Pepe Menéndez, profeta en su tierra

Por Patricia Ballote Álvarez

Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero estoy segura de que esto no aplica a Pepe Menéndez. (Debiera decir José Alberto Menéndez Sigarroa, pero entonces es posible que algunos se queden sin saber de quién hablo). Lo cierto es que cualquiera que intente aproximarse a la historia del diseño gráfico cubano encontrará su nombre más temprano que tarde.

Su trabajo ha abarcado la creación de carteles para eventos, películas, revistas, catálogos y libros de arte, y ha sido expuesto y publicado en más de quince países. Dicho así, pareciera lo típico de cualquier diseñador; pero basta con repasar su obra para darse cuenta de que quizás lo único típico en Pepe Menéndez, es su sobrenombre.

Recientemente le fue otorgado el Premio Nacional de Diseño 2021. La noticia desató una auténtica alegría entre sus colegas, e incluso entre aquellos no tan cercanos a su profesión. Ernesto Niebla, gran diseñador cubano, nos comentó al respecto: “Sin proponérselo, su contribución para visibilizar el patrimonio gráfico cubano, le ha convertido en patrimonio. Ver a Pepe premiado, es un motivo para sentirse feliz de que el camino abrazado es cierto. No sólo es un premio al diseñador, sino a la constancia y a la consecuencia; así como también la demostración de que brillantez y humildad conviven en él sin envilecerlo”.

Ya en 2017 había recibido el Premio Nacional de Diseño del Libro. En aquella ocasión, el crítico y curador de arte Nelson Herrera Ysla, en sus palabras de elogio afirmó: “Por espacio de más de veinte años ha estado moviéndose con soltura y rigor en el diseño de colecciones de literatura para la Casa de las Américas, así como de otros libros y revistas, y alguna que otra edición especial, de la prestigiosa institución cubana y latinoamericana. Aceptó con respeto y modestia el reto de continuar el legado de ese grande del diseño gráfico cubano que fue, y es, Umberto Peña, y llevarlo a nuevos planos de imaginación y realización”[1].

Y es que, aunque la obra de Pepe Menéndez hace tiempo trascendió su labor como director de Diseño de la Casa de las Américas, resulta difícil desligarla de tan icónica institución, de las revistas Casa y Conjunto, de la colección Literatura Latinoamericana y Caribeña, de la imagen de eventos como Casa Tomada o Mayo Teatral…

Pensar en la relación de la Casa con el diseño gráfico me lleva a Rostgaard, a la mítica ilustración de la rosa y la espina que inmortalizara el Primer Encuentro de la Canción Protesta, celebrado en 1967. Lo cierto es que Pepe Menéndez heredó una Casa con gran historia también en el ámbito del diseño.

¿Era común en los años sesenta que se privilegiara el diseño gráfico dentro de la política comunicacional de una institución cultural? ¿La Casa de las Américas marcó alguna pauta en este sentido?

Tengo entendido que hubo, hasta 1999, tres etapas con formas diferentes de hacerse el diseño en la institución: primero con varios diseñadores empleados o contratados; luego Umberto Peña como figura casi única a cargo de casi todo; y, por último, tras la salida de Peña, el regreso a la polifonía. Resultados importantes se alcanzaron en las tres etapas, aunque “el solo de Peña” logró las cotas más elevadas. Al inicio estuvieron, entre otros, Raúl Martínez, Herrera Zapata y Félix Beltrán con creaciones trascendentes. En la tercera etapa permaneció, por ejemplo, César Mazola durante algunos años, Peña tuvo retornos puntuales y debutó Ricardo Villares, que continúa en la editorial hasta hoy. Resumiendo: la primera etapa fue diversa y fundacional, la segunda de madurez y la tercera, con retorno a la diversidad pero ya sin la figura central que había sentado pautas. Por último, está Rostgaard y la rosa que se defiende. Resulta que nunca trabajó directamente en 3ra y G pero nos legó, a la institución y a la cultura cubana, esa imagen extraordinaria, la que más de una vez ha sido colocada en el siempre polémico pedestal de Mejor cartel cubano de su tiempo.

Todo lo que cuento es a la vez único y típico de las primeras décadas tras el triunfo de la Revolución. Instituciones más grandes tuvieron equipos de diseño numerosos (el DOR, el ICAIC, la Industria Alimentaria, el Instituto del Libro, la OSPAAAL, etc.), y las colaboraciones con diseñadores externos tampoco eran excepcionales. No existía la figura del freelancer –era raro que alguien no ocupara una plaza fija– pero la movilidad de creativos y de proyectos existía.

El aporte de Casa no radica tanto en los modos con que se relacionó con los diseñadores sino en el aprovechamiento muy notable que hizo del talento disponible, bajo la modalidad que fuera. La institución construyó una imagen de sí misma a partir de la solidez de su perfil específico y de la constancia de su labor. La Casa ha tenido siempre un mensaje muy claro y coherente, emitido sin grandes altibajos durante seis décadas. En ese empeño el diseño gráfico logró configurar –o Casa supo obtener de sus diseñadores– una visualidad auténtica, de calidad y distinguible en el contexto cubano.

Décadas después, ¿qué lugar ocupa la Casa de las Américas en la historia del diseño gráfico cubano? ¿Y en la de Pepe Menéndez?

Un lugar de excelencia. Las instituciones más ponderadas por la historiografía son casi siempre las “carteleras”, es decir las que fueron prolíficas en la producción de carteles. Ahí están las tres grandes a saber, ICAIC, OSPAAAL y COR – DOR – Editora Política, y varias otras de mucho interés también. Casa no se destacó tanto por esta manifestación, pero supera a todas en la coherencia de su producción gráfica integral. Desde papelería de oficina hasta numerosas colecciones de libros, pasando por catálogos, marcas y varias revistas longevas, la Casa de las Américas es un referente destacadísimo del diseño cubano.

En cuanto a mí, me cuesta no decir algo trillado. Mejor no lo digo. El lector sabrá.

“(…) lo que Pepe Menéndez ha hecho es mucho más que buenos carteles. Se ha preocupado por la buena salud de los mismos. Su pasión lo ha convertido en un activísimo promotor del reingreso del cartel a la expresión pública nacional, para salvaguarda del buen nombre que esta producción visual ostentara en las décadas de los años sesenta y setenta del siglo XX”. 

Corina Matamoros[2]
Curadora y crítica de arte

Pareciera que la verdadera pasión de Pepe Menéndez son los carteles (digo pareciera por no ser absoluta, pero aquí bien que podría permitírmelo). Se dice que posee la segunda mayor colección privada de carteles cubanos. En 2007, esta pasión lo llevó a fundar, junto a otros diseñadores, el Club de Amigos del Cartel (CACa).

¿Qué satisfacciones te ha dado este proyecto? ¿Qué contribuciones consideras que hace al desarrollo del diseño gráfico en la Isla?

-El club, con sus siglas provocadoras, quiso ser una irrupción de energía, o más bien una antena para captar la que estaba arremolinada en el ambiente de los nuevos cartelistas cubanos. Conseguimos vernos y alinearnos, no para “decir el lema” sino para sintonizar los decibeles dispersos y entendernos mejor. Hay tanto talento en los diseñadores nuevos, es tal la pasión que contagia la tradición cartelística nacional, que no hizo falta mucho esfuerzo para que acudieran aquel diciembre de 2007 –y sigan acudiendo cada diciembre posterior– las diseñadoras y los diseñadores con sus cartulinas bajo el brazo, a encontrarse con sus pares y a confirmar que somos una legión de creedores. Ningún contratiempo impedirá que nos reconozcamos en lo que hacemos y de dónde venimos. Esas son nuestras Reuniones Anuales, de las que enseguida nacieron las exposiciones en el Taller de Serigrafía René Portocarrero. Habernos juntado para reconocernos como de la misma fe, reforzando con ello el sentido de pertenencia a un arte valioso y a una cultura que nos nutre, es una contribución sencilla. El Club no tiene reglamento, jerarquía, ni plan de acción, reniega de protocolos y carece de ambiciones. Su fin es espiritual. Siento que por ahí, al nutrirnos, estamos de paso ayudando en algo.

¿En qué situación está hoy la producción cartelística en Cuba? ¿Qué papel ha jugado, y juega, el Taller de Serigrafía René Portocarrero en la producción y promoción del cartel cubano?

El arte del cartel no desaparecerá por ahora (¿o debiera decir jamás?) porque siempre habrá el anhelo de representar en una sola imagen un mensaje más o menos complejo. Los carteles avisan intencionadamente de algo que ha sucedido o sucederá, o hacen comentarios acerca de un evento, producto o idea. Ese hecho comunicativo, sea cual sea la forma que adopte (el soporte, el canal de circulación o su alcance) es inherente a los humanos actuales y, aunque muta, perdurará mientras seamos seres visuales. Pero indudablemente que fue el siglo XX el período en que alcanzó su pico de desarrollo. El cartel actual tiene menos peso en los esfuerzos comunicativos en todos los ámbitos y regiones. Cuba no es la excepción. En nuestro caso se añade que coincidieron en el tiempo el declive del nuevo cartel cubano y la llegada de la grave crisis económica de los años 90, con lo cual la producción quedó reducida prácticamente a cero. No voy a extenderme en esto. Daré un salto en el tiempo para decir que, veinte años después, el cartel cubano goza de buena salud. Carece de la presencia pública que define el cartel como tal (o que debería ser definitoria), con ínfima producción real y muy escasa circulación. ¿Cuáles son entonces los signos vitales que justifican decir que está sano? La estabilidad de creadores ya maduros junto a una pléyade de jóvenes que continuamente dan testimonio de su gran talento. Se suceden los nuevos nombres, las piezas de interés y premios, publicaciones o exposiciones allende los mares, que dan testimonio de una dinámica efectiva. Hemos conseguido lo más difícil: el arte del cartel es en Cuba una tradición viva.

En ese empeño el Taller de Serigrafía vendría siendo algo así como nuestro hospital de maternidad. Otros espacios importantes de impresión desaparecieron o están muy menguados, tanto de offset como serigráficos. A la par surgieron algunos nuevos, sobre todo en la modalidad de emprendedores privados, los que juegan un rol muy valioso hoy en día. Pero el Portocarrero ha sido, sobre todo desde los primeros años de este siglo, el gran productor de nuestros carteles. Muchas de las obras más interesantes, varios proyectos colectivos de gran impacto y numerosas exposiciones han sido producidas o tenido lugar allá. Los artistas que trabajan imprimiendo y toda la gente noble que gestiona y piensa creativamente, vienen siendo las parteras y parteros de los carteles que hacemos. Una porción considerable de lo mejor que en este arte se produce hoy en Cuba pasa por sus manos y por su corazón, y por ello les estaremos siempre muy agradecidos.

Has trabajado en libros que son verdaderas joyas del arte cubano. ¿Qué retos enfrenta hoy el diseño y la producción de libros de arte en nuestro país?

El reto principal ya fue asumido y pasó la prueba. Hace quince años apenas había pintores vivos con libros grandes y bien hechos, y no muchos de los grandes maestros del pasado. Hoy, algunos que recién empiezan ya se (o les) financian catálogos enjundiosos y hasta libros de tapa dura.

Dos editoriales de arte locales (Artecubano y Collage), unas pocas instituciones que producen este tipo de libros eventualmente (MNBA, Casa de las Américas, Boloña, etc.) y diversos empeños sistemáticos o puntuales desde fuera de Cuba han ido llenando el enorme vacío anterior. La deuda es tan grande que tomará todavía tiempo estar al día. Pero hay conciencia de que es indispensable hacerlo. Por suerte hay también recursos porque en la plástica se aprecia una bonanza económica que otros sectores no conocen.

Fotógrafos, editores, traductores y diseñadores logran cierta especialización. Lamentablemente el eslabón final está ausente. No veo ni en un horizonte lejano el día en que puedan imprimirse en esta isla libros de alto estándar.

Se dice que el diseño es uno de los oficios en los que más actualizados hay que estar. Surgen nuevas tendencias, herramientas tecnológicas… En este sentido, ¿dónde pones la mirada hoy? ¿Qué diseñadores, proyectos, publicaciones llaman tu atención?

Cierto, todo cambia tan velozmente que cuesta caro desconectarse por largo rato. Por otra parte, rechazo la dependencia de las modas y de las tecnologías. Es una paradoja: si te apartas, pierdes, y si entras demasiado, te anulas. No tengo una fórmula, solo digo que hay riesgos en ambos extremos. En una época (que parece muy lejana pero fue apenas ayer) en que los diseñadores conversaban mucho sobre sistemas, programas, tarjetas de video y demás, yo decía que a mí me interesaba la computadora de la pantalla hacia acá. Jamás desarmé una ni me interesa cómo funciona. Prefiero hablar de cómo luce algo diseñado y no tanto acerca del modo en que se hizo.

Veo menos revistas que antes y no me he apuntado a Instagram. No sé… a veces tanta imagen me satura. Cada cual tiene sensores calibrados a su gusto y necesidad. Los míos son particularmente sensibles a lo que se hace y se hizo en mi país. Pecaré de chovinista, pero disfruto descubrir una remota revista de la UH de los años 70, tanto como ver los originales de Jaime Valls en Galería Acacia o abrir un libro actual y confirmar que su magnífica cubierta es de… y luego escribirle para darle mis felicitaciones. Me siento ciudadano del mundo, formado en una concepción universal del diseño, capaz de ejercer dondequiera, listo para hablar con el más pinto… pero me cuadra el aquí y el ahora en que vivo, y el largo ayer del que venimos.

De manera paralela trabajas en libros, carteles, revistas, proyectos de curaduría de exposiciones… ¿cómo logras llevar a cabo tantos proyectos de tanta envergadura? ¿En qué tipo de trabajos prefieres involucrarte?

Es cuestión de organizarse. Soy disciplinado. Trabajar en/alrededor/para el diseño es un placer. De paso me gano la vida, pero es sobre todo un placer.

Puesto a elegir, lo diré al revés. Acepto incorporarme a cualquier proyecto que no involucre mediocridad, guataquería, formalismo extremo ni trampa alguna. No soy tan radical pero ciertas veces tuve que darme Ctrl-X, o mandar algo a la porra.

¿Con qué sueñas? ¿Anhelas algún proyecto que no has logrado materializar?

Mi zona de deseo está cada vez más centrada en el estudio, preservación y difusión de la cartelística cubana. Me encantaría que me pagaran por trabajar con las colecciones que hay en Cuba, la mía para empezar, pero también las institucionales. Hay mucho por hacer ahí y no se cuenta con personal especializado y/o motivado para hacerlo.

Me gustaría sacar impreso nuestro segundo libro de carteles –es decir de Damián Viñuela y mío– que está listo hace un año, pero lo cogió la rueda de la COVID. Soñamos este amigo y yo con preparar otros libros; entre ambos poseemos miles de piezas, todo un tesoro por revelar. Comparto con colegas veteranos y jóvenes la añeja esperanza de que tengamos un espacio para la exhibición permanente de nuestros carteles de antier, de ayer y de hoy, un sitio de exaltación de este arte de rasgos endógenos, prolífico y aún vital que tanto prestigia a la cultura cubana. Tuve oportunidad de planteárselo serenamente a un ministro de Cultura y volveré a hacerlo cuando tenga chance. Nuestro cartel lo merece.

No se equivocaba Gisela Herrero, Jefa de la ONDi, cuando nos comentó tras la entrega de este Premio Nacional de Diseño 2021: “a Pepe Menéndez, desde ya, se le puede ver diseñar el futuro”.

[1] Herrera Ysla, N. (Enero, 2019). Pepe Menéndez: el diseño editorial en persona. Periódico Cubarte. Tomado de http://cubarte.cult.cu/periodico-cubarte/pepe-menendez-el-diseno-editorial-en-persona/

[2] Matamoros, C. Pepe Menéndez, un intelectual que diseña. Artcrónica. Tomado de https://www.artcronica.com/galeria/exposicion/pepe-menendez-un-intelectual-que-disena/

Tomado de genesisgalerias.com.

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