brazos para la marginal.  

Final de su recorrido vital

Consciente del fin de sus días creó una Fundación en la que quedaría su legado y a la cual nombró Taller Público Silvano Lora. Pudo haberla llamado simplemente con su nombre como hacen la mayoría de los artistas, pero eso habría centrado la institución que prefiguraba exclusivamente en su persona y esa no era para nada su intención. Antes que su nombre ese espacio sería un taller y sería público. En su cualidad de Taller fue pensado como un espacio en el que se trabaja y se crea. En su calidad de público debía ser accesible a todos, lo contrario a lo privado y, por lo tanto, nadie debería usufructuar este legado de manera particular. Desde el 2003 un grupo de mujeres y hombres hemos tratado de honrar la figura de Silvano conscientes de la enormidad de su legado. 

Silvano Lora puede ser catalogado con certidumbre como un artista total que exploró todas las vertientes creativas que su tiempo y su vida le permitieron. Su obra recorrió todos los espectros de las artes plásticas. A conciencia escogió un camino tortuoso que lo alejó de la posibilidad de convertirse en un artista lucrativo, quizás con mayor proyección internacional. Sobre los coleccionistas y su obra expresó “No pueden convivir con ella. Y yo no voy a renunciar a mi identidad para satisfacer ningún estado de ánimo de un coleccionista con recursos.” (Herrera, 1992, 9). Si de joven tuvo alguna de esas aspiraciones, su condición trashumante perfiló en él unas actitudes que lo acompañarían hasta el último día de su vida. Vivió y creó coherentemente con su discurso y su filosofía de vida. Fue un hombre comprometido con su tiempo. Su obra, indisoluble de su acción y de su convicción, lo conecta con valores humanos imperecederos.

Su labor no puede menos que calificarse de prolífica, siempre desarrollada de manera autónoma, prácticamente sin contar con financiamientos o apoyos institucionales, de ahí el valor extraordinario de todo lo realizado. Su único verdadero apoyo fue la gente. Silvano Lora fue un hacedor de utopías, no sin razón ha sido llamado “Quijote de la cultura” por la temeridad y la bastedad de su incidencia cultural. A pesar del paso de los años sus temas no han perdido vigencia.  Ni la desigualdad ni la pobreza han desaparecido, la explotación sigue siendo el pan nuestro de cada día, la solidaridad sigue siendo un valor imprescindible, el drama ecológico ha seguido su curso. Hoy más que nunca continúa siendo indispensable el cuestionamiento, la rebeldía y la indignación, pero también su manifestación a través del arte y la creatividad. Todo esto hace de Silvano Lora un hombre tremendamente actual. Su obra nos invita a mirar con ojos sensibles el mundo, a asumir los compromisos que demandan los tiempos. Su figura y su labor todavía tienen mucho que decirnos.

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*Este texto es solo un fragmento de uno más amplio que será publicado en la revista Anales del Caribe correspondiente a 2021.

Quisqueya Lora: Realizó estudios de licenciatura en Historia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Obtuvo el título de Maestría en Historia de América Latina: Mundos Indígenas en la Universidad Pablo de Olavide, Sevilla. Es Miembro Correspondiente de la Academia Dominicana de Historia. Actualmente es docente del Departamento de Historia y Antropología de la UASD y en el Colegio Secundaria Babeque. Presidenta de la Fundación Taller Público Silvano Lora.

Referencias bibliográficas

Arte y liberación: exposición, 2do. manifiesto por un arte revolucionario (1962). Col. Fundación Taller Público Silvano Lora, Santo Domingo.

De los Santos, Danilo (2004): Memoria de la Pintura Dominicana, Grupo León Jiménez, Santo Domingo.

Heded, Alfonsina (1977): “Entrevista a Silvano Lora”, Revista Impacto Socialista, Año III, No. 30-34, enero-mayo, 25-27

Herrera, Ruth (1992): “Silvano Lora: Los coleccionistas de arte no pueden convivir con mi obra”, (Periódico Última Hora), Santo Domingo.

__________ (1996): Manuscrito sobre la III Bienal Marginal, (Inédito) Col. Fundación Taller Público Silvano Lora, Santo Domingo.

Un comentario

  1. Tremendo ser humano, siempre del lado del pueblo que tanto necesita de la sensibilidad y desprendimiento de sus lideres. Excelente escrito.

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