De la invisibilidad al protagonismo social: las luchas de los pueblos afrodescendientes en el Cono Sur

Por Zuleica Romay Guerra

Carolina Cortés Silva y Federico Pita

“Los primeros desaparecidos en Argentina fuimos nosotros”, sentenció hace algunos años la lideresa afrodescendiente María Lamadrid, al resumir, con amarga ironía, la mitología (im)popular que atribuye la “ausencia” de negros en ese país a la epidemia de fiebre amarilla acaecida en 1871 y a la llamada Guerra de la Triple Alianza, sangriento conflicto que enfrentó tropas de Brasil, Uruguay y Argentina con el ejército de Paraguay, entre 1864 y 1870.

Borrados de las estadísticas sociales y la memoria histórica, humillados como extranjeros indeseables en aduanas y aeropuertos, camufladas sus contribuciones a la cultura nacional por las narrativas del mestizaje, los movimientos sociales de los afrodescendientes argentinos han sostenido una larga e inteligente lucha, hasta lograr, el 24 de abril de 2013, su reconocimiento como comunidad nacional y la aprobación de la ley 26.852, que establece el 8 de noviembre como el “Día Nacional de los/as afroargentinos/as y de la cultura afro”. Ese día, en el ya lejano 1847, murió María Remedios del Valle, mujer afrodescendiente que alcanzó los grados de capitana en el ejército independentista de Manuel Belgrano y a quien los soldados apodaban cariñosamente “Madre de la Patria”.

Dichos logros se han consolidado con la aprobación de una Comisión para el Reconocimiento Histórico de la Comunidad Afroargentina y, más recientemente, de su Consejo Asesor Federal. Ambos órganos, integrados por personas representativas de organizaciones de la comunidad afroargentina que distinguen por su ejemplar trayectoria en la lucha por los derechos humanos y contra la discriminación, la xenofobia y el racismo, tienen la misión de ampliar y profundizar la labor del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI).

El extrañamiento, la invisibilización y la discriminación fueron también el punto de partida de los movimientos afrodescendientes en Chile, cuya victoria más importante es la promulgación, el 16 abril de 2019, de la Ley 21.151, mediante la cual se confiere estatuto de pueblo tribal a los descendientes de africanos nacidos en ese país. Tal decisión del Congreso chileno entraña el reconocimiento de “su identidad cultural, idioma, tradición histórica, cultura, instituciones y cosmovisión”, así como la defensa, en tanto patrimonio de la nación, de los saberes, conocimientos tradicionales, prácticas curativas, rituales, símbolos y vestimentas del pueblo afrodescendiente chileno.
Impedidos de obtener un escaño en la Asamblea Constituyente para participar, en nombre de los afrochilenos, en la redacción de un texto constitucional más democrático e inclusivo, los movimientos sociales pactaron su representación oficial con los dos convencionales de Arica y Parinacota, región que alberga la mayor comunidad afrodescendiente del país, mientras batallan cotidianamente por la conquista de sus derechos usurpados.

La Casa de las Américas prosigue el ciclo “Durban, 20 años después: logros y desafíos de los pueblos afrodescendientes en el mundo” con una actualización sobre el trabajo de los movimientos sociales en Argentina y Chile. En su nombre, nos hablan en esta ocasión el politólogo Federico Pita, fundador de la Diáspora Africana de la Argentina (DIAFAR), quien se desempeña como director de la Comisión para el Reconocimiento Histórico de la Comunidad Afroargentina, y Carolina Cortés Silva, profesora de Historia y Geografía en la Universidad de Tarapacá e integrante de la Colectiva de Mujeres Afrodescendientes “Luanda”.

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